Ciencias

Neil Armstrong usaba Playtex

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Una mujer retoca el nuevo traje espacial para las misiones lunares de la NASA (Dover, Delaware, 1968). Fotografía: NASA Archives / Smithsonian National Air and Space Museum.

Elegimos ir a la luna no porque sea fácil, sino porque es difícil. 12 de septiembre de 1962. (Discurso de J.F. Kennedy en la Universidad de Rice).

Cuando Armstrong y Aldrin caminaron sobre la superficie lunar el 20 de Julio de 1969, llevaban puesto el traje tecnológicamente más avanzado de la historia. El AL7 (A de Apolo, L de látex y 7 por el número de proyecto) fue confeccionado a base de veintiuna capas de tejidos superpuestos, cosidos puntada a puntada por costureras especialistas en ropa interior femenina.

En una competición contrarreloj por adjudicarse el diseño del traje espacial, la tecnología anatómica de los sujetadores y fajas de nuestras abuelas ganó a toda la industria armamentística norteamericana.

De cómo Playtex se hizo con el proyecto al estilo Mad Men

Abram Spanel, fundador de la International Latex Corporation, empezó fabricando fundas para pañales de bebé y gorros de baño de señora hechos de látex en los años 30. Durante la segunda guerra mundial, el bombardeo de Pearl Harbor y la invasión de Malasia cortaron radicalmente los suministros de látex, todo esto sumado a la bajada de demanda debido a la propia guerra, la empresa estuvo al borde de la quiebra.

Las ventas se reanudaron 1946, y con el fin de asegurarse el futuro Spanel creó una división interna de investigación para encontrar aplicaciones a sus productos que fuesen útiles al gobierno y la industria militar, ahí fue dónde nació el nuevo nombre: Playtex, la combinación del verbo play, jugar, y látex.

De esos experimentos nació la propuesta para diseñar el traje del Apolo en 1962.

En plena carrera espacial, la NASA convirtió la confección del traje de los tripulantes del Apolo en una competición principalmente dominada por los grandes contratistas de la industria armamentística. Antes de comenzar ya se daba por hecho que sería uno de ellos el ganador.

El equipo Playtex era un grupo formado por señoras costureras de Delaware e ingenieros que diseñaban fajas, todos ellos dirigidos por un señor que había sido mecánico de coches y un director de ventas que antes se dedicaba a reparar televisores. Imaginarlos compitiendo con empresas de armas que además les triplicaban el presupuesto despierta una especie de simpatía y compasión inmediata, la misma con la que miras a un perro cojo que sabes que va a perder la carrera.

Durante seis semanas trabajaron 24 horas al día en el diseño del modelo que competiría en las pruebas de resistencia que los directores del proyecto les tenían preparadas.

El prototipo, basado en su idea de anatomía, ligereza de los materiales y trabajo artesano superó tan ampliamente a sus dos competidores que la NASA no tuvo más remedio que tomarlos en serio y adjudicarles el proyecto. Aunque para dejar claro que no se fiaba del todo de ellos, los obligó a trabajar bajo la tutoría de una subcontrata aeroespacial: Hamilton Standard.

Los que en un principio tenían simplemente que supervisar la producción resultaron ser el enemigo en casa y no solo boicotearon al nuevo equipo, sino que a escondidas crearon y presentaron a la NASA su propio traje: el Tiger, que por supuesto fue un fracaso, habían intentado copiar torpemente el diseño de capas y el resultado fue un prototipo que solo servía para dejarse flotar pero no para hacer trabajo de campo. Cuando desde la dirección del proyecto Apolo se pidieron responsabilidades, Hamilton, bien entrenada en maniobras militares de distracción, se lavó las manos y culpó a los nuevos y su inexperiencia. Sin posiblidad de defenderse, Playtex fue expulsada del proyecto.

Las historias de héroes necesitan llegar siempre a ese punto en que parece que todo está perdido, el momento mágico en que ya no hay esperanza y por tanto un plan casi suicida parece lo más juicioso del mundo.

Han pasado tres años y la NASA sigue sin resolver el qué me pongo más importante del siglo XX, no les queda más remedio que invitar otra vez a presentar prototipos. Los antiguos empleados de Playtex que saben que no tienen nada que hacer si vuelven a presentarse amparados por Hamilton Standards, cogen sus proyectos, se despiden en bloque y presentan por su cuenta un prototipo nuevo. Quien ha visto la tercera temporada de Mad Men, sabe perfectamente de lo que hablamos.

Solo hay una cosa mejor que vencer a todos tus enemigos una vez, vencerlos dos veces y dejar claro que la primera victoria no fue un golpe de suerte. El traje cosido por señoras del pueblo de Frederica, en Delaware, superó doce de las veintidós pruebas a las que fue sometido y permitía la libertad de movimientos que era fundamental para que los astronautas pudiesen, una vez en la luna, recoger muestras y realizar su trabajo con la mayor comodidad posible.

En cuanto al resto de los competidores, uno de los trajes explotó y el otro tenía los hombros tan anchos que no dejaba a los astronautas salir por la escotilla; la imagen mental está al nivel de un episodio de el coyote persiguiendo al correcaminos.

Las empresas de armas seguían poniendo en primer lugar la seguridad por eso sus trajes eran pesados y poco prácticos, puras armaduras, mientras que nuestros amigos tenían como lema la ligereza, la comodidad y libertad de movimientos.

Playtex volvió a ganar por K.O. y esta vez llevarían el proyecto solos. Sin embargo la NASA puso como única condición que la división dedicada al traje de los astronautas tenía que cambiar de nombre, no querían una marca de corsetería femenina asociada a la carrera espacial.

Así nació ILC Industries, que más tarde cambiaría nuevamente de nombre y sería ILC Dover, pero que siempre estuvo formada por personal de Playtex, trabajando en las instalaciones de Playtex y utilizando exactamente el mismo material que utilizaba Playtex para confeccionar los sujetadores y las fajas.

El traje que era una nave espacial

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Buzz Aldrin, 1969. Neil Armstrong, que toma la foto, y Eagle se reflejan en el visor. Foto Cordon.

Veintiuna capas de tejidos con funciones interrelacionadas entre sí, formando una especie de muñeca rusa de tamaño humano, una superpiel inmune al vacío lunar cuyas secciones iban unidas por piezas tubulares de neopreno reforzado con naylon para permitir el movimiento de las articulaciones y que se ajustaban con tiras de látex a la talla exacta del tripulante: las convolutes. Como era necesario que además de flexibilidad se pudiese aguantar la presión necesaria para preservar la vida, se insertaron cables de acero para absorber las fuerzas de tensión. Todos los trajes fueron unidos pieza a pieza por costureras de la línea de montaje de Playtex y hechos a la medida de cada uno de los tripulantes del Apolo 11.

Tuvieron que ser cosidos sin utilizar alfileres para no correr el riesgo de agujerear el látex, y el margen permitido para salirse de las costuras marcadas era 1/64 pulgadas, 0.39 milímetros; literalmente, la punta de una aguja. Para ello modificaron las máquinas de coser de modo que cada vez que bajaban el pedal daban una sola puntada.  

Una vez terminada cada pieza se pasaba por una máquina de rayos X para asegurarse de que no había quedado ninguna aguja perdida entre las capas, porque en caso de ser  así, había que volver a empezar desde el principio.

Alta costura llevada a la máxima expresión tecnológica y a una cuestión de vida o muerte, Armstrong y Aldrin debían estar preparados no solo para sobrevivir en la luna, un lugar sin atmósfera, sino para soportar temperaturas extremas, radiación ultravioleta o incluso el impacto de micrometeoritos.

Una vez colocados los guantes y la escafandra, el traje de veintiuna capas era una nave espacial para una sola persona.

Un pequeño paso para el hombre

El 20 de julio de 1969 un grupo de señoras de Delaware veían en directo por la televisión los trajes que habían cosido puntada a puntada llegar a la Luna, los mismos trajes que hoy reposan en el museo Smithsonian de Washington y que fueron elegidos entre los 101 objects that made America, junto al sombrero de copa de Abraham Lincoln o el primer teléfono de Graham Bell.

La victoria de estas señoras sin nombre y sus vidas grises en un lugar perdido de los Estados Unidos es el triunfo del perro cojo. La confirmación de que algunas veces ganar no es fácil pero sí muy sencillo: tu trabajo debe ser tan bueno que no pueda ser ignorado, y hay insistir todas las veces que sean necesarias.

La única razón por la que una empresa de ropa interior femenina confeccionó los trajes que pisaron la luna es porque nadie consiguió impedírselo. Dio igual que resultase humillante para el orgullo masculino que los superhéroes fuesen vestidos con el mismo tejido que la faja de su mujer, a los ingenieros de la NASA y a los de la industria armamentística norteamericana no les quedó más remedio que admitir que este equipo tan poco ortodoxo había diseñado la solución más optimizada.

Solo les faltó comprender que por cambiarles el nombre no se muda la naturaleza de las cosas y que por mucho que insistiesen en ILC Industries era cuestión de tiempo que se supiese la verdad. Por eso la próxima vez que os hablen de la llegada el hombre a la luna e inmediatamente os vengan a la cabeza J.F. Kennedy, la Guerra Fría, un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para la humanidad, Kubrick, la conspiroparanoia y el desierto de Nevada o el heroísmo de una labor de ingeniería sin precedentes, no olvidéis que nada de todo esto hubiese sido posible sin la tecnología de los sujetadores de nuestras abuelas, y que en los escaparates de las mercerías viejas está el material del que se forjan los superhéroes de verdad.

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Bibliografía:

De Monchaux, N, (2011) Spacesuit: Fashioning Apollo. EEUU. The MIT press.

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7 Comentarios

  1. Qué maravilloso artículo, señora! Con las imágenes que evoca, donde hay malos que pierden y buenos que ganan, ha puesto en marcha mi fantasía y las consecuencias son infinitas, y por eso se lo agradezcol. Sobre esta sociedad, la occidental, que ha generado horrores y maravillas, entre las cuales sobresale la llegada a la Luna, me he preguntado cuáles han sido los factores que la han llevado a estar donde está, y por qué ella, y no otra, como la oriental, la azteca que son ramas del mismo tronco. Tal vez el grande Montanelli con pocas palabras se acercó a la respuesta: La inquietud existencial que lo llevaba a definir cualquier exponente político, cientifíco o cultural como «degno figlio dell’occidente». La misma y angustiosa inquietud existencial que desemboca en la competencia a cara e’perro, en cualquier campo, y la imagen de esas ignotas mujeres cosiendo y proclives a la joroba laboral, o el can cojo son fantásticas. Perdone que me explaye, pero no puedo no recordar la acusación que los espartanos, cerrados y de pocas palabras, hacian a los atenienses, abiertos, despreocupados y con pocos escrúpulos: Si esos señores (los atenienses) se tuvieran para si la inquietud nadie se maravillaría y viviríamos en paz, pero como no pueden estar tranquilos ni con ellos mismos, no tienen mejor idea que inquietar a los que están detrás de sus murallas. Muchas gracias por la lectura.

  2. pablo handler

    También habría que mencionar VELCRO, invento francés.

    • GONZALO MENDEZ OLIVERA

      El VELCRO no es de los materiales mejor vistos en la NASA, a causa de lo combustible del VELCRO se perdió a la tripulación del Apolo I en una prueba en tierra.

      • si me permite, el VELCRO fue solo uno de las causas. El inicio fue la presurización con altísima concentración de Oxígeno y el desencadenante fue una chispa de un cable mal aislado, o mas bien, que había perdido su material aislante por rozamiento. A esto hay que sumarle que no había un sistema de extracción de urgencia de los Astronautas ya que se abría desde fuera para evitar accidentes y no se llegó a tiempo. Fueron los únicos que murieron de todo el proyecto Apolo. Y el articulo es hermoso. Recuerda la película reciente sobre el equipo de matemáticas que hacían los cálculos para la NASA cuando los ordenadores estaban en pañales.

  3. ¡Excelente! Desconocía la historia de los trajes. Mis felicitaciones a la autora.

  4. Todo ilustrado aquí https://youtu.be/fJbztthNrVQ

  5. Pingback: Cómo incrementar propuesta de valor ¡Caso éxito!

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