Sociedad

Un nido de perversiones

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Volver (2006). Imagen: El Deseo.

Cuando cuento que mi abuelo mató a su cuñado, que mi bisabuela no supo nunca que yo tenía hermanos o que hasta que no tuve unos nueve o diez años no comprendí bien que mis hermanos tenían otro padre, la gente empieza a entender que la familia sea un tema recurrente en mi obra literaria. Por si fuera poco, mis padres se llevan diez años, lo que provocó que mi abuela hiperventilara cuando le contaron que mi madre se había quedado embarazada y que tenía, además, dos hijos de un matrimonio anterior, pero ni trabajo, ni casa. Ahora que tengo veintinueve años y he construido mi propia familia, lo he hecho casándome con un hombre que tiene catorce años más que yo, una hipoteca y una hija de nueve años. Me he convertido en madrastra, y mi padre es el padrastro de mis hermanos, que son solo hermanos por parte de madre. La mayoría de la gente dice que mi hermana y yo nos parecemos, aunque cada una se parece a su propio padre. Cómo no voy a hablar de la familia.

La familia, durante siglos, ha sido una entidad sagrada en la sociedad. Hoy en día quizá sigue sobrevalorada, pero no tenemos tanto miedo a romperla y volver a construir una hecha de retazos. Antes, en cambio, la familia estaba por encima de todo salvo de los intereses. Cuántos hombres y mujeres se habrían divorciado hace cincuenta o cien años, nunca lo sabremos. Hace treinta, todavía era un problema en la comunidad precisamente porque la familia, dentro de la organización de la sociedad, es una institución más. Estamos agrupados, tenemos nuestras obligaciones y deberes, obedecemos a ciertos roles que, aunque poco a poco van evolucionando, todavía responden a modelos antiguos y ya desfasados. Simone de Beauvoir decía que la familia es un nido de perversiones, y eso que Simone de Beauvoir no tuvo lo que podríamos decir una situación familiar habitual. Su matrimonio con Sartre no respondía a los cánones de la época y su actividad intelectual la situaba fuera de la vida más tradicional.

Cuando imaginamos una familia, según dónde hayamos nacido, nuestro ideario responderá a una serie de tópicos, de lugares comunes, de situaciones habituales dentro del día a día. Eso significa que, dentro de la sociedad, organizada en distintas familias y lazos de diversos tipos —amistad, compañerismo, camaradería, amor, genética—, las familias quedarán definidas por el tipo de pueblo al que pertenecen. La guerra que habita dentro de las casas españolas, o latinas, o mediterráneas, no sabría cómo acotarlo, es una guerra sorda, instalada y aceptada. Ciertamente, la idea de familia española —por cercar la búsqueda— es estrafalaria, almodovariana, escandalosa y bizarra. La ficción siempre se ha encargado de mofarse de las particularidades de la familia española y la ha caricaturizado, pero, desde luego, las caricaturas lo único que hacen es ampliar una realidad que ya existe. De modo que sí, la familia española es esperpéntica, cinematográfica, literaria. El conflicto, aunque pueda convertirse en tabú durante décadas, siempre acabará por surgir. Lo llevamos en el carácter. Nada de familias civilizadas y tranquilas, nórdicas, sofisticadas. El conflicto familiar español es ligero, precisamente porque se trata de una cuestión de carácter. Un melodrama cotidiano. Pero eso no es lo único que nos define: la tragicomedia, la representación final, siempre se da alrededor de una mesa con comida. Aunque antes ha habido una cocción lenta.

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3 comentarios

  1. Este excelente escrito me ha causado un respingo al inicio de cada parágrafo, porque a cada voz de desaprobación (perversa, esperpento, soez, grotesca, etc.etc) se me presentaba un componente de la mía, creo que más alargada que la suya, con sus usos, costumbres, sonrisas o no, y, sobretodo, verbo. Usted ha mencionado la tensión madre-hija, yo agrego la de padre-hijo, más o menos la misma de Homer y Barth. Con respecto a las familias nórdicas, especialmente la americana, creo que “perversas” es una categoría adecuada, porque jamás entendí cómo pueden obligar a sus hijos a marcharse siendo adolescentes. ¡Pobres niños! Muchas gracias por la lectura.

  2. Pingback: Simone, Françoise… El doble fracaso de las Beauvoir - Jot Down Cultural Magazine

  3. Pingback: Simone, Françoise… El doble fracaso de las Beauvoir – Colectivo Perrotrespatas

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