
Carta de D. Cristóbal Colón acerca de la población y negociación de La Española y de otras islas descubiertas y por descubrir.
Sin fecha
Muy altos y muy poderosos Señores:
Obedeciendo lo que Vuestras Altezas me mandaron, diré cuanto sé sobre la población y administración tanto de la isla Española como de las otras, las halladas y por hallar, según mi parecer.
En primer lugar, que a la isla Española vayan hasta un número de dos mil vecinos, los que quieran ir, para que la tierra esté más segura y se pueda granjear y tratar mejor, y para que desde allí se puedan mover hacia las islas cercanas.
Que en dicha isla se levanten tres o cuatro pueblos repartidos en los lugares más convenientes, y que los vecinos que allá vayan sean repartidos por dichos lugares y pueblos.
Que por más y más rápido que se pueble dicha isla, que nadie tenga licencia para coger oro en ella, salvo en la población de la que sean vecinos y en la que hagan casas para su morada, para que así vivan juntos y más seguros.
Que en cada lugar y población haya un alcalde o alcaldes con su escribano del pueblo, según uso y costumbre de Castilla.
Que haya iglesia y abades o frailes para la administración de los sacramentos y cultos pinos, y para la conversión de los indios.
Que ninguno de los vecinos pueda ir a coger oro, salvo con licencia del gobernador o alcalde del lugar donde viva, y que primero haga juramento de volver al mismo lugar de donde vaya a salir y de registrar fielmente todo el oro recogido. Deberá volver una vez al mes o a la semana, según el tiempo que le sea asignado, a dar cuenta y manifestar la cantidad de dicho oro, la cual deberá ser anotada por el escribano del pueblo y ante el alcalde, y si se considerase necesario, que esté presente así mismo un fraile o abad destinado para ello.
Que todo el oro que así se consiga se tenga luego que fundir y señalar con alguna marca que cada pueblo convenga, y que se pese y se entregue a cada alcalde en su lugar la parte que pertenezca a Vuestras Altezas. Y que de todo ello escriba un abad o fraile, de manera que no pase por una sola mano, y así no se pueda faltar a la verdad.
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