
Lo que enseñan en las escuelas de actuación es una mierda espeluznante e increíble. Y el Actor’s Studio americano es el peor lugar de todos. Allí los estudiantes aprenden a ser naturales, a dejarse caer, a hurgarse las narices y rascarse las pelotas. A esa mierda la llaman el Método. ¿Cómo se puede enseñar a alguien a ser actor? ¿Cómo puedes enseñarle qué sentir y cómo expresarlo? ¿Cómo puede alguien enseñarme a reír o llorar? ¿Cómo explican el dolor, la desesperación o la felicidad? ¿O la pobreza, el hambre, el odio y el amor? No, no quiero perder el tiempo con estos imbéciles arrogantes.
Yo necesito amor, 1988. Autobiografía de Klaus Kinski.
En la obra teatral Electra de Sófocles, una encabronada Clitemnestra se llevaba por delante a Agamenón como venganza por haber sacrificado a una de sus hijas en un peaje de camino a Troya. Aquel asesinato no le sentaba nada bien a una Electra, descendiente de ambos, que comenzaba a maquinar junto a sus otros hermanos (Orestes y Crisótemis) cómo cargarse a Clitemnestra a modo de revancha. En cierto momento de la obra, a Electra le hacían creer que su hermano Orestes la había palmado, un engaño (perpetrado por el propio Orestes porque los griegos son muy de ser retorcidos y entrar por la puerta de atrás) durante el cual la sufrida zagala recibía la urna que contenía las supuestas cenizas del finado. Entre lágrimas, y aferrando aquel recipiente contra su pecho, la mujer ofrecía un emocionado soliloquio sobre la amargura de tener un cenicero en lugar de un hermano.
En el mundo de las artes de la antigua Grecia existía un pequeño star system, un ecosistema de actores tan notables como para ser agasajados por las gentes y amasar montañitas de dinero. Nombres como Aristodemo, Satyro, Teodoro o Neoptolemo, entre los que se encontraba un actor especialmente reverenciado llamado Polo. En cierta ocasión, dicho artista se encargó de interpretar el papel de Electra en la obra de Sófocles (en aquella época los hombres se hacían cargo de los papeles femeninos) y lo conmovedor y realista de su actuación, sobre todo durante el discurso sobre el familiar perdido, le reportó numerosos aplausos y alabanzas de todo tipo. El truco de Polo para resultar convincente se había basado en no limitarse a actuar y tirar de sus propios sentimientos: aquella urna sobre la que lloraba el artista no formaba parte del atrezo, sino que se trataba del recipiente en el que Polo conservaba las cenizas de su hijo fallecido. Se la había llevado al trabajo para hacer más real el sentimiento de dolor ante el recuerdo del ser querido.
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No se puede mezclar la enseñanza, con la decision personal de un actor. Las buenas escuelas,no te dan drogas, ni te meten en un congelador, ni te dicen que mates gente para interpretar a un asesino.
Gracias
En Corazza una joven amiga, guapa, simpática, muy buena actriz, llegó al desquicie mental y a la anorexia para nada. Además, pagando una pasta.
Muy sensatos los consejos de Lawrence Olivier, y para método el de Walter Brennan, que le preguntaba a Howard Hawks como prefería que actuara «¿Con dientes o sin dientes? (El genial actor usaba dentadura postiza, y jugaba con ello en sus interpretaciones).
Es increíble la cantidad de recursos de los que pueden tirar en el mundo de la actuación para dotar de un mayor realismo a la interpretación. Gary Oldman explicó que, antes de la escena inicial de «Drácula, de Bram Stoker», miraba fotos de su primer hijo, aún pequeño, al que apenas veía. Debió serle útil la «automotivación», porque su mirada poseída encajaba con aquel «Así me paga Dios el haber defendido su Iglesia».
Durante «Gangs of New York», Liam Neeson explicaba que Daniel Day Lewis siempre se dirigía a él como «Predicador».
Creo que como actor (pero, principalmente como persona) se deben tener muy claros los objetivos, las capacidades y las limitaciones y de eso se encarga cada quien; si tus criticas, que más que eso, parece que desacreditas la pedagogía del Método Stanislavski, van encaminadas en el sentido de que alguien se puede provocar la muerte bajando drásticamente de peso en el intento por pasar a la Historia con una actuación magistral, pues te recuerdo una frase que tiene mucho sentido «No es trágico morir haciendo lo que amas», a ver si ubicas en qué película lo mencionan sin googlearla. Por otra parte, estoy de acuerdo que no deben ser terceros los que intervengan forzando situaciones para conseguir «actuaciones» hiper-realistas, la cosa no tiene qué ver con eso, es el propio actor quien debe dar la sorpresa y alcanzar ese grado de concentración. Pero la principal clave de todo es comprender que no todos los personajes son aptos para ser trabajados con base en esta sistemática y he ahí la diferencia entre desestimar y comprender la aplicación del Método.
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