El tigre de Tarzán (III): La capa de Superman

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T + P = S

(Viene de la segunda parte)

Ética, estética y semiótica del superhéroe

Lo más increíble de Superman no es que pueda volar o fundir metales con la mirada. Sus manifestaciones más inverosímiles son de tipo ético y estético. Y semiótico, como la proeza de conseguir que nadie lo reconozca sin más que ponerse unas gafas, que ni siquiera están graduadas.

Con sus superpoderes cuasidivinos, Superman podría acabar con el hambre en el mundo, y sin embargo suele dedicarse a perseguir delincuentes a escala local. La engañosa «pretensión de verdad» de las historias del superhéroe no consiste en intentar convencernos que un hombre puede volar, sino de que el orden establecido merece ser defendido con la fuerza, e incluso con la superfuerza. Y aunque Superman podría contratar a los mejores estilistas, su atuendo —que parece diseñado por Ágata Ruiz de la Prada— es tan ridículo y absurdo que solo un superpoder de sugestión comparable al que impide que lo reconozcan puede evitar que la gente se desternille de risa a su paso.

Al igual que Tarzán, Superman es a la vez un fetiche, un pastiche y un hiperrelato multimediático interminable. Un fetiche paradójico, pues el fetichismo consiste en atribuir a algo o a alguien poderes que no posee, y Superman los posee casi todos. Pero para eso está Clark Kent, el «hombre cualquiera» por excelencia, tímido y gris, pero íntimamente colorido y superpoderoso: él es el fetiche que nos reconforta y nos permite, por identificación, aspirar a contagiarnos de su oculto poder.

Como pastiche, Superman es básicamente un híbrido de Tarzán y el príncipe azul de los cuentos de hadas. En la pionera versión en cómic de Harold Foster algunas imágenes de Tarzán saltando de liana en liana anticipan el vuelo de Superman, cuyos creadores se inspiraron claramente en el hombre mono, tanto a nivel conceptual como icónico. Y sin salir del universo Foster encontramos en su Príncipe Valiente, versión artúrica del príncipe azul, los elementos icónicos a añadir al musculoso héroe: la capa roja y la túnica azul, con el blasón también rojo en el centro del pecho.

Al igual que Hércules —el ancestro de los héroes superforzudos— y su tataranieto Tarzán, el hombre de acero tiene que estar semidesnudo para lucir sus poderosos músculos en todo su esplendor; pero a la vez debe ir decentemente vestido para integrarse en el mundo moderno y civilizado. Y esta «fusión de contrarios» se consigue enfundando al superhéroe en unas ceñidas mallas (principescamente azules, naturalmente), tan ceñidas que obligan a complementarlas con un slip rojo a juego con la capa y las botas-calcetines.

La indumentaria ceñida se explica por sí sola, en este como en tantos otros casos, y también el chillón slip rojo que oculta y señala a la vez; pero ¿por qué la anacrónica y afuncional capa? Para contestar esta pregunta tal vez convenga empezar haciendo un poco de historia.

La capa tiene uno de sus antecedentes más claros en la lacerna de los romanos, que los nobles teñían de púrpura para distinguirse de los plebeyos, y que con el tiempo se convertiría en el manto real. Así que, por una parte, la capa, sobre todo si es roja, es un símbolo de poder y majestad.

Por otra parte, la capa es el complemento indispensable de la espada en todo un subgénero de novelas y películas de aventuras que no en vano se denominan precisamente «de capa y espada». La simbología de la espada no requiere muchas explicaciones: es el arma por antonomasia, instrumento primordial y emblema del guerrero; y la de la de la capa no es menos obvia: envuelve y oculta, a la vez que protege (a menudo, en cuentos y leyendas, otorga la invisibilidad). La espada es acción y la capa misterio, los dos ingredientes básicos de toda aventura. Un freudiano diría que la espada representa el falo agresivo y la capa el claustro protector. Y un lacaniano añadiría que la capa «cubre las espaldas» en sentido literal, y por tanto incorpora también, en el plano simbólico, el sentido figurado de la expresión.

Por último, pero no menos importante, no hay que olvidar la función ornamental de la capa y su elocuencia cinética: puede desplegarse como la cola del pavo real y ondear al viento como una bandera, magnificando y embelleciendo la figura de su portador. Y en el caso de Superman a menudo cumple también una función vectorial: si en una viñeta lo vemos flotando cerca del suelo con la capa por encima de la cabeza, sabemos que está aterrizando.

Y, como no podía ser de otra manera, el anacronismo estético/indumentario de Superman se corresponde con su anacronismo ético. El hombre de acero es la caricatura del príncipe azul, que a su vez es la banalización del caballero andante, y se comporta como tal, rescatando a damiselas en apuros y desfaciendo todo tipo de entuertos (menos los más importantes). Nulla aesthetica sine ethica.

Como le advierte a Spider-Man su tío, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Ergo los superpoderes conllevan responsabilidades superlativas y, por lo tanto, Superman tiene la responsabilidad moral de acabar con el cambio climático, las guerras, la pobreza… ¿Por qué no lo hace?

(Continua aquí)

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18 comentarios

  1. Creo que no lo hace porque cuando apareció, allá por los cuarenta, el problema del cambio climatico era inexistente. Por las guerras y la pobreza era imposible, ya que tendría que haber destruido todos los arsenales y vaciado los bancos, empezando por los existentes en el país que lo acogió, y esto lo hubiera llevado a ser el primero en la lista de Mc Carthy. Para colmo con una capa roja.

  2. Maestro Ciruela

    A Superman en su faceta de Clark Kent, le pasaba lo mismo que a Marilyn Monroe en «Cómo casarse con un millonario», o sea que se ponían ambos unas gafas y ya solo con eso, pasaban de ser unos representantes máximos Alfa de su sexo, a poco menos que unos parias en los que no reparaba nadie a no ser que se tropezaran con ellos. Recuerdo de pequeño en el cine, alucinar viendo el film de Hawks, pensando si todo el mundo en la peli estaba ciego al no ver las curvas y el rostro de Monroe con gafas o sin ellas. Por eso lo de Clark Kent ya no me tomó por sorpresa. En fin…

    • Has planteado una cuestión de gran interés y sutileza: cómo el marco y el tono del relato modifican la «suspensión de la incredulidad». Ante una comedia como la que citas, estamos dispuestos a «creernos» cosas que en un drama no aceptaríamos. Por eso alucinaste de niño, porque aún no habías asimilado plenamente las convenciones al uso. En estas mismas páginas dedico una reflexión parecida al musical.

    • Maestro Ciruela

      ¡Atiza, siempre me hago un lío con «Cómo casarse con un millonario» y «Los caballeros las prefieren rubias» que esta sí que es de Hawks! Esta madrugada me he despertado con un sudor frío al recordar sobresaltado que la primera es de Jean Negulesco. ¡Qué descanso, ya me puedo volver a la piltra!

      • Si te sirve de consuelo, no me había dado cuenta del lapsus. Son comedias ética y estéticamente equivalentes, y es fácil confundirlas. Además, esta serie va de fetiches e hiperrelatos, y MM era -es- un fetiche en sí misma, y se podría decir que todas sus comedias se integran en un gran relato global, como si de las peripecias de una moderna Moll Flanders se tratara. O Alicia en el País de las Machadillas.

  3. Augusto

    Hay algo aún más increíble que lo de las gafas. ¿Cómo logra Clark Kent que no se note que debajo de la ropa lleva una capa enrollada que abulta como una mochila?

  4. Georgia Dvorak

    Como orgullosas cegata que soy quiero recordar que las gafas son una de las representaciones metafóricas de la fealdad, sea esta física o mental. Esta fealdad puede darse, por tanto, en dos sentidos. La fealdad física, es decir, alguien con gafas de culo de vaso nunca será atractiva en nuestro imaginario. La gafas por otro lado, son la metáfora de la inteligencia. Alguien que pasa muchas horas leyendo o en la biblioteca acaba necesitando gafas. Y como todo el mundo sabe alguien así debe ser por antonomasia una persona pesada y aburrida que en ningún caso puede resultar atractiva ni deseable. Mucho menos como ha señalado Frabetti en sus anteriores artículos, para el sistema capitalista que alimenta este tipo de imaginarios.
    En el caso de Monroe además es la metáfora de la ceguera misma y como bien apunta el Maestro Ciruela su capa de invisibilidad. Ella busca ciegamente el dinero sin ser capaz de ver que lo único importante es el amor. Las gafas representan el conflicto mismo de Monroe y por extensión su personalidad. Al igual que Lawrence de Arabia tendrá que ir despojarse de su atuendo a medida que su conflicto e identidad avanzan a nuevos lugares.
    Como decía antes cualquiera que lleve gafas (al menos antes de que el capitalismo lograra reinventar su significado con anuncios de señores maduros e interesantes suficientemente guapos y leídos como para que cualquiera desee que le den un par de lecciones) se vuelve invisible ante el resto. Pasa a ser como se ha dicho antes, un paria, un cualquiera, la persona más común del mundo. Si no quieres que te pase esto siempre te quedan las lentillas pero a menudo una capa de invisibilidad es mucho más interesante y divertido. A veces, solo a veces, encuentras en las calles superhéroes que son capaces de verte aun siendo invisible. Eso si que te hace volar y no una tela roja.

    • Gracias, Georgia, por tu jugoso comentario con rango de artículo. Sin dejar de ser cierto lo que dices, creo que dramatizas un poco; salvo las gafas de culo de botella, que minimizan los ojos y distorsionan el rostro, ya no son tan impopulares ni invisibilizadoras como antes, e incluso ocupan un lugar destacado entre los fetiches.

    • Augusto

      Marilyn era miope, y dicen que su mirada resultaba muy seductora porque, al ver mal, miraba con insistencia. Los caminos de la seducción son infinitos.

  5. Georgia Dvorak

    Puede que tengas razón y que haya exagerado un poco. Perdón por mis excesos pero tratándose de superhéroes creía que consistía precisamente en eso. En cualquier caso, lo único que quería decir es que tanto Clark Kent como Monroe son dos arquetipos construidos a través del uso de las gafas. El primero es el intelectual, un periodista apocado y vergonzoso secretamente enamorado de su compañera a la que nunca le dirá nada porque es un tipo que no tiene ninguna seguridad en si mismo y que ni se le ocurre pensar que pueda interesarle a nadie. Por otro lado, Monroe es una chica fea a la que como bien nos cuentan en todo lo que se ha escrito desde Cenicienta, solo hay que adornarla un poco para que se convierta en una princesa. ¿A quien le importa si tiene buena conversación?

    • Totalmente de acuerdo. Se ha dicho que a MM la mató la CIA. Sin excluir esa posibilidad, yo creo que la mató el estereotipo en que la encasilló una cultura de masas tan burda como machista.

  6. Dalila

    Por incordiar un poco: Superman es anterior al Príncipe Valiente, no pudo inspirarse en él, aunque sí en el Tarzán de Foster volando de liana en liana y luciendo musculatura.

    • Las únicas fechas incuestionables son las de publicación, y el Príncipe Valiente empezó a publicarse en 1937, un año antes que Superman. Cierto es que Superman se creó unos años antes de su publicación, pero PV también. En cualquier caso, no creo que Siegel y Shuster «copiaran» a Foster: es más razonable pensar que estaban influidos por el gran maestro del cómic, como tantos artistas de la época y posteriores. Por otra parte, el héroe forzudo y el príncipe azul son dos de los principales estereotipos masculinos de la cultura de masas, y era inevitable que confluyeran en algún tipo de híbrido.

      • Dalila

        Foster era bueno, pero los había mejores. Ni siquiera hizo el mejor Tarzán, que es el de Hogarth.

        • Hogarth era un gran ilustrador (fue profesor de dibujo e ilustró libros de anatomía), pero como historietista no es comparable a Foster. Un cómic no es solo, ni principalmente, una sucesión de bonitos dibujos, sino una narración con su lenguaje específico, y en ese sentido tanto el Tarzán de Foster como su Príncipe Valiente son obras maestras (en el más literal sentido del término, puesto que crearon escuela).

  7. Alan Luthor Moore

    Magnífico artículo, Añado algunos apuntes. Creo que es importante recordar que Superman, a diferencia de otros héroes, es extraterrestre. Esto sin duda ayuda a creernos sus hazañas y sobre todo a que queramos ser como él pero sabiendo que nunca llegaremos a serlo. Volviendo a Freud y a Lacan, recordemos que la difunta madre de Kal-El (verdadero nombre de Clark Kent) es Lara Lor-van y que su pareja se llama Louis Lane. No son nombres parónimos como kal-El y Clark Kent pero esas dos eles de inicio se acercan lo suficiente para generar una conexión entre ese amor puro materno y el amor ‘no consumado’ con su eterna novia. También explicaría que un héroe tan popular no tuviera ojos paran ninguna otra mujer. Por supuesto, subyace un rollo muy turbio e incestuoso que por otra parte generaría un puente con los héroes mitológicos primigenios de la salsona Grecia. Más apuntes, existe una famosa historia de Superman llamada ‘Hijo rojo’ donde la nave de Kripton se estrella en la antigua Unión Soviética y no en Smallville. Nuestro héroe, pareciendo que le han lavado el cerebro desde chiquito, defenderá al gobierno de la URRS y todo lo que significa. Como vemos, no difiere mucho de cómo le utilizan los poderes yanquis, pero allí en occidente parecía decisión propia… Será que los publicistas del capitalismo son mas sutiles. En esa historia, por cierto, Batman es un ”terrorista” anarquista digno hijo de Kropotkin.
    Y por último, en estos extraños tiempos que vivimos de vallas y muros, no olvidar que Siegel y Shuster eran judíos y por eso hicieron de Superman un refugiado que podía llegar a vivir “el sueño americano”. Eso es, Superman es un inmigrante ilegal (en inglés queda más gracioso por su doble sentido; ilegal alien)

    • Gracias, joven Moore : le has añadido al artículo un plus -un More, siguiendo con Lacan- muy interesante, y me has dado una pista incestuosa que voy a seguir. La relación de algunos superhéroes con sus padres no tiene desperdicio, pero no hay que olvidar a las madres. Y puesto que al parecer eres un experto, un par de preguntas: 1 ¿Se explica en algún momento por qué el culot de Wonder Woman parece hecho con un retal de la bandera estadounidense? 2 Además de Batman y Flecha Verde, ¿hay otros superhéroes con pupilo adolescente? Sin contar a Roberto Alcázar, claro. Gracias de nuevo, este tipo de comentarios que prolongan y enriquecen el discurso, frecuentes en los foros científicos, no lo son en los «culturales». Y es una lástima.

  8. Alan Luthor Moore

    URSS*

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