
(Viene de la tercera parte)
Superhéroes, semidioses y clones triunfales
Nadie le negaría a Batman el estatuto de superhéroe, y sin embargo no tiene superpoderes propiamente dichos. Es muy fuerte, muy ágil, muy diestro en el manejo de todo tipo de batinstrumentos, pero no posee ninguna facultad sobrehumana. Y lo mismo se puede decir de Flecha Verde, Doc Savage y otros superhéroes que, si lo son, es debido a la consabida conversión de la cantidad en calidad: poseen tantas y tan grandes habilidades —como la increíble pericia de Flecha Verde con el arco— que están a otro nivel, se convierten en algo cualitativamente distinto de los héroes normales (si es que cabe hablar de normalidad al referirse a un héroe).
En su acepción primigenia, el término «héroe» es sinónimo de semidiós y, por tanto, intrínsecamente superlativo, por lo que «superhéroe» sería un pleonasmo de no ser por la trivialización del concepto a nivel coloquial, que da lugar a expresiones tan impropias como «héroes del deporte». Los semidioses clásicos, como Hércules o Aquiles, tenía poderes sobrehumanos de origen divino, como la descomunal fuerza del primero o la invulnerabilidad del segundo, por lo que, en este sentido, los superhéroes del cómic y el cine representan un retorno a los orígenes. Pues a pesar de los burdos intentos de racionalización (como la picadura de una araña radiactiva en el caso de Spider-Man), los superpoderes de los superhéroes no solo son sobrehumanos, sino literalmente sobrenaturales, en la medida en que violan las leyes de la naturaleza.
En principio, los superhéroes cuantitativos no parecen traspasar los límites de lo posible; pero un somero análisis de las aventuras de, por ejemplo, Flecha Verde, muestra que muchas de las proezas que lleva a cabo con el arco no son compatibles, no ya con las limitaciones humanas, sino ni siquiera con las leyes de la física. En general, e independientemente de su origen y supuesta explicación, los superhéroes son tan divinos —o semidivinos— como los de la antigua Grecia: se cierra así el círculo milenario del discurso mítico-heroico, y no es sorprendente que los viejos dioses, como Thor, vengan en ayuda de los nuevos héroes.
El divino Holmes
Nadie le negaría a Batman el estatuto de superhéroe, pero pocos se lo concederían a Sherlock Holmes. Y, sin embargo, el atrabiliario detective victoriano es tan divino —o semidivino— como cualquier miembro de la Liga de la Justicia.
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Que al Hombre de Acero le bastase ponerse unas gafas para no ser reconocido cuando era Clark Kent fue algo que nunca entendí. Pero no me importaba. Creía que era otro de sus superpoderes. Entretenida lectura. Muchas gracias.
Gracias a ti por tus asiduos comentarios. Yo también llegué a la conclusión de que era un superpoder, pero tardé mucho.
Quiero la continuación!!!!
Me encantó…
Pues nada, me pongo a ello.
¿Y por qué las copias mediocres tienen más éxito que los excelentes modelos?
No siempre es así, y no siempre por la misma razón. Creo que en muchos casos se debe a que la «copia triunfal» es más accesible y/o más aceptable que el modelo; un ejemplo claro son las versiones Disney de cuentos tradicionales como Blancanieves o clásicos de la literatura infantil como Pinocho. El caso de Sherlock Holmes creo que es más complejo; pero una de las razones es que leer a Conan Doyle exige un esfuerzo mental menor que leer a Poe (aunque la recompensa también es menor).