Arquitectura Arte y Letras

La catedral de Justo

La catedral de Justo en Mejorada del Campo, 2003. Fotografía: Susana Vera / Cordon Press.

«El ser humano es impredecible», decía el anuncio publicitario que lo dio a conocer al mundo. En realidad, él no buscaba reconocimiento, sino algo más prosaico: pasta gansa, vil metal, dinero, en definitiva. Aunque no le pareció suficiente. «Seis millones (de pesetas) para tres días que han estado molestando, una empresa que tiene dinero… pues no, no me dieron tanto». Total, que, como todos sospechábamos, el ser humano es bastante predecible, incluso alguien como Justo Gallego Martínez, el constructor solitario y autodidacta del oficialmente denominado «Templo Consagrado a la Madre de Dios, Nuestra Señora del Pilar», más conocido como La catedral de Justo. Predecible sí, pero también genial, porque Gallego es el más grande artista marginal de nuestro tiempo.

Cualquier persona mínimamente famosa que intenta destacar calma su ego editando con seudónimo su perfil en Wikipedia. Un buen indicador de esta práctica es que cuantos más tintes hagiográficos tenga su página, más ha enredado en persona el sujeto. Pues Justo Gallego ha debido pensar que eso es demasiado moderno y convencional y ha ido más allá: ha escrito su historia en un papel y lo ha pegado en una pared de su catedral en lo que podría parecer un homenaje a Lutero. Esto es lo que dice:

Debido a mis problemas de afonía, les ruego que eviten hacerme hablar. Si desean información, lean este cartel.

Me llamo Justo Gallego. Nací en Mejorada del Campo el 20 de septiembre de 1925. Desde muy joven sentí una profunda fe cristiana y quise consagrar mi vida al Creador. Por ello ingresé, a la edad de veintisiete años, en el monasterio de Santa María de la Huerta, en Soria, de donde fui expulsado al enfermar de tuberculosis, por miedo al contagio del resto de la comunidad. De vuelta en Mejorada y frustrado este primer camino espiritual, decidí construir, en un terreno de labranza propiedad de mi familia, una obra que ofrecer a Dios. Poco a poco, valiéndome del patrimonio familiar de que disponía, fui levantando este edificio. No existen planos del mismo, ni proyecto oficial. Todo está en mi cabeza. No soy arquitecto, ni albañil, ni tengo ninguna formación relacionada con la construcción. Mi educación más básica quedó interrumpida al estallar la Guerra Civil. Inspirándome en distintos libros sobre catedrales, castillos y otros edificios significativos, fui alumbrando el mío propio. Pero mi fuente principal de luz e inspiración ha sido, sobre todo y ante todo, el Evangelio de Cristo. Él es quien me alumbra y conforta y a él ofrezco mi trabajo en gratitud por la vida que me ha otorgado y en penitencia por quienes no siguen su camino.

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6 comentarios

  1. A mi me parece más fácil encontrar a Dios en un lugar así que a la Catedral de la Almudena o la Sagrada Familia.

  2. Desde luego, las posibilidades de que te caiga algo encima y vayas a parar con Dios son mucho mayores en este lugar que en aquellos otros

  3. A mí tanta condescendencia me chirría, la verdad. Conozco edificios con todos los permisos en regla (al menos burocráticamente), proyectos carísimos y ejecuciones aún más dispendiosas que no aguantan en pie sin importantes intervenciones y/o accidentes de por medio ni un tercio de lo que ya ha demostrado la Catedral de Justo. La mayoría de los edificios históricos (y, por ende, monumentales a estas alturas) se construyeron sin tanta parafernalia de seguridad como hoy en día, muchas veces teatral, y con técnicas que hoy se considerarían rudimentarias – y ahí siguen, en ocasiones con menos mantenimiento que otros más «a norma».

    Por otra parte, el llamamiento, no sé si rijoso o sincero, de derribarla a la muerte de Justo (o dejarla incompleta, lo cual a medio plazo equivale a lo mismo, ¿o es que un edificio sin tejado ni mantenimiento activo va a tardar mucho en deteriorarse?) Ame resulta hasta desagradable. Si tras dedicarle un poco de estudio serio (diferente de ver si se adecúa rígidamente a normativas, que es obvio que no) y un poco más de ganas, y por qué no decirlo, cojones, se decidiera que poniéndose como nos pongamos el templo no va a aguantar sin rehacerlo de pies a cabeza habrá que rendirse a lo inevitable. Pero creo que tras el sacrificio y la dedicación de ese hombre, ir por la vía fácil y perezosa de «la norma es la norma» sería otro de esos crímenes culturales que son tan comunes en España, por desgracia. Igual hasta el enésimo perito municipal podría aprender algo de cómo es posible que estructuras portantes de un complejo de ese tamaño, hechas de «ladrillos rotos» y llenas de «agujeros y debilidades» aguanten sin intervenciones millonarias durante décadas.

    • Buenas tardes, David B.

      Las estructuras tienden a no caerse. Pero cuando se caen, más vale estar lejos (y tener todos los papeles en regla).

      Piense en el puente de Génova: más o menos de la misma edad que la catedral de Justo. Calculado por un experto, controlado, con reparaciones «millonarias» y aún así, «de repente» un día colapsó. Imagine que ese puente no se hubiera controlado, que no se hubiera calculado y que, no obstante, se permitiera a la gente circular por él. Convendremos que sería una irresponsabilidad, ¿no cree?

      Y no hace falta entrar en la catedral; también podría estar paseando por la acera, o tener el coche aparcado al lado y que, desgraciadamente, algo se desprendiera. No es un escenario descabellado en una edificación diseñada y ejecutada por alguien sin experiencia en este campo.

      Sí, hay muchos edificios que no se han calculado y todavía aguantan. Siguiendo ese razonamiento, dejemos de calcular las estructuras, que cualquiera construya lo que quiera en sus parcelas (no entraré en las ilegalidades urbanísticas), total, ¿qué puede salir mal?

      El hecho de que Justo pueda despertar (mucha) simpatía no implica que lo que hace sea legal o no conlleve un riesgo. En estos tiempos sé que es difícil, pero deberíamos separar la obra del autor.

      Muchas gracias por su argumentado comentario.

      • No he dicho que no haya que controlarlo o intervenir de alguna manera en ello; yo me quejaba del tono condescendiente, criticón y hasta burlón del artículo, además de la dicotomía demolerlo/no acabarlo (como digo, en realidad lo mismo) frente al muy posible «completarla y mejorarla», sin añadir más que lo necesario.
        Mis disculpas si no es esa la intención del artículo, pero por más que lo releo no encuentro ironía más que en los halagos.
        Entiendo que la reducción al absurdo de su penúltimo párrafo no va muy en serio: ¿es que los edificios «no calculados» (o calculados con técnicas que hoy no serían homologables o como se le quiera llamar) están de pie de pura chiripa? Sí que vivimos una era de milagros entonces. Por otra parte, no sé a qué viene el puente Morandi en todo esto, creo que tal metedura de pata compartida entre instituciones y grandes empresas privadas refuerza mi argumento.
        Simplemente, aquí hablamos de algo singular, único incluso, y sin mucho peligro de ser replicado por «cualquiera en su parcela». No se deberían hacer juicios sobre su supervivencia como si hablásemos de un establo chabolista o el Algarróbico, ni aplicarle «la norma» a la ligera dejando que se guarde las espaldas un perito municipal cualquiera (que en todo caso haría bien en no firmar nada individualmente), sino tratarla como la obra vital y monumental que devino a lo largo de 50 años.

  4. bellissimo!

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