Autocracia positiva: siga consejos de autoayuda de Vladimir Putin

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Jot Down para Editorial Debate

Los analistas de lo que ha denominado Angela Merkel recientemente como «tiempos tempestuosos» advirtieron de que los herederos de los estados comunistas, conscientes de que no podían ganar las guerras, sí que podían ganar las mentes. De esa filosofía surgió un desarrollo de la desinformación sin precedentes en su magnitud. En pocos años el mundo podría cambiar para siempre con estas tácticas, y si eso ocurre hay un hombre que seguro que sonríe y pronuncia alguna frase de Hannibal Smith; ese hombre es Vladimir Putin.

Cuando recogió la Rusia hecha pedazos que le legó Boris Yeltsin, Putin era un hazmerreír. Un individuo anodino, sin carisma ninguno, con un apellido que en castellano se prestaba a simpáticos juegos de palabras. Pero con mano de hierro estabilizó su país, que llevaba diez años de sobresaltos económicos, e instituyó un liderazgo incuestionable que cumple este año dos décadas. Un periodo en el que ha recibido la paradójicamente gloriosa acusación de haber colocado en el poder al actual presidente de los Estados Unidos. Y todo gracias a un arma tan letal y mortífera como el Facebook.  

A la vista de que en los próximos veinte años quizá acabemos con un retrato del susodicho en el salón para no levantar sospechas, por lo que solo queda rendirse ante la evidencia de que nos encontramos ante el maestro de maestros. Eso es al menos lo que ha debido de pensar el escritor Rob Sears antes de publicar Técnicas de coaching de Vladimir Putin (Debate, 2019), un divertido análisis pormenorizado de los rasgos de la personalidad y los hitos de la biografía del presidente ruso de los que extraer sabios consejos para el día a día. Un trabajo no exento de valor, porque satirizar al hombre más temido del mundo requiere cierto aplomo.

La obra comienza señalando su propio peligro. Si todo el mundo sigue página por página los consejos de este manual de autoayuda para el autócrata de hoy, todo el mundo conspirará para ejercer su dominio contra todo el mundo. Sin embargo, eso mismo es lo que ocurre todos los días en las redes sociales. Por lo que cobra especial sentido el valor que le da el autor a su libro: sirve para que no se aprovechen de ti.

En ese aspecto, las vivencias de Putin resultan muy instructivas. Por ejemplo, Sears señala unas palabras de Luidmila Putina, la exesposa del presidente, sobre el carácter del que fuera su marido: «Vladimir Vladimirovich me ha puesto a prueba toda la vida. Siempre he tenido la sensación de que me observaba. Era como si estuviese esperando a ver si tomaba la decisión correcta, si superaría el siguiente test». Nadie dijo que el hombre quisiera resultar simpático.

Los consejos llegan después de cada perla biográfica bajo el epígrafe «Sé más Vlad», ahí se apela a que sepas localizar e identificar tu pequeño Putin interno y logres sacarlo al exterior. Puedes aprender del Putin generoso, el que le regala una cama con dosel a Berlusconi que luego resulta que es en la que tiene encuentros con la prostituta Patricia D’Addario; puedes fijarte en el Putin precavido, el que a través del SORM (System for Operartive Investigative Activies) puede rastrear todas las llamadas teléfonicas, emails, navegación web, transacciones de tarjeta de crédito, mensajes en chats y foros de sus ciudadanos; o el Putin romántico, ese que se casó en los ochenta porque los agentes que permanecían solteros eran puestos inmediatamente bajo sospecha y no podían, entre otras cosas, ascender.

Al lado de cada uno de esos epígrafes Sears muestra su faceta de humorista más descarnada y acompaña cada consejo de un chiste gráfico. Una ilustración en la que explica cómo sería llevar a cabo las enseñanzas de coaching de Putin en la vida real. Putinismo aplicado a la vida en pareja, la oficina, hasta en los transportes públicos se pueden hacer uso de sus enseñanzas.

El consejo más repetido es el de la perseverancia. Aguarda tu momento oportuno, reza una recomendación. Putin se pasó años, la mayor parte de su carrera como oficial subalterno del KGB, recopilando recortes de prensa en Dresde (Alemania Oriental), muy lejos de la verdadera acción de los superespías de la Guerra Fría. Sin embargo, desde ahí, consiguió llegar a lo más alto.

«Si la pelea es inevitable, hay que ser el primero en golpear». Son declaraciones del propio presidente ruso. Así se abrió paso desde las oficinas del gris burócrata hasta una de las salas de máquinas de la geoestrategia mundial. Pero no todo es fuerza. También hubo colaboración. Saber gestionar equipos. En su día trascendió que su amigo Vladimir Litvinenko le redactó la tesis doctoral que Putin presentó con cuarenta y cuatro años en la Universidad Minera de San Petersburgo.

Para hacerse respetar en la distancia corta Putin no ha dado una voz más alta que otra. Recurrió, revela Sears, al viejo truco de las estrellas del rock de estadio, que no es otro que aparecer dos horas tarde. Lo hizo a pequeña escala, su mujer Liudmila recordaba cómo lloraba cuando la hacía esperar en sus primeras citas y utilizó el mismo criterio años más tarde en el Vaticano. Apareció una hora tarde a su encuentro con el papa.

Con Merkel fue más refinado. En un ejemplo de saber emplear bien la información personal que toda persona derrama hoy en día en el ciberespacio se presentó ante ella con un perro labrador, precisamente la raza que atemorizaba a la canciller desde que era niña. Y a Obama supo robarle el protagonismo recurriendo a lo inesperado. Cuando el líder americano pronunció un importante discurso en su visita a Moscú en 2009 después de ser elegido presidente, Putin se llevó todo el share saliendo por televisión al mismo tiempo a lomos de una Harley Davidson rodeado del peligroso clan de moteros los Lobos Nocturnos.

Por si quedan dudas, la verdadera razón de ser de este manual está en el capítulo «Tú elevado a la potencia de Putin». En el cuarto consejo, «confíale tus finanzas a un músico» se habla de Serguéi Roldugin, un violoncelista y uno de sus amigos más antiguos. Los papeles de Panamá pusieron de manifiesto que controlaba un grupo de empresas del que se sospecha que sirve para ocultar la fortuna del presidente. Es ahí donde podemos cuantificar el éxito del personaje y el valor de esta guía de autoayuda. Según Business Insider, la fortuna de Putin podría ascender a 200.000 millones de dólares.

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