Los refugiados norcoreanos de Zhang Lu

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Hyazgar (2007). Imagen: G21M / Arizona Films / CNC / Korean Film Council.

De la percepción de los norcoreanos en China, tanto por los chinos que vivieron los años de la Revolución Cultural de Mao y saben lo que es, como por los coreanos de China que todavía se sienten vinculados a su antigua tierra, nos habló Rafael Poch en una entrevista:

Hay una red de solidaridad muy grande y muy clara entre ambas poblaciones. La frontera está poco vigilada, es permeable, mucho más de lo que se piensa, y percibí la sensación de que los norcoreanos no temían sorpresas de parte de su frontera china: no tienen despliegue militar, todo lo tienen enfocado a la frontera con el sur. Como la población de esa zona china es étnicamente coreana, hay mucho contacto y faltan mujeres, las toman de Corea del Norte para matrimonios amañados.

(…)

La gente de China mayor de cincuenta años de edad, esa generación, recuerda la época de Mao, de la que fueron partícipes. Y cuando ven a Corea del Norte la perciben como su maoísmo. Como son parientes étnicos y parientes políticos, hay cierta propensión y condescendencia. Les ven y piensan que las están pasando canutas, pero en plan «como yo cuando era joven», cuando aquella colectivización forzosa, aquellas penurias. Eso lo ven reflejado ahora en el otro lado.

(…)

a una orilla del río está Dandong, con las ruinas de un puente que los americanos bombardearon en la guerra de Corea. Como otras ciudades chinas de frontera, Dandong es un escaparate, con una silueta luminosa de edificios altos y modernos, un skyline lleno de luces, para ser contemplada desde el otro lado del río. En el paseo fluvial se organizan bailongos, gente mayor que baila alrededor de un aparato de música. Parece que lo hagan para ser vistos desde el otro lado. Pasa lo mismo en la frontera con Vietnam, hay un cierto exhibicionismo de la prosperidad china. Al otro lado, Sinuiju, la ciudad norcoreana es pobre y gris, está muy decaída, con grandes estrecheces, sin embargo es una ciudad privilegiada porque es puerta de salida y entrada de cierta actividad económica que deja dinero, el hecho de que sea fronteriza y gran parte de la exportación de materias primas pase por ahí le da grandes ventajas antes que a otras zonas de Corea del Norte que son paupérrimas.

No se sabe exactamente cuántos norcoreanos han cruzado la frontera china durante todos estos años. Existe un modo de vida fronterizo en los mil cuatrocientos kilómetros que separan ambos países, cruzando a un lado y al otro. Es un lugar preferible para muchos en lugar de escapar a Corea del Sur. En la desembocadura del río Tumen ambos países comparten también diecisiete kilómetros de frontera con Rusia. Se ha considerado habitualmente esta frontera como una entidad propia, donde no está clara la división entre Estados, excepto en la parte rusa. Para la vida cotidiana no existe la separación entre Corea del Norte y China en determinadas zonas.

Un lugar tan especial alberga historias de todo tipo. Por ejemplo, las redes de contrabando son espectaculares. Se producen a través de los ríos que sirven de frontera física y cuentan con la complicidad de los guardias. En una investigación, el antropólogo Sung Kyung Kim encontró que uno de los objetos de contrabando era el oro. Es lo último que uno espera que esté entrando y saliendo de Corea del Norte.

Curiosamente, antes de que este país se hundiera, cuando era incluso más pujante que Corea del Sur, el flujo migratorio era de China hacia el régimen de Pyongyang. Ahora, muchos de esos viajes han sido de ida y vuelta. En ambas direcciones. Hasta los años ochenta los coreanos de China iban a Corea del Norte a vender alimentos. Con la crisis, ocurrió lo contrario. Los del norte cambiaban materias primas por alimentos en China.

Actualmente hay dos millones y medio de coreanos en China. Zhang Lu es uno de ellos. Se ha ganado la vida como escritor y profesor de literatura, pero relativamente tarde, a los cuarenta y un años, debutó como director de cine a raíz de una apuesta, e inició una prolífica carrera desde entonces. Sus padres emigraron desde Corea a China cuando los japoneses ocuparon la península en los años treinta y sometieron a la población con toda clase de abusos y políticas criminales.

Dooman River (2010). Imagen: Lu Films / Arizona Films / Arte France Cinéma.

En las películas de Zhang Lu siempre aparece la cuestión coreana de alguna manera, pero hay dos donde prestó especial atención a los migrantes que salían de Corea del Norte sin vuelta atrás. Dooman River, de 2010, y Hyazgar, de 2007, que está disponible en Filmin con el título traducido de Sueños del desierto.

Sobre Dooman River, el director se quejaba amargamente hace poco de que lo efímero del cine. Una vez estrenada y paseada por festivales, la cinta murió, reconoció. Seis años después ya nadie hablaba de ella y era casi como que nunca había existido. Es la voracidad de la producción cinematográfica actual y la festivalitis. Duman o Tumen es el río que separa Corea del Norte de China durante quinientos kilómetros hasta desembocar en el mar de Japón.

Este es el río a través del cual escapaban los refugiados norcoreanos durante las hambrunas de los noventa. Es menos profundo que el Amnok. En invierno se congela y se puede cruzar a pie, como ocurre en la película. La acción se situaba en Chaoxianzu, un pequeño municipio al lado del río donde los norcoreanos descansaban antes de seguir su marcha hacia el interior de China.

La situación que reflejó entre ambas etnias era de desconfianza. Para muchos chinos los problemas en su aldea han empezado desde que han ido llegando los norcoreanos. En este caso, este pueblo es una aldea empobrecida a la que no ha llegado el auge industrial característico que ha transformado el país.

No hay forma de absorber a los recién llegados, más pobres aún que los locales. Sin embargo, para un niño, Chang-ho —personaje infantil que se repite en varios de sus filmes—, la llegada de otro crío de Corea del Norte, Chong-jin, supone forjar una amistad gracias a la religión contemporánea que ambos profesan: el fútbol. El crío está en territorio chino solo para conseguir alimentos y volver para dárselos a su familia. Los chavales de la aldea se los consiguen y entregan a condición de que cuando vuelva a por más juegue un partido de fútbol con ellos. En un momento épico, el chico cumple su promesa arriesgándose a que le metan un tiro los guardas fronterizos.

En la película, los norcoreanos aún recuerdan las canciones con las que les han martilleado en su país. Para algunos, cantarlas es un ejercicio de nostalgia. Para otros, solo escucharlas les hace vomitar y tener convulsiones. La situación de los locales tampoco es espectacular. El padre de Chang-ho murió y su madre es emigrante en Corea del Sur. Su abuelo no es muy hablador y su hermana es muda.

El autor, Zhang Lu, es de Yanbian, en el noroeste de China, una región donde llegó a haber mayoría de población coreana a principios de siglo y gozan de autonomía. Para él, esta película era el trabajo de su vida. Hasta el punto de que decidió dejar el cine después de estrenarla, aunque luego volviera. El reparto no era profesional, eran lugareños, y el guion lo escribió a partir de las vivencias que compartieron con él.

Lo que cuenta sintetizado no es más que las historias que ya había escuchado toda su vida y las experiencias con las que ha estado familiarizado. Como muestra en la película los norcoreanos cruzan la frontera y son sorprendidos a través del bosque o encontrados como cadáveres. Al mismo tiempo, la gente les ayuda al otro lado de la frontera, pero también se desatan oleadas de odio y les reciben a palos.

Hyazgar (2007). Imagen: G21M / Arizona Films / CNC / Korean Film Council.

El motivo de uno de esos cambios también aparece en la película, se trata de una violación. Está basado en hechos reales. Se han dado caso de violencia y asaltos por parte de soldados de Corea del Norte que se han adentrado como lobos en territorio chino en busca de alimentos o dinero. Llegó a haber un éxodo de aldeanos de edad que se marchaban de sus pueblos por miedo a estas incursiones en las que se ha llegado a asesinar a familias enteras. 

El ritmo de la cinta es lánguido y los constantes paisajes nevados con el río congelado de fondo pueden resultar hasta narcóticos. Es el modo en el que este director recordó su juventud y la tragedia que supone para un mismo pueblo ser parte de diferentes oleadas migratorias, estar excluido del boyante desarrollo industrial chino; una situación que, a su vez, ya la quisieran para sí los coreanos que se han quedado atrapados en la monarquía socialista juche.

Tampoco se puede decir que sea trepidante y cargada de acción Hyazgar (Sueños del desierto). Rodada solo tres años antes, repetía el patrón de lugar empobrecido al que llegan los refugiados norcoreanos en una situación aún más miserable. El espacio elegido era el desierto de Gobi, en Mongolia. La cinta es, de hecho, una producción coreana, mongola y francesa.

El protagonista, Hungai, era un tipo romántico. Un exsoldado mongol que quería luchar contra la expansión del desierto plantando árboles. En mitad de la nada, solo le visitan los viajeros ocasionales que pasan por delante de su casa. Su mujer y su hija le han abandonado y se han vuelto a la ciudad en busca de un tratamiento para —otra vez— la discapacidad auditiva de la niña. Hungai no soporta la ciudad. Se siente completamente desarraigado en ella, quizá por eso se empecina en su utópico plan de contener la desertización. Se resiste a vivir domesticado en la ciudad.

Los peregrinos que llaman un día a su puerta son dos norcoreanos, una mujer y su hijo pequeño, de nuevo el personaje de Chang-ho. El niño está harto de andar kilómetros desde que escaparon de Corea del Norte y le pide a su madre, desconfiada de todos los que la rodean, que se queden ahí con ese hombre, que les abre sus puertas. De nuevo en esta cinta, para señalar la vulnerabilidad de las mujeres refugiadas, Zhang Lu volvía a poner el acento en la violación. Es lo único que quieren hacer con ella todos los que la descubren viviendo en mitad del desierto con el zumbado que está plantando árboles.

Si en Dooman River la nieve era narcótica, aquí lo es la arena desierto. Hay escenas realmente especiales, como cuando por la noche cruzan la estepa columnas de tanques que patrullan rutinariamente y conocen y saludan a los locales que encuentran a su paso.

Ambas propuestas son para un espectador capaz de sumergirse en la monotonía de la vida cotidiana de gentes humildes a las que les ocurren pocas cosas reseñables, aunque algunas sean muy significativas. Soledad, melancolía y desamparo son las tres ideas fundamentales que trata de transmitir Zhang Lu sobre sus compatriotas huidos. Mucho cine sirve de puerta a otras culturas, a otros países, pero este tiene como particularidad que no habla de una nación propiamente dicha, sino de diferentes diásporas con un mismo origen. A los personajes de Zhang Lu la patria les queda muy lejos en el espacio y en el tiempo, lo que les hace diferentes a todo lo convencional.

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2 comentarios

  1. Qué buen artículo, señor. Como para ejercitar la empatia. Muchas gracias por la lectura.

  2. Jose maria muñoz nieto

    Por favor nesecito comunicarme urgente con el sr zhang lu escritor cineasta y comentarista de futbol chino sobre un proyecto inedito de formacion de niños en aparatos o maquinas de fisioterapia. Gracias

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