Arte y Letras Historia

El consumo de drogas antes de la I Guerra Mundial

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Fumador de opio, 1904. Foto: Cordon Press.

Soy consciente de que el consumo de drogas es más viejo que la tos, pero tenía la percepción de que los hábitos y escenarios como los actuales derivaban de la década de los sesenta, sin embargo, no es así. Antes de la Gran Guerra el auge del consumo ya alcanzó cotas muy elevadas; precisamente las que empujaron a los gobiernos a iniciar las políticas prohibicionistas. 

En Drogas, neutralidad y presión mediática de Juan Carlos Usó, hay una recopilación de noticias y documentos de la época que dibujan un cuadro cuando menos sorprendente. En el cambio de siglo, el opio, la morfina, la heroína y la cocaína, entre otras sustancias, eran de venta libre. 

Se empleaban con fines terapéuticos, en principio. La morfina como analgésico, la heroína como antidepresivo y contra la tos y la cocaína como anestésico local. Estos usos se tradujeron en que los más afectados por la adicción fueran los propios facultativos. Sin embargo, aunque estaba prohibido anunciar estas sustancias en los medios, había publicidad de, por ejemplo, la cocaína incluso en la Gaceta de Madrid, una publicación oficial del Estado. 

Durante el XIX no llegó a haber alarma social por el consumo de drogas, tan solo se conocían casos puntuales de personajes que habían necesitado tratamientos de desmorfinización. Generalmente, entre ambientes bohemios y artísticos. La única alarma que vivió la sociedad fue contra el alcoholismo, que llegó a ser un movimiento organizado en una Liga Antialcohólica Española que tenía un periódico, El Abstemio, con una tirada de diez mil ejemplares. 

No obstante, poco a poco fueron apareciendo artículos sobre la adicción a otras sustancias. El doctor Ignacio Llorens Gallard escribió en La Vanguardia en 1894 un artículo en el que calificaba la morfinomanía como «un vicio de fin de siglo». Decía que en una época en la que «los fundamentos sociales se discuten y se cuestionan» y «los pocos ideales, restos exiguos de pasadas tradiciones, se tambalean y derrumban», cuando la gente llevaba una vida «nerviosa, acelerada, histérica, sin norte, sin certidumbres», al final «la inmoralidad, en lo que tiene de más crapulosa y repugnante, reina en todas las clases sociales». Asistía, en fin, a un periodo histórico de «valientes descocos», y no se estaba refiriendo a Instagram, sino a que la población estaba abocada a castigarse la vena. 

A continuación, describía el retrato del yonqui, tan bien conocido por todos a estas alturas: 

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3 comentarios

  1. Durante el final del siglo XIX, aunque las cifras se discuten, parece claro, por la percepción de los contemporáneos que el consumo de estupefacientes no dejó de extenderse. Pero la mayoría no lo consideraría como un problema social de primer orden hasta los años veinte del siglo pasado. Sin embargo, parece claro que el asunto no pasó tan desapercibido como hoy parece. Como muestra un botón: Arthur Donan Doyle y el politoxicómano más famoso del mundo: Sherlock Holmes.

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