Cine y TV

Bitelchús, Bitelchús, Bitelchús

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Imagen: Warner Bros.

A Tim Burton se le conoce hoy en día como ese director de cine que tiene cara de ser la foto del «Antes» en los anuncios de acondicionador de pelo. Un realizador que, pese a tener algún acierto ocasional reciente (el fabuloso remake en stop-motion de Frankenweenie y, en menor medida, la decente El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares), lleva una década con el piloto automático puesto. Pero hace treinta años, el hombre era una de las miradas más interesantes de la industria del cine, una de aquellas capaz de levantar un universo propio tan personal y llamativo, tan siniestro y al mismo tiempo encantador, como para coleccionar de manera instantánea millones de fans y centenares de imitadores perdidos entre espirales, murciélagos y trajes a rayas. Y todo aquello gracias a un cadáver de pelambrera verdosa que se ocupaba de exorcizar a los vivos.

Bitelchús

Burton fue un niño californiano de la cosecha del 58 que ya desde muy pequeño tenía claro que lo suyo sería mirar el mundo a través del objetivo de la cámara. Un chaval introspectivo, jugador de waterpolo, fascinado con los payasos, fanático de las películas de Vincent Price y explorador habitual de los mundos literarios de Roald Dahl y Dr. Seuss. Carne de buylling escolar y firme competidor por la etiqueta de rarito de la clase con mención especial del jurado incluida. A los trece inviernos, el chico ya se tiraba las tardes filmando cortometrajes caseros en ocho milímetros o trasteando pacientemente con la stop-motion. También fue durante aquella época cuando el público pudo contemplar por primera vez la obra artística del zagal, expuesta de manera itinerante en el lugar más inusual posible: los camiones de la basura. Aquello ocurrió cuando Burton fue elegido como ganador de un concurso de dibujo organizado por la empresa basurera local y su ilustración (donde se veía a un robusto individuo aplastando un cubo de basura junto al lema «Crush Litter») se estampó, a modo de premio y durante un año entero, sobre todos los vehículos de recogida de desperdicios del barrio.

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Esto de aquí fue la primera obra exitosa de Tim Burton.

A los dieciocho años, una beca le permitió acceder al CalArts (el Instituto Californiano de las Artes fundado por el Walt Disney) con el objetivo de convertirse en un animador competente. En aquel centro fue donde Burton agarró un lápiz y, siguiendo su política de hazlo-tú-mismo, comenzó a fabricarse sus propias peliculillas de dibujos animados, dos cortometrajes titulados Stalk of the Celery Monster y King and Octopus. El primero de ellos llamó tanto la atención de los ojeadores de Disney como para que la compañía fichase al chaval para ponerlo a currar en películas como Taron y el caldero mágico, Tod y Toby o Tron. En aquellas producciones además de oficiar de animador también se encargaba de elaborar arte conceptual, pero ninguno de sus bocetos llegó hasta la gran pantalla al lucir un estilo que no acababa de encajar del todo con el rollito Disney. En realidad ocurría que dentro de la compañía andaban como pollos sin cabeza durante aquella época de finales de los setenta. Tras la muerte del fundador (Walt Disney la espichó en 1966, aunque haya quien asegura que promocionó a cubito), los animadores y directivos más capaces del lugar fueron poco a poco mudándose hacia otras compañías, jubilándose o directamente muriéndose, hasta que solo quedó al mando gente que Burton y otros empleados consideraban de tercera división. El propio artista llegó a asegurar que se sentía como una «princesa atrapada en un castillo», porque en aquella casa le daban libertad total para ser creativo y experimentar, pero nunca utilizaban ninguna de sus ideas.

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6 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo con la parte final sobre el doblaje y la atropellada manera con la que tuvieron que sacar adelante esa escena en España. Solo faltó que encima de llamarla «Bitelchús» la hubieran subtitulado como «Asusta Como Puedas» o «Cosas de Fantasmas».

    A mí me encantó cuando la vi en su estreno, yo era un crío pubertoso y era la peli que llevaba esperando desde «Los Goonies», pero sin tener mucha experiencia en la vida entonces ya intuí que las imágenes que se veían en esa escena no casaban mucho con lo que decía la entonces desconocida actriz gótica. Hasta que la tuve en DVD muchísimos años después nunca la pude disfrutar del todo, algo parecido a lo que me sucedió con «Taxi Driver» cuyo doblaje destroza absolutamente la V.O. (se dicen hasta palabras que no existen en el film original, igual que en «Annie Hall», otra que tal). Sin embargo, romperé una lanza a favor del doblaje y diré que la única escena que me hace infinitamente más gracia en español que en inglés, es la del anuncio de TV con el que se promociona Beetlejuice, es mil veces más gracioso. Pero vamos, que solo lo salvaría para esa breve escena, el resto deplorable.

    El problema de los doblajes nacionales es que le ponen a los actores voces que pegan con su apariencia física (si tiene aspecto rudo, voz profunda de machoman, si tiene gafas, voz de pardillo -así a bote pronto-), y por culpa de eso lastra el 50% de la interpretación, ya que la voz y los dejes de un actor son igual de imprescindibles que su actuación física. Pero en fin, esa es una batalla ya perdida en España, afortunadamente hoy en día podemos disfrutar de las V.O sin problemas.

    Gran artículo, por cierto ;-)

  2. Me ha encantado al artículo. Fue una película transgresora y que a día de hoy sigue impactando. Fue 100% Burton, y me alegro que sólo se quedara en una primera parte. Una segunda entrega habría roto el impacto de una película de ese calibre. Magnífica su banda sonora.

    • Hay películas que no necesitan segundas partes y sin embargo han creado de ellas franquicias de tropecientos filmes a cual peor. Gremlins no necesitaba secuela (por mucho que digan en Jot Down jaja), La Historia Interminable NO necesitaba secuelas, Los Inmortales NO necesitaba secuelas, Los Goonies NO necesita secuela (y por mucho que hablen de proyecto muerto y enterrado, tranquilos que un reboot o cualquier mierda de esas caerá cualquier día) y efectivamente, Beetlejuice no necesita secuela y espero y deseo que JAMÁS la tenga. Pocas, muy pocas, son las películas que pese a la insistencia de los estudios, se han quedado en una sola cinta y jamás se han rodado segundas, terceras ni millonésimas partes.

  3. Una de las películas de mi infancia. Pasé miedo y a la vez la disfruté como un enano (Bueno… es que era un enano). Tengo ganas y miedo a la vez de volver a verla ahora con unos años más a la espalda, pero corro el riesgo de decepcionarme…. o de que me encante al hacer una segunda revisión….

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