¿Cuál es la mejor película de espías sin (apenas) tiros ni persecuciones de la historia?

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No busquen a Bond, James Bond en esta lista; esto va de funcionarios con sobrepeso, agregadas culturales de mediana edad en embajadas y criaturas nocturnas que guardan secretos aún empapadas en alcohol. Esto va de espías de verdad. La primera regla del agente de inteligencia es fundirse entre el marasmo porque ya saben que esta es una guerra que se libra en un frente tan indefinido como inabarcable, desde la calle en la que vives hasta aquella a la que sueñas con mudarte en Honolulu. De las redes ya ni hablamos. Hay películas que nos hacen ver, e incluso oler, esa batalla intangible en la que luchan dragones. Véanlas si no las han visto ya y voten por su favorita al final de esta lista o añadan en los comentarios las que estimen oportunas.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


El ministerio del miedo (Fritz Lang, 1944)

Arrancamos con una bacanal de cine negro en la que los malos son espías nazis que se mueven entre los humos y las brumas del Londres de los cuarenta. Stephen Neale abandona el sanatorio mental de Lembridge tras dos años en prisión, pero el mundo que se encuentra en la calle nada tiene que ver con el que él conocía. Por si fuera poco, se convierte en víctima de una persecución por parte de agentes austríacos nazis y, claro, nadie le cree porque le siguen tomando por loco. Como muchas otras del género, El ministerio del miedo fue una película de encargo en tiempos de guerra y a Lang se le pidió no saltarse una sola coma del guion extraído de la novela de Graham Greene. Que no puntúa entre sus mejores cintas es algo que el propio director llegó a reconocer, pero su marca está ahí: personajes ambiguos, a veces tan opacos que se pierden por el espectro del eje bien-mal. También hay sesiones de espiritismo entre paredes desconchadas y péndulos de reloj que magnifican aún más las obsesiones, incluidas las propias. A David Lynch seguro que le encantó.


El buen pastor (Robert De Niro 2006)

Matt Damon es el glacial Robert Wilson, un abnegado funcionario-patriota quien, de forma involuntaria, acaba traicionando a su país por una filtración sobre la operación de la bahía de Cochinos. Nos gusta El buen pastor porque huye del arquetipo de héroe de la CIA al que Hollywood nos tiene acostumbrados. También porque recrea con gran precisión visual cada detalle de la época: desde las gafas del protagonista hasta los despachos, pasando por las cajas de periódicos, los ventiladores del techo jugando con el polvo en suspensión… No es para menos, ya que hablamos de los inicios de la agencia de inteligencia norteamericana más conocida (hay más de una docena), al final de la Segunda Guerra Mundial. Volviendo a la trama, la cinta plantea una hipótesis sobre las causas de aquel intento fallido de invasión de Cuba en 1961. Nunca se esclarecieron, aunque tampoco nos importa demasiado. Que la Guerra Fría sea la culpable de que tu vida se escurra por el sumidero es una excusa con chicha. Se nos ocurren otras muchísimo menos épicas.


Cortina rasgada (Alfred Hitchcock, 1966)

De los buenos tiempos de la Guerra Fría, cuando la batalla (al menos en el cine) se libraba en hoteles con vistas a la Karl Marx Allee de Berlín, y no en lejanos eriales de Oriente Medio. Tenemos a Paul Newman en el papel de un físico norteamericano que viaja a la RDA y acaba pidiendo asilo político. Ya lo han adivinado: todo es una tapadera para acceder a un prestigioso investigador del este y arrancarle sus secretos nucleares. Sabemos que la películas del género de la época se reducían a una propaganda simplona, pero Cortina rasgada está llena de momentos que la hacen inolvidable. Solo el asesinato Gromek, ese malvado agente de la Stasi que descubre a Newman en una granja de la vega prusiana justifica sus dos horas largas: sartenazos, puñetazos, cuchillazos y palazos en las piernas para acabar metiendo la cabeza del pobre Gromek en el horno y, finalmente, acabar gaseado. Hitchcock nos recuerda ahí lo difícil que puede llegar a ser matar a una persona, y Cortina rasgada lo maravillosamente entretenidas que eran las pelis de entonces.


El espía que surgió del frío (Martin Ritt, 1965)

¿La mejor novela de espías de todos los tiempos? Ante esta más que plausible posibilidad encargaron a Richard Burton el papel de Alec Leamas, el arquetipo del espía que cumple la regla de las tres des: depresivo, divorciado y dipsómano. La trama se desarrolla antes del asesinato de Kennedy, de la guerra de Vietnam e incluso de la llegada de los hippies. O lo que es lo mismo, en un mundo sin dobleces en el que resultaba muy fácil distinguir entre los buenos y los malos. Quién pudiera ponerse en la piel de aquella audiencia ingenua que se daba, quizás por primera vez, un baño de nihilismo con esta obra maestra. Leamas, un veterano de la Segunda Guerra Mundial se autodestruye entre solitarias borracheras y temporadas en prisión como parte de un plan para infiltrarse al otro lado del Telón. Como si de un juego de muñecas rusas se tratara, el engaño palidece ante otro mucho mayor que es el de la propia misión, y también el de la vida en todo su minutaje. Olviden esto último, que nos hemos dejado llevar.


El topo (Thomas Alfredson, 2011)

Cuando uno oye que una película de espías «no es para los amantes de la acción trepidante» sabe que la va a gozar. Y si Smiley es Gary Oldman, el gran camaleón, y le acompaña Benedict Cumberbatch, las expectativas son peligrosamente altas. No se preocupen, no se despeñarán. Como no podía ser de otra manera, esta adaptación de la legendaria novela de John le Carré huele a Scotch en salones victorianos y al cerrado de los pisos francos del Londres de los setenta. ¿Cómo hacer asomar la cabeza a un topo soviético desde el agujero del MI6? Ese es un trabajo para Smiley, a quien Oldman otorga una lentitud, una elegancia tan estática como correosa que hace peligrar la memoria del propio Alec Guinnes en el papel, allá por los ochenta. En realidad, El topo también es eso: una elegía a la Inglaterra de antes de Margaret Thatcher y a su decadencia. No es el negro del hollín de Dickens, pero sí un gris sobrio que nos recuerda aquel Támesis sin paloselfis. Bendita melancolía.


Argo (Ben Affleck, 2012)

Hay historias que de puro descabelladas solo pueden ser ciertas. Un ejemplo: rodar una película del espacio en Irán fue la pantalla para sacar del país a un grupo de funcionarios yanquis atrapados en su propia embajada. Ni siquiera el propio Affleck podía hacerlo tan mal como para que una película centrada en una de las operaciones de inteligencia más disparatadas de la historia pinchara. En cualquier caso, hay que reconocer que el chico lo intentó: esa ramplona huida in extremis desde el aeropuerto de Teherán que nunca fue tal es lo que más canta. Luego está el que británicos, neozelandeses y canadienses se quejaran por cómo se minimiza, e incluso tergiversa, el papel de sus respectivas embajadas durante la crisis. La estereotipación de los iraníes como paletos sedientos de sangre quizás la sacó de McGyver. Sin filtros. Vale, puede que Argo no merezca estar en esta lista pero, ¿cómo olvidar esa película de Sci-Fi de palo? Argo se llamaba.


El cuarto protocolo (John Mackenzie, 1987)

Nos reconciliamos con el blandito de Brosnan tras redescubrirle el papel de un gélido agente del KGB que tiene la misión de destruir la OTAN. Ni más ni menos. Le preferimos aquí que de 007, lo mismo que a Damon de El buen pastor al de la saga Bourne (y mira que nos gustó esta última). Volviendo a El cuarto protocolo, se trata de una adaptación de una novela de Frederick Forsyth, otro gurú del género que no necesita presentación. En ella desvela un complot en el que Petrovski (Brosnan) se infiltra en Inglaterra para montar, pieza a pieza, una bomba atómica que reviente una base yanqui en las islas. Huelga decir que algo así dinamitaría las relaciones transoceánicas. Nos gusta porque hay más verosimilitud que pirotecnia, aunque los amantes del gremio sepamos que Philby no murió de un tiro en su dacha, sino que se ahogó en alcohol en un apartamento de Moscú. Ya, tampoco tiene tanta importancia porque no es más que un guiño al margen de la trama. Tampoco se nos escapa que la presencia de Michael Caine (probablemente el que más veces ha encarnado a un espía en el cine) como actor y productor es otro plus de esta joya infravalorada por la crítica.


Syriana (Stephen Gaghan, 2005)

Somos muchos los que pensamos que Clooney hizo el papel de su vida en este icono cinematográfico del espionaje moderno, sobre todo porque se desviste de su papel de Arturo Fernández de Hollywood. La película arranca en Irán (el enemigo siempre fue Irán) y con Clooney metido en la piel de un agente de los de verdad. ¿Sabes ese tipo solitario y ajado por la vida que te encontrabas en el bar de viejos de debajo de tu casa antes de que se llenara de hipsters? Pues podría ser de la CIA, concretamente Robert Baer, un agente real (tiene un par de libros) que trabajó para la Agencia en Oriente Medio. Por su experiencia en Beirut en los turbulentos años ochenta, lo envían de vuelta para desempeñar una compleja misión en la que están implicadas dos empresas petrolíferas americanas a punto de fusionarse y las satrapías del Golfo. Hay momentos estelares, como cuando Baer-Clooney dice que tiene que hablar con Hezbollah en Beirut y vuelve a casa sin uñas. Allí le espera un hijo universitario que sigue sin saber a qué narices se dedica su padre. Syriana es uno de esos milagros que, como tales, no se prodigan para los que buscamos algo más que tiros y polvos en un país de Tintín.


Zero Dark Thirty (Kathryn Bigelow, 2012)

Que la vida en las cárceles secretas de la CIA es regulera era algo que ya intuíamos, pero todo vale si esa pista arrancada con un waterboarding de manual te lleva hasta el mismísimo Bin Laden. Que la Agencia y sus compinches necesitaran diez años para encontrarlo durmiendo plácidamente junto a un cuartel de un aliado estratégico USA (Pakistán) es algo que también huele a cartón-piedra, por eso es mejor dejar el cerebro en la mesilla del mando a distancia y disfrutar del espectáculo. Somos fans de Chastain en traje de chaqueta negro, y también de esos agentes de campo que lucen vaqueros sobre botas caquis de loneta, aunque sean los SEAL los que se lleven finalmente el gato al agua (el cuerpo de Bin Laden lo tiraron al mar). El problema de esta peli es que sabes cómo acaba. Luego te enteras de que las filtraciones de la propia CIA a la directora para que reconstruyera la historia buscaban un publirreportaje gratis y, tachán, misión cumplida. La incluimos en la lista precisamente por eso, porque es parte y arte, y porque no nos olvidamos de los SEAL ascendiendo por la escalera en la oscuridad y llamando a los objetivos por su nombre. Eso no lo habíamos visto antes.


El hombre más buscado (Anton Corbijn, 2014)

«Un checheno llega a Hamburgo tras haber sido torturado en una prisión turca» es un planteamiento inicial que ya nos recuerda que esto es el siglo XXI. La adaptación al cine de la novela de Le Carré llegó con la etiqueta de «última película protagonizada por Philip Seymour Hoffman», lo cual es bueno pero también malo. Hoffman es Bachman, un hombre atrapado en la burocracia y maniatado por un gobierno que no le otorga ni la confianza ni las herramientas necesarias para hacer su trabajo. No es ni Smiley ni Leamas, pero bebe de ambos como individuo física y espiritualmente agotado. Sobre él y los suyos planea en círculos la idea de que su Hamburgo natal había sido hogar para los secuestradores del 11S. Tanto dron y tanto chisme… ¿Cómo es que nadie lo vio venir? La Guerra Fría ya es prehistoria; la guerra en las sombras de hoy es más etérea, más intangible, más compleja y, sí, El hombre más buscado es un perfecto epitafio para uno de nuestros actores más venerados. DEP.


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18 Comentarios

  1. De las expuestas aquí, me quedo con “El espía que surgió del frío”. Y creo que esa joya que fue y sigue siendo “Ipcress”, hubiera hecho mejor papel en esta lista que un par de títulos que deambulan por aquí.
    “La regla de las tres des: depresivo, divorciado y dipsómano”, ¡Ja, ja, ja! ¡Muy bueno! También lo de Clooney y Arturo Fernández.

  2. Encadenados, La vida de los otros, Operación Cicerón… ¿por qué faltan las mejores, si además son conocidas? De las que hay, El ministerio del miedo, que es verdad que a Fritx Lang no le entusiasmaba porque en el contrato tenía que ceñirse al guión a rajatabla, pero es que el guión es muy bueno. De El topo, la más votada hasta ahora, solo cabe decir que su versión televisiva Calderero, Sastre, Soldado, Espía con Alec Guinness le da cien mil vueltas.

    • Con prácticamente el doble de duración, alguna vuelta le puede dar, efectivamente. Y si lees la novela, aún serán más minutos, por lo tanto más vueltas.

  3. “La conversación”con Gene Hackman. Coppola anticipó hace cuarenta y cinco años el control que tienen sobre nosotros. Más amable y en tono de comedia, “Charada” de Stanley Donen con Cary Grant y Audrey Hepburn. “El sastre de Panamá” de John Boorman, con Pierce Brosnan, en plan espía, sí, pero nada que ver con Bond. “Enviado especial” de Hitchcock, la escena de los paraguas es un clásico. “El mensajero del miedo”, lógicamente la versión de Jhon Frankenheimer, con Frank Sinatra. “La máscara de Dimitrios”, aunque la novela es mucho mejor. Llamada para el muerto de Sidney Lumet, con James Mason. “No hay salida”, con Kevin Costner y, otra vez, Gene Hackman, esta vez haciendo de malo. Y por supuesto, “El tercer hombre”, porque no creo que la persecución final por las alcantarillas de Viena sea motivo suficiente para excluirla.

  4. Me encantan las pelis de espías que son espías. El rollo Bond-Bourne y derivados también pero es otro género totalmente distinto. Como otros comentarios también encuentro la selección discutible, sobre todo faltando El Tercer Hombre, JFK, El Ojo de la Aguja, El Americano Impasible o nuestra El Hombre de las Mil Caras. Y bueno, unas pocas más basadas en obras de Le Carré, aunque supongo que es como Ford en las listas de mejor western…

    Celebro que recuperéis El Buen Pastor, peli que, para mí inexplicablemente, pasó desapercibida en su día, y más siendo solo la segunda que dirigía De Niro, tantos años después de “Una Historia del Bronx”…

    “El Hombre más Buscado” me gustó pero en el mismo rollo prefiero “Expediente Anwar”. “Syriana” y “Argo” ya muy por detrás para mi gusto.

  5. ¿Una de las mejores películas de la historia y no está en este listado? ¿En serio no está “El tercer hombre”?

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