
Todos hemos visto alguna hilera de pequeños soldados de seis patas que van y vienen con la apariencia de un organizado ejército. Desde nuestra perspectiva de gigantes, las hormigas parecen desplazarse según una inquebrantable disciplina que las fuerza a no desviarse y por eso está extendida la creencia de que son como pequeños robots que siguen de manera automática el rastro olfativo de feromonas que han segregado otras hormigas (o ellas mismas) y tocando con sus antenas a la compañera que tienen delante como para comprobar que no se están desviando de su trayectoria.
No ha sido hasta tiempos relativamente recientes que se ha descubierto que el movimiento de las hormigas no se reduce a conductas simples como el mero rastreo de un olor, sino que implica procesos bastante más complicados, una sucesión de pequeñas decisiones que cada individuo ha de tomar de manera constante cuando se desplaza de un punto a otro. Sucesivos estudios han ido demostrando que la conducta de las hormigas no es tan robótica como se pensaba y que cada una de ellas es capaz de encontrar su camino de manera individual; de hecho, es lo que parecen hacer la mayor parte del tiempo incluso cuando forman parte de una hilera multitudinaria. No existe en ellas nada parecido a un piloto automático. Quienes las estudian hablan de un «GPS» interno, porque cada hormiga es por sí misma una sofisticada navegante que, cuando la ocasión lo requiere, puede moverse por el mundo sin la ayuda de sus compañeras.
Las hormigas no poseen personalidad propia tal como la entendemos en los seres humanos y otros animales, pese a que cada hormiga puede ejercer diversos roles en función de las necesidades del momento y de lo que dicten su posición o estatus en la sociedad del hormiguero al que pertenece. Sí gozan, en cambio, de cierto grado de independencia. Hay muchas circunstancias en las que necesitan orientarse solas o recuperar la dirección si se han perdido, y la vieja idea de que se orientan limitándose a utilizar rastros químicos para saber a dónde se dirigen no solo es incompleta, sino con frecuencia inviable. Por ejemplo, esos rastros químicos se evaporan con facilidad y son borrados por la lluvia o el viento. En algunos ecosistemas, como el desierto arenoso o las salinas castigadas por el sol, el rastro químico llega a ser casi por completo inútil. Aun así, en estos ecosistemas las hormigas rara vez se pierden. Cada hormiga posee un «centro integrado de orientación» que es una combinación de diversos mecanismos: visión, reconocimiento olfativo y táctil, captación de vibraciones, incluso medición instintiva de las distancias recorridas. Se especula que también la captación de campos magnéticos podría jugar un papel en ese centro integrado. Lo más llamativo, de entre todos estos sistemas, es el uso extensivo que las hormigas hacen de la memoria. Una hormiga que se adentra en terreno inexplorado es capaz de aprenderse el camino que necesita recorrer de vuelta, al menos cuando las circunstancias lo permiten. Los investigadores lo han comprobado cambiando de lugar objetos o señales en el camino que la hormiga ya ha memorizado, consiguiendo que la hormiga se pierda. Eso sí, la hormiga parecerá confusa hasta que se convenza de que la memoria la ha traicionado y decida empezar el camino de vuelta desde cero, recurriendo a otros de los mecanismos de orientación que tiene disponibles.
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Enhorabuena! Un excelente artículo. Realmente brillante. No recuerdo muchos así. Espero poder disfrutar de tu forma de escribir otra vez, no deje de intentarlo
Diablos, qué artículo! Y con qué prosa! Felicitaciones! Salvo las rojas, las comunistas que no apetecían mis flores, tardé mucho en perdonar a esas diminutas y negras falanges fascistas semi acorazadas y obtusas sus razias nocturnas en mi jardín de rosas, siempre de noche las muy traidoras, cuando dormía. Recuerdo que en aquellos momentos de desolación, y quizás buscando un culpable, me desorientaba que no tuvieran, como cualquier otro ejército, un líder o un caudillo iluminado que dirigiera esas voluntades inquebrantables, y este artículo confirma mi error de apreciación: tienen otra inteligencia que no es ni menor ni mayor que la nuestra: es otra de acuerdo al entorno, tal vez colectiva que bien nos vendría a nosotros. Todos estos conocimientos científicos que nos han arrollado ultimamente, tienen como uno de los tantos resultados hacernos ver la cruel y pérfida ignorancia que mostrábamos al insultar, en especial modo a las mujeres con las frases «tienen menos inteligencia que una gallina, o de una mosca, o en este caso de un hormiga. Muchísimas gracias por la divulgación.
Por cierto es que no quiero ser hormiga,
solo su amigo y a torno de una mesa de té,
estipular los tratados de amistad
de cada reino en su lugar y ubicar
con flema aristocrática el lugar exacto
de las representaciones diplomáticas
Gran artículo! Descartar las feromonas como su único método de orientación hace aún más impresionantes las capacidades de nuestras pequeñas amigas!
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Me rei me sorprendí y lo goce…
Gracias