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Arte con-ciencia: Jesús Rafael Soto en el Guggenheim de Bilbao

Jesus Rafael Sotoexposicion Vision in motion Motion in vision 1959
Jesús Rafael Soto en la exposición Vision in motion – Motion in vision, Hessenhuis, Amberes, Bélgica, 1959.  Foto: Charles Wilp © Bildarchiv, Berlin © Jesús Rafael Soto, ADAGP, Paris / VEGAP, Bilbao, 2019.

¿Puede la expresión artística vivir puramente de su pureza? ¿Puede un artista sustraerse del contexto, de las corrientes con las que convive y de la vida en la que habita? En tiempos de redes sociales sería una utopía impensable, una distopía, creer que ello es posible; la información llega prácticamente a todas partes sin que haya que ir a buscarla porque ya se encargan los sistemas operativos de que así sea. Nada se crea desde el vacío absoluto, aunque existe la libertad de elegir el punto de partida.

Pero ¿existe en el arte esa libertad de elegir? ¿Qué nos lleva a vibrar en una onda desechando a sus congéneres? Recorrer la exposición que el Museo Guggenheim de Bilbao acoge en la planta baja sobre la obra del venezolano Jesús Rafael Soto es una manera de constatar que el artista es hijo de su época y que si es (como suele ocurrir) sensible y curioso, traducirá en su producción tanto el conjunto de sus intereses como su círculo de amistades y las circunstancias de su entorno. 

La muestra que se exhibe desde el 18 de octubre de 2019 hasta el 9 de febrero de 2020 ha sido comisariada por Manuel Cirauqui, curador del museo, con la colaboración del Atelier Soto de París, y se ha titulado «Soto. La cuarta dimensión».

Se compone de algunos de sus Penetrables junto a piezas representativas de las series en las que trabajó, como Volúmenes virtuales, Extensiones y Progresiones, que se han hilado en un recorrido a la vez claro y sorprendente; las piezas se han colgado de manera ordenada, como corresponde a sus propios orígenes y evolución, mientras que las de mayor tamaño y las que invitan al espectador a ocuparlas se han distribuido en los espacios centrales. 

La exposición se cierra (o se abre) con la instalación en el exterior de la Sphère Lutétia, una obra de 1996 que se ha situado junto al estanque del museo. 

049.Sphere Lutetia Soto
Sphère Lutétia (Esfera Lutecia), 1996.  Hierro pintado y aluminio 600 x 600 x 600 cm.  Vista de la instalación en el Museo Guggenheim Bilbao, 2019 Colección particular © Jesús Rafael Soto, ADAGP, Paris / VEGAP, Bilbao, 2019

¿Pinturas o esculturas?

Soto nació en 1923 en Ciudad Bolívar (Venezuela). Hijo de un violinista de profesión, viviría en la música toda su vida; aprendió a tocar la guitarra muy joven y, según confesaría a su amigo Paco Ibáñez, el ritmo y sus escalas le habrían ayudado siempre a organizar sus pulsiones artísticas. 

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4 comentarios

  1. Su nombre es Jesus Soto, del estado Bolívar Venezuela.
    Nuestro gran artista cinético.
    Y su vena musical, le sirvió para vivir (en su tiempo de estudiante en Paris) con su guitarra y para divertirse con sus amigos, casi hasta el final de susmdias

    • Laura Mínguez

      Fue un artista en todos los sentidos, un avanzado que llevó siempre a su país en el corazón. Gracias por el comentario.

  2. Si en las fotos son asombrosos los efectos, no puedo imaginármelos en la realidad. Sus reflexiones sobre el espacio han traído a mi memoria el recuerdo de un viejo maestro, de esos que nos marcan para siempre. Nos pedía abstracción (una lucha a priori ya perdida debido a nuestros años, pero no desistía y siempre lograba que participáramos para luego maravillarnos) y que imagináramos qué podría haber detrás de un punto (usaba un lápiz afilado mostrado de frente). La primera respuesta la dio él, porque nosotros, ni idea: una línea, señores, una línea. Las posteriores eran más fáciles por lógicas: detrás de una línea un plano, y detrás de un plano un cubo. Y ahí se quedó, muy orondo, ignorándonos y controlando las notas y nosotros alborotados queriendo saber qué había detrás de un cubo. Estábamos desilusionados por la interrupción de las transformaciones. Y se lo preguntamos: No lo sé, señores, no lo sé, -contestó con una resignación casi penosa. Tendrán que descubrirlo ustedes.
    Excelente divulgación. Gracias

    • Laura Mínguez

      La exposición es un espacio abierto a lo ilusorio y a la imaginación. Los efectos ópticos de las obras invitan a estudiar aquello que la ciencia ha intentado explicar o que los maravillosos maestros que tuvimos introdujeron en nuestras mentes para ayudarnos a comprender el mundo. Gracias por el comentario, Eduardo. Siempre es un placer leerle y una satisfacción comprobar su interés.

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