Ciencias

Ensayos sobre la ceguera

570c

En nuestro último artículo discutíamos el problema de la desescalada del confinamiento y nos azorábamos ante la posibilidad de tener que hacerlo dando palos de ciego, en ausencia de datos mínimamente fiables sobre la prevalencia de la pandemia, la verdadera tasa de mortalidad, o el impacto de las distintas medidas de limitación del contacto humano. Aunque concentrábamos nuestro análisis en la situación en España, evidentemente casi todos los países de nuestro entorno se están planteando el mismo problema. Por desgracia, los temores que nos consumían hace dos semanas se van confirmando: el fiasco de los tests inutilizables se repite en un bucle esperpéntico, los muestreos serológicos empezarán (quizás) a la vez que el inicio de la desescalada… Por no hablar de la comedia de despropósitos alrededor del desconfinamiento parcial de los menores,  la que debía ser la primera gran medida de relajación, sostenida por numerosos estudios epidemiológicos [1].

En definitiva, poco o nada indica que España esté todavía en condiciones de apoyarse en tests y mecanismos de rastreo para encontrarse en alguno de los escenarios alentadores descritos en este excelente y sucinto artículo de Devi Sridhar, profesora de Salud Pública Global de la Universidad de Edimburgo. A día de hoy, no podemos descartar un escenario mucho más pesimista en el que nos veamos abocados a la repetición de ciclos de contagio y confinamiento, esperando que, al menos, las administraciones consigan reorganizar y reforzar el sistema sanitario y de atención a la población vulnerable para que resista mejor los nuevos picos.

Por supuesto, otros países se encuentran en situaciones comparables: la incertidumbre y la improvisación dominan la planificación de la desescalada también en Italia o Estados Unidos, mientras Bélgica no consigue aplanar la curva y supera ampliamente a España en muertes por habitante a pesar de estar en una fase anterior en la evolución de la epidemia. Pensar en lo que ocurrirá en países más pobres es, literalmente, contemplar el abismo.

Ya que hay que avanzar a tientas, en ausencia de los datos necesarios, urge explotar al máximo los pocos de que disponemos para saber dónde nos encontramos y qué impacto tienen las medidas. No es sencillo: ya hemos hablado en otras ocasiones de cómo la insuficiencia en el número de tests, o la limitación del número oficial de decesos a los casos hospitalarios, introduce sesgos difíciles de tratar. La información está enterrada bajo ese ruido.

Consideremos las dos medidas públicas más obvias de la epidemia en España: el número confirmado de nuevos contagios y el número diario de defunciones. En ambos casos, los mostramos con sus ajustes a dos modelos inspirados en versiones simplificadas de la evolución epidemiológica (figura 1):

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2 comentarios

  1. Se agradecen esfuerzo, aportación de datos y fuentes, prudencia en las afirmaciones.
    Saludos y Salud.

    PD: Párrafo final artículo en The Guardian. Devi Sridhar. Universidad de Edimburgo.

    «No hay una solución fácil. Los próximos meses incluirán un frágil acto de equilibrio
    entre los intereses de la salud pública, la sociedad y la economía, con gobiernos más
    dependientes entre sí que nunca. Si bien la mitad de la batalla consistirá en desarrollar
    las herramientas para tratar el virus (una vacuna, terapias antivirales y pruebas de
    diagnóstico rápido), la otra mitad será fabricar suficientes dosis, distribuirlas de manera
    justa y equitativa, y garantizar que lleguen a las personas de todo el mundo.»

  2. Gracias, señores, por el artículo y el comentario.

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