Ocio y Vicio Sociedad

Instrucciones desastrosas para resucitar en el infierno

toynbeeee
El cineasta Jon Foy junto a una placa Toynbee en Filadelfia, Estados Unidos, durante la grabación de Resurrect Dead, 2011. Imagen: Steve Weinik / Land of Missing Parts Productions.

Vamos a morir todos. Pero vamos a resucitar en Júpiter. Este es el secreto algo alarmante que desde hace más de treinta años vienen propagando las placas Toynbee por el mundo, desde Filadelfia hasta Santiago de Chile, de Washington D. C. a Buenos Aires. Incrustadas en el asfalto de autopistas, en túneles, entre las franjas de los pasos de cebra o en la mismísima Times Square, las cerca de doscientas placas Toynbee llevan lustros anunciando la fatídica resurrección eterna interplanetaria y también incendiando la imaginación de periodistas, artistas urbanos, fanáticos conspiranoicos y documentalistas de leyendas urbanas de todo tipo. Porque de las placas Toynbee (feas, raras, mal confeccionadas) se sabe poco más aparte de su ubicación, pero el misterio más potente no es su mensaje, por muy críptico que sea. El enigma que aún no se ha resuelto después de mil intentos es el de su autoría. 

Todo empezó en los ochenta, cómo no. Qué tendrán los ochenta, esa década en Kodachrome que ocultaba la sonrisa sin labios de Reagan a poco que rascaras. Sabemos que empezaron a colocarse en esos años en que MacGyver y Alf nos hablaban desde la pantalla de acuario de nuestros televisores, pero no fue hasta mediados de los noventa cuando Justin Duerr, un ilustrador veinteañero que malvivía repartiendo comida a domicilio, descubrió una noche la primera placa en su barrio de Filadelfia. Ahí, en el asfalto de la solitaria calle de Chestnut Hill.

TOYNBEE IDEA

IN MOVIE ´2001

RESURRECT DEAD

ON PLANET JUPITER

Eso decía: «Idea de Toynbee / En la película 2001 / Resucitar muertos / En el planeta Júpiter». Tal como cuenta en el documental Resurrect Dead de Jon Foy, que fue premio a la dirección en Sundance en el 2011, cuando descubrió la placa, de unos treinta por quince centímetros (el tamaño de una matrícula de coche), solo se extrañó. Era bastante rara y por supuesto no tenía ni idea de lo que quería decir. Probablemente había pasado cien veces por encima sin verla, además, así que empezó a prestar más atención por donde pisaba en sus recorridos nocturnos por la ciudad o al salir de la casa okupa donde vivía. Muy pronto encontró otras en los alrededores, la mayoría en las calles Chestnut y Waltnut, su barrio, pero también por toda la ciudad. Por decenas.

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4 comentarios

  1. Gracias por este tipo de artículos, la verdad son muy interesantes

  2. Este tipo de artículos son por lo que amamos JD. Artículos sin ningún interés aparente, desconectado de la urgencia diaria. Artículos que se esconden bajo un título genérico que no da pistas de su temática… Y que sin embargo son geniales. Como trufas en medio del campo, hay que luchar mucho para encontrar uno… Pero cuando lo haces, merece la pena!

  3. «Cargaos a todos los periodistas. Os lo ruego.» Es la idea más razonable de Toynbee. Pero mucho me temo que, aparte de estar prohibido, no será tan fácil acabar con la tercera profesión más antigua del mundo. XD

  4. 1000 grados bajo cero?? Una temperatura imposible en todas las escalas que conozco XD.

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