Cine y TV

Yankee go home

El tercer hombre. Imagen: British Lion Film Corporation.

… hombre

La chica se lo ha dicho de todas las maneras posibles. Le ha dicho que se vaya. Le ha dicho que se calle. Le ha pedido que deje de incordiar cada vez que llega la policía. Después, cuando él se le declara de la manera más cafre, le explica con ausente dulzura que, si la llamara para preguntarle si tiene el pelo rubio o castaño o si lleva bigotito, no sabría qué responder. Se pasa la película llamándole por el nombre del otro. La única vez que recuerda su nombre es para reírse de lo ridículo que es.

Todo eso mientras todavía le aguanta. Cuando descubre que su operación de rescate es la excusa cobarde de su traición, las últimas palabras que le dirige son de profundo desprecio: «Mírate al espejo», le dice. «Hay un nombre para caras como esa». Este es el único momento en el que Holly le produce a Anna algo más que la irritación impersonal que nos genera una lluvia inconveniente o un ruidoso mosquito que se cuela en la habitación.

Con todo, y después de traicionar y matar al hombre que ella ama, Holly Martins aún tiene la audacia de presentarse en el funeral y esperarla a la salida del cementerio, cuando entierran a Harry Lime por segunda vez. El suyo es, sin duda, un caso agudo de disonancia cognitiva, donde el afectado cree estar protagonizando una historia que no existe o que, si existe, no quiere saber nada de él.

Narcisismo made in America

El americano imagina que es el forastero que llega al pueblo, se enfrenta a la autoridad, venga al amigo y salva a la chica para abandonar el pueblo en un plano centrado, cabalgando hacia el sol. Su cabeza está llena de los wésterns de poca monta que escribe. Lo que de verdad está pasando es que ha llegado a Viena sin un chavo, ha visto a la bella Anna en el funeral y se ha inventado una trama heroica como excusa para perseguir a la chica y de paso quedarse en el hotel por cuenta ajena y vaciarle el minibar.

Todos los demás personajes intentan corregir su error con irritación creciente. El paciente mayor Calloway hasta le dice: «Esto no es Santa Fe. Yo no soy un sheriff y tú no eres un cowboy». Hasta el mismísimo Harry le dice que no sea melodramático. Cuando un hombre que acaba de fingir su propia muerte te llama melodramático, hay que saber recular. Esto no es lo único que le dice Harry en la noria.

«En los treinta años que estuvieron los Borgia en Italia hubo guerra, terror, asesinato y derramamiento de sangre —le explica—. Pero de ahí salieron Michelangelo, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza tenían amor fraternal, quinientos años de paz y democracia. Y, ¿qué salió de todo eso? El reloj de cuco». ¿Hay mejor analogía del abismo que separa a los dos hombres? Un abismo que no es moral sino de clase: el turista que inventa cuentos de buenos y malos para disfrazar su mezquindad de heroísmo y el canalla más grande que la vida misma cuya energía es tan intensa que le pega fuego a todo y, ardiendo, lo hace brillar.

Antes canalla que hipócrita

Hasta el gato prefiere a Harry. Y cuando por fin aparece en la puerta de la Schreyvogelgasse, con esa sonrisa magnífica iluminada con adoración, nosotros caemos también hechizados. Porque Harry es un canalla, pero, en esa Viena derrotada, hambrienta, dividida y paranoica, su energía es oro puro, un triunfo de la imaginación. Y el americano es un pelele que quiere sentirse valioso sin ofrecer nada de valor.

En ese mundo de planos en pico, la lealtad de Anna es la otra cosa que le da sentido a la vida. Por eso cuando se marcha, caminando no de espaldas sino de frente, su plano es perfectamente equilibrado, centrado y sólido como la verdad misma.

Solo una cosa nos desequilibra el plano y es la irritante presencia de Holly Martins. Para Anna ya no existe. Vuelve a ser solo un mosquito en la habitación.

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10 Comentarios

  1. Winston Idub

    Bueno. Más bien, Holly Martins no es tan malo solo algo crédulo. Harry Lime es un psicópata narcisista de primera al que no le importa haber matado a mucha gente con penicilina adulterada.
    Al final de la historia Holly intenta hacer lo correcto y evitar que los rusos se lleven a la chica

    • Algunos entendemos perfectamente a Holly. No podía hacer otra cosa, aunque le tocara perder. La autora del artículo no ha entendido nada: el pobre Martins ya se lo imagina (por eso se queda en su sitio sin molestarse en correr tras la chica cuando pasa de largo), pero es incapaz de abandonar la última esperanza.
      En resumen: nunca se lo hubiera perdonado a sí mismo si no lo intentaba. Siempre se hubiera estado repitiendo: «¿y si me hubiese perdonado? ¿Y si…?». Así al menos se queda tranquilo; para nada satisfecho, pero tranquilo: hizo todo lo que pudo. No sirvió de nada, pero por lo menos lo intentó.
      Dicen que si no lo intentas, nunca lo sabrás. Todos los que escriben manuales de auto-ayuda deberían ver esta película.

  2. Increíblemente estoy viendo la película en este mismo momento.

  3. Martins y Lime se encontraron en el Prater, subieron a la Noria de Viena y ahí Lime le confirmó que traficaba con penicilina, que Anna le importaba bien poco, que las muertes eran insignificantes y lo invitó a unirse en el negocio, además le informó que el cadáver que enterraron era el de Harbin, su intermediario con el hospital. Fuente: wikipedia, El tercer hombre, novela

    Harry Lime es brillante, habla bien, tiene encanto y carisma. ¿Cuánto se le puede disculpar (o comprender) de sus acciones por su personalidad? Se podría aplicar este baremo a otras personas y otras acciones? Y, sí, estoy pensando en Celine

  4. Una última cosa, si alguna vez me tocara dar una charla motivacional de esas que se han puesto de moda, la ilustraría precisamente con esa escena: nadie puede tener mayor motivación que Holly Martins para intentar, por lo menos intentar, algo que en el fondo sabe que es prácticamente imposible.

  5. Un amigo de un tío mío tenía a su vez un tío trabajando en el rodaje del Tercer Hombre y contaba que esta secuencia final acababa con Joseph Cotten abriéndose la bragueta y echando una larga y cálida meada apuntando en dirección a la Valli y cagándose en sus muertos. Lo que pasa es que a alguien no le gustó este final y cortaron por lo sano, con lo que se perdió bastante en fuerza, bajo mi punto de vista.

  6. «El canalla más grande que la vida misma cuya energía es tan intensa que le pega fuego a todo y, ardiendo, lo hace brillar.»

    Apología de los malotes, en suma. Y cuando la dama está ardiendo por su culpa, a llorar al hombro de los Holly Martins de turno.

  7. Pipoprado

    Por cada Anna hay 10 mujeres odiaharrys, pero lo otro da más juego. Suiza solo hay una, y si no existiera habría que inventarla, como la hipocresía.

  8. A ver, un tío que hace negocio adulterando penicilina que luego no podrá salvar la vida de mucha gente (niños parece ser) es un hijo de la gran puta se mire como se mire. La tipa que lo sabe y a pesar de ello sigue pegada a él como una perra, es otra grandísima hija de puta. Y el tercero en discordia, no voy a decir lo mismo de él, pero le falta dignidad y entereza para enviarla a tomar «por saco». Y todos los que se sientan atraídos por Harry Lime, pues ya saben lo que son y si no lo sabían, se enteran ahora.

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