
Esto de la ideología es cosa que va por barrios y hasta por ventanas, razón por la que vemos colgadas banderas españolas con o sin crespón, republicanas, senyeras y esteladas. A diferencia de las ideas, los vecinos LGTBI+ viven en todas partes, y ese debería ser motivo suficiente para que la arcoíris luzca al azar en todo balcón donde se sientan identificados con su lucha. Pero aquí las banderas las usamos sobre todo para echárnoslas en cara, y con esta no íbamos a ser menos.
Con motivo de la Semana del Orgullo, que termina mañana, la Asociación de Abogados Cristianos ha emprendido una campaña de denuncias contra el alzado en ayuntamientos y sedes oficiales de la enseña LGTBI+. En el Ayuntamiento de Cádiz con éxito, el juez ordenaba su retirada como medida cautelar, y en la Diputación de Valladolid lo mismo. En Alcalá de Henares ocurrió todo lo contrario: con un escrito muy castizo el juez José Yusti Bastarreche (el mismo que paralizó la exhumación de Franco porque mover la losa de la sepultura era un «riesgo para la vida») alegó que lo de colgar reposteros es una costumbre muy española. Reposteros, esos paños con heráldicas, emblemas de cofradías y otros que suelen verse sobre todo en Semana Santa y fiestas patronales, y que su señoría ha igualado a la bandera arcoíris. Si unos tienen valor religioso o fundacional por ser emblema de las villas, la bandera arcoíris, y siempre según sus palabras defiende la igualdad entre todos los ciudadanos, valor constitucional que cualquier institución o servidor público tiene la obligación de defender.
Pero somos o no somos gay friendly
Sí. Según este estudio internacional desde 2013 seguimos siendo el país con más aceptación por parte de la población de personas LGTBI+. Al 88% nos dan igual las preferencias de género de los demás. Dicho así suena bonito, pero en España solo un 38% de las personas de este colectivo se atreven a manifestar su condición en el trabajo. La práctica totalidad de personas trans no encuentran trabajo por su aspecto y condición. Reivindicaciones tan poco agresivas y lesivas como incluir la bandera del arcoíris en los buzones de Correos, en la cuenta de Twitter de la Guardia Civil y en instituciones exacerban el odio y el rechazo de ese 12% de nuestra población que no admite la diversidad. Con el colectivo de Abogados Cristianos siempre a la cabeza, y la diputada Macarena Olona en representación de Vox y pidiendo la dimisión del ministro del interior Grande Marlaska.
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TERF no es una «identidad no de género reivindicada, y que engloba a aquellas mujeres transexuales que defienden el feminismo»; ni tampoco a estas mujeres «se las insulta con el término TERF». TERF, del inglés Trans-Exclusionary Radical Feminist, que podría traducirse como feminista radical transexcluyente, se refiere, precisamente al contrario, al feminismo que excluye a las mujeres trans de las reivindicaciones feministas por no considerarlas mujeres. El término TERF se utiliza contra esta tendencia del feminismo, no contra las mujeres trans.
Hemos mejorado muchísimo en España en esta materia. Me apena enormemente la fobia que hay en países del Este, tales como Rusia. Ahí si que es una vergüenza en general el trato al colectivo. Qué impotencia.