
En los convulsos años treinta de la depresión económica, los estertores de la ley seca y el gangsterismo, la aparición de la novela negra estadounidense supuso una ruptura con la tradición literaria policiaca previa, al sacar el crimen de los salones de la alta sociedad para devolverlo a las calles y, en consecuencia, dar carta de nacimiento a un nuevo tipo de literatura popular. En su libro Talking About Detective Fiction, la británica P. D. James comenta que la narrativa detectivesca tradicional «pertenece a la tradición de la novela inglesa que ve el crimen, la violencia y el caos social como una aberración, y la virtud y el orden como la norma por la que luchan las personas razonables, y que confirma nuestra creencia, a pesar de las pruebas que demuestran lo contrario, de que vivimos en un universo racional, comprensible y moral». Por el contrario, la novela negra que surge al otro lado del Atlántico es producto de las radicales transformaciones de la sociedad capitalista, y en sus páginas subyace un permanente cuestionamiento del sistema. La clave de la trama ya no reside en descubrir al criminal (¿quién?), sino en analizar sus motivaciones (¿por qué?) e investigar las causas que le empujan al delito, circunscrito en un entorno social basado en la explotación, el consumo y la marginalidad.
No por casualidad, el auge inicial de la novela negra coincide con la explosión de una nueva cultura marcada por el crecimiento urbano y los medios de masas, que permitiría la aparición de las revistas de quiosco impresas en pasta o pulpa de celulosa, material a base de madera barata que pone al alcance del lector medio cabeceras como Black Mask, donde comienzan a publicar novelistas como Dashiell Hammett, autor de Cosecha roja, considerada la obra fundacional del género, que fue editada como libro en 1929, pero había comenzado a aparecer por entregas en noviembre de 1927 en la citada revista.
El nuevo estilo literario, también conocido como hard-boiled y representado por autores como el mismo Hammett, Raymond Chandler, James M. Cain, Chester Himes, Horace McCoy o Jim Thompson, se caracteriza por su tono marcadamente realista, la ambigüedad moral de sus personajes y el traslado del protagonismo de la policía (corrupta y brutal en la mayoría de casos) al investigador privado de perfil escéptico y actitud descreída. Como explicó el propio Chandler en El simple arte de matar, la novela negra describe «un mundo en el que nadie puede caminar tranquilo por una calle oscura, porque la ley y el orden son cosas sobre las cuales hablamos, pero que nos abstenemos de practicar. No es extraño que un hombre sea asesinado, pero a veces resulta extraño que lo asesinen por tan poca cosa y que su muerte sea el sello de lo que llamamos civilización».
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La mejor receta para la novela policiaca: el detective no debe saber nunca más que el lector…
https://youtu.be/ZsQjfHz8c_c
Y esta basura de spam a un video sin relación? Sólo por lo capcioso, el video se ha llevado un negativo.
Los ‘negativos’ que usted se merece son muchos, por no conocer usted al detective Manuel Montano.
https://youtu.be/j2x3vHP036g
Pues ya no necesito leer la novela, ya conozco todos los pormenores, incluso los sorpresivos…
Muy buen el artículo reivindicando la novela negra española.