Arte y Letras Historia

Yo, bastardo

Detalle de Hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci. yo bastardo

Este artículo está disponible en papel en nuestra tienda online

EDMUNDO: […] ¿A qué ese nombre de bastardo? ¿Por qué no he de ser ilustre cuando las proporciones de mi cuerpo se hallan tan bien formadas, mi alma es tan noble y mi estatura tan perfecta como si hubiese nacido de una honesta matrona?

(William Shakespeare, El rey Lear)

El amor, para ellos, era una mera compensación a su maldición. Eran el astroso producto de la deshonra, el fruto de un error de cálculo. Accidentes carnales, perdedores antes de comenzar la partida. No eran culpables del delito haber sido concebidos fuera de los límites sociales del matrimoniopero sí destinatarios de una condena vital por ese pecado ajeno. Jamás serían legítimos, siempre alguien, en algún lugar, resentiría su existencia. Un hombre que renegó de ellos, una mujer que los engendró y los abandonó, o ambas cosas. Unos padres que a ojos de la sociedad no era una  pareja homologada para alumbrar a nadie más que a sus propios instintos. Toda su herencia era un estigma envenenado. Y por eso serían bastardos, hijos ilegítimos, seres espurios, no reconocidos. Sinónimos para siempre de abandono, vergüenza, error y culpa. A cambio, podían abrigarse en el apelativo más cálido de «hijos del amor», aunque se congelaran de ironía. 

Hoy ninguna biografía empieza por ahí. «Bastardo» no es el término biográfico que nos asalta al referir a Steve Jobs o Marilyn Monroe, o al menos no de esa literal manera. El léxico ha evolucionado dotando de nuevos matices a la bastardía, y la sociedad también. Hoy son «hijos de puta», ayer eran apestados. Escribimos de ellos como se escribe de los estigmas que han sido absorbidos por la historia, digeridos y devueltos con un nuevo significante. Todavía vive gente que destacaría que el mito cinematográfico o el genio de la tecnología lo fueron a pesar de ser bastardos, porque fue así durante unos cuantos siglos. No todos. Y no siempre. También en la deshonra hubo jerarquías, y los bastardos reales no estaban despojados de derechos porque podían llegar y de hecho, llegaron a ser reyes y reinas, duques, condes, obispos y papas.

Lo jodido era lo otro. Ser bastardo y no tener sangre real o nacer de la Edad Media en adelante. Porque, como decíamos, el baldón difícilmente superable que supuso la bastardía no fue así desde el principio de los tiempos. En Grecia y Roma, qué duda cabe, también se engendraban hijos fuera del matrimonio, se cometía adulterio y se sucumbía a los placeres del sexo extramarital, pero era visto como una ocurrencia cotidiana. No había estigma moral ni social para esos hijos, ni era motivo de burlas y ofensas; aunque precisamente fue en esta época cuando surgió el concepto «legítimo» que luego se pervirtió. Este no aludía a su concepción ni a su teórica anomalía, si no a una cuestión legal: la herencia de los padres. Los niños nacidos dentro del matrimonio eran los legítimos herederos, única distinción con sus hermanos que gozaban, por lo demás, de idéntica consideración social.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*