
I am stressed and very tense… but still stable. (Inscripción de una taza para amantes de la tensegridad).
Un mecanismo evolutivo nos ha dotado de una cierta intuición para la inestabilidad estructural. Es decir, tenemos la capacidad de evaluar si es buena idea colocarnos debajo de una rama enorme astillada o cerca de la piedra gorda que amenaza con empezar a rodar de un momento a otro. Este comportamiento se ha observado incluso en tribus aisladas que viven felices desconociendo las leyes de Newton. La naturaleza es sabia, porque tener tendencia a morir aplastado no es una buena estrategia para perpetuar los genes. Por si fuera poco, hay personas que, durante una posadolescencia compleja, toman decisiones locas, como emprender carreras universitarias donde se profundiza y sistematiza la compresión de los principios estáticos. Así, acaban enfrentándose a configuraciones estructurales fruto de desvaríos psicópatas de sádicos profesores con el presunto fin de evaluar si el alumnado es capaz de identificar aquellas que tienen boletos de acabar en desastre. En resumen, el ser humano como especie y, dentro de ella, algunos especímenes, en especial, están suficientemente preparados para concluir tras un vistazo rápido si una estructura les transmite seguridad. Pero cualquiera de ellos experimenta la misma reacción cuando observa por primera vez una estructura tensegrítica: cómo coño se sostiene eso.
Tensegrity qué es
El término en castellano tensegridad proviene de una traducción más o menos afortunada de tensegrity, el concepto creado por el ínclito Richard Buckminster Fuller como contracción de tensional integrity (integridad tensional). Hay una larga bibliografía que ahonda en la autoría de las estructuras tensegríticas más allá del concepto en sí que ideó Fuller, pero se resume en que varias personas (el propio Fuller, el escultor Kenneth D. Snelson y el arquitecto David Georges Emmerich) llegaron a mediados del siglo XX a conclusiones similares a las que treinta años antes llegó el artista Karl Johansson. El caso es que dentro del concepto de tensegridad se agrupan estas estructuras que cuestionan el sentido común porque parece imposible que no colapsen: en general, consisten en barras en una disposición más o menos caótica que, en la distancia, aparentan flotar en el aire como si fuera una foto de un huracán en plena devastación de una construcción de madera, mientras que de cerca se aprecia que están inmersas en una telaraña de cables. Desde el punto de vista físico, para ser considerada como tensegridad, la estructura ha de cumplir una serie de condiciones.
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