The Crown ha muerto, larga vida a The Crown

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The Crown. Imagen: Netflix.

El 22 de agosto de 1954, los monarcas de toda Europa y sus hijos mayores de quince años se dieron cita en el puerto de Nápoles y embarcaron juntos en el Agamemnon, un crucero que les llevó durante trece días por el mar Egeo y las islas griegas. Eran ciento cuatro pasajeros en total, todos monarcas reinantes, reyes y reinas en el exilio y jefes y jefas de linajes depuestos de su trono, como los de Francia, Italia y España. Fue una reunión inaudita, un acontecimiento como no se recuerda otro en las crónicas de sociedad. Si las monarquías hubieran regresado aquel día por arte de magia a todos los territorios del mundo, los pasajeros de aquel barco habrían sido los soberanos de un tercio del planeta.

El objetivo oficial del viaje, organizado por la reina Federica de Grecia y costeado por la corona griega, era promocionar el Egeo como destino del turismo marítimo. El verdadero propósito del Agamemnon, sin embargo, era recomponer los lazos entre las dinastías europeas, muy maltrechos tras la Segunda Guerra Mundial, y promover conexiones sentimentales entre los herederos de las casas reales. Allí se conocieron, sin ir más lejos, el entonces infante Juan Carlos y la propia hija de Federica, Sofía, que contaban ambos dieciséis años.

El filósofo Roland Barthes habló sobre el Agamemnon en su Mitologías de 1957, un clásico de la semiología donde disecciona algunos procesos de mitificación que tienen lugar en nuestro tiempo al calor del cine, la televisión y otros medios de comunicación de masas. Barthes nos cuenta que, lo mismo que los reyes del mundo parecieron modernizarse todos de golpe aquella mañana en el puerto de Nápoles, también lo hicieron los reporteros que cubrieron el evento durante las dos semanas siguientes. Era la primera vez que los monarcas se reunían en número semejante con ocasión de algo que no fuese una boda, una coronación o un funeral de Estado. No iban a completar ninguna liturgia, nadie llevaría joyas históricas ni valiosísimas tiaras, no había indumentarias cargadas de simbolismo que requiriesen una pormenorizada decodificación, pero la prensa se adaptó enseguida a la nueva situación que comportaban todas aquellas carencias. Ahora se insistiría en la humanidad rasa de los personajes, se informaría con machaconería sobre su condición de personas corrientes y molientes. Seres humanos haciendo cosas propias de seres humanos, esa era la noticia a bordo del Agamemnon. Se trataba, a decir de Barthes, de una nueva forma de deificación. Lo que vino a decir fue esto:

Los gestos neutros de la vida cotidiana en el Agamemnon cobran carácter de exorbitante audacia, como esas fantasías creativas donde la naturaleza transgrede sus reinos: ¡los reyes se afeitan solos! Este rasgo fue comentado por nuestra gran prensa como un acto de singularidad increíble, como si, con él, los reyes aceptaran arriesgar toda su realeza y en ese acto afirmaran su fe en la naturaleza indestructible de la misma […]. Otra manifestación democrática: levantarse a las seis de la mañana. Esto informa, por antífrasis, sobre un ideal de la vida cotidiana: llevar puños, hacerse afeitar por un siervo, levantarse tarde. Al renunciar a esos privilegios, los reyes los elevan aún más en el cielo del sueño; su sacrificio […] coloca en la eternidad esos signos de la dicha cotidiana.

La patología de tal entretenimiento es grave; uno se divierte con una contradicción cuando se suponen muy alejados los términos de esta. Dicho de otro modo, los reyes son de una esencia sobrehumana y cuando toman temporalmente ciertas formas de vida democrática, solo puede tratarse de una encarnación contra natura, posible, únicamente, por condescendencia. Mostrar que los reyes son capaces de prosaísmo es reconocer que esa situación les resulta tan natural como el angelismo al común de los mortales; es verificar que el rey sigue siéndolo por derecho divino.

Si se cuenta usted entre los espectadores de The Crown, la serie de Netflix en la que se recrean los azares de la familia real británica, sabrá que el estreno de la cuarta temporada ha levantado una polvareda terrible en Reino Unido. El problema, dicen, es la verosimilitud. Es una serie tan verosímil, tan verosímil, con unos escenarios tan realistas, tan realistas y unos personajes tan humanos, tan humanos, que se corre el riesgo de que muchos espectadores la confundan con la propia realidad. Hasta el ministro de cultura británico, Oliver Dowden, ha pedido públicamente a Netflix que incorpore una cartela al inicio de cada episodio indicando que se trata de una serie de ficción. Roland Barthes, tan aficionado a salpimentar sus ensayos con unas gotitas de venenito, decía en su Mitologías que «nuestra prensa semanal es la sede de una verdadera magistratura de la conciencia y del consejo, como en los más bellos tiempos de los jesuitas». Tiembla uno de pensar qué diría hoy, si viviera, sobre ciertos ministros de cultura.

El Agamemnon no apareció en la primera temporada de The Crown, cuando le correspondía hacerlo cronológicamente. Hay una buena razón: todos los linajes reales europeos respondieron a la invitación de Federica de Grecia excepto los Windsor (aunque Felipe de Edimburgo, el marido de la Isabel II, emparenta directamente con la familia real griega, Grecia y Reino Unido se disputaban entonces el control de Chipre y aquel conflicto no se resolvió hasta varios años más tarde). Lo que sí apareció retratado en la serie fue la filmación de Royal Family, un documental televisivo producido por la BBC en 1968 que explotaba este nuevo tratamiento de la realeza que puso de moda el Agamemnon y del que la familia real británica no había disfrutado hasta entonces sencillamente porque no habían formado parte de aquella expedición. Fue en el cuarto capítulo de la tercera temporada.

A diferencia de lo que ocurrió con los pasajeros del barco griego, los Windsor no salieron favorecidos en aquel retrato, o eso fue lo que ellos mismos consideraron. Se emitió por primera vez en junio de 1969 y fue visto por la friolera de treinta millones de personas, pero la corona acabó pidiendo que no se repusiera en televisión y se arrogó los derechos de emisión del documental, que lleva requisado desde entonces. Se dijeron muchas cosas acerca de la pieza, pero quizá todas pueden resumirse en aquello que le reprochó David Attemborough, entonces director de programación de BBC 2, al director del documental, Richard Cawnston: «Estás matando a la monarquía con la película esa que estás haciendo. Esa institución depende del misticismo y del jefe tribal en su choza. Si algún miembro de la tribu consigue echar un vistazo dentro de la choza todo el sistema de jefatura tribal se ve dañado y, al final, la propia tribu se desintegra».

En otras palabras: era un espectáculo demasiado verosímil, con escenarios demasiado realistas y personajes demasiado humanos. Era eso mismo que ahora es The Crown.

¿Es cierto, entonces, que la humanidad neutraliza a la majestad, como decía Attemborough? ¿Es cierto eso mismo que nos explicaba el exrey Eduardo VIII en la propia The Crown a colación de la coronación de su sobrina? ¿Acaso se equivocaba tanto Roland Barthes cuando decía exactamente lo contrario, que dispensar a los reyes el mismo trato que a los mortales mientras se les permite seguir siendo reyes es una forma terrible, quizá la peor, de someterse al vasallaje? A nosotros no nos lo parece. Insistir en la normalidad de los monarcas, presentar como noticia que ellos también hacen pis y caca, que no desaparecen de la existencia cuando se les deja de mirar, como si fuesen partículas cuánticas, constituye una afirmación: que todo eso, lo normal para nosotros, es extraordinario para ellos, aunque vivan sometidos igualmente a ello. Y que acatar el régimen de lo obligatorio comporta, en su caso, cierto grado de heroicidad moral.

Tiene usted que ver The Crown, eso puede tenerlo claro. Es una serie soberbia, un verdadero hito en la historia misma de la televisión. Oro puro y nada más. Ni siquiera vemos necesario puntuarla pormenorizadamente en las distintas disciplinas cinematográficas que existen; para qué, si The Crown es excelente en todas. Si le duele que sus picotazos y pellizquitos de monja acaben cimentando todavía más la mitificación de los reyes ingleses, aunque sea de forma un tanto abstracta, tenga presente lo evidente: que no podría ser de otra manera. Una serie sobre los Windsor solamente podría ser buena poniéndolos a caer de un burro, como hace The Crown cumplidamente, y eso, mientras los propios reyes existan, solo tendrá el efecto de encumbrarlos todavía más, como advertía Barthes. Si no le gustan a usted los reyes, el problema que tiene no es The Crown y ni siquiera lo son los reyes. El problema que tiene usted es que siete de cada diez británicos, que es una barbaridad de gente, se confiesan monárquicos y dicen estar encantados con la idea de tener un dios encarnado viviendo en el palacio de Buckingham. Y si le extraña que luego sean ellos los que más disfrutan crucificándolo, eso es que no ha leído usted la Biblia atentamente.

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50 Comentarios

  1. Discrepo. Las 2 primeras temporadas, salpimentadas por episodios políticos y sociales de primera magnitud, generaban un contexto que engrandecía la serie, todo ello amplificado por la majestuosa (nunca mejor dicho) interpretación de los actores, en especial de Claire Foy. A partir de la 3ª se empieza a poner el foco en la monarquía pasando de puntillas sobre la política, lo que la hizo tremendamente decepcionante, incluyendo las interpretaciones de los actores. Para mí Olivia Colman no está tan «increíble» como parece coincidir la crítica en general, en mi opinión Claire Foy le pasa por encima. Y luego está el desastre de la 4ª temporada, con un personaje sin interés como Lady Di que es la mayor protagonista, aderezado con las ridículas imitaciones de Tobias Menzies (Felipe de Edimburgo), Gillian Anderson (Margaret Thatcher) y Josh O’ Connor (Carlos). No interpretan, se limitan a imitar hasta la caricatura. El episodio que más me gustó fue el de «Michael Fagan». Pero se trata lo de las Malvinas de forma superficial, así como las revueltas sociales derivadas de las políticas de Thatcher para centrarse (de nuevo) en lo superfluo. Es una serie que claramente ha ido de más a menos, aunque los 11 millones de € de presupuesto de cada capítulo maquillen su pobreza narrativa en estas 2 últimas temporadas.

      • Estoy de acuerdo con esta opinión, creo q quienes amamos todo lo relacionado con la Realeza, como yo, disfrutamos de esta serie, y de otras similares, Los últimos Zares, por ejemplo, sin profundizar tanto en verdad o ficción, sencillamente, sumergirnos por unas horas en esas vidas, privilegiadas, si, pero muy sacrificadas también, y además de ampliar nuestros conocimientos sobre este sistema de vida de también seres humanos, entretenemos y alejarnos un poco de este momento Yam difícil q está viviendo la Humanidad. Y esperar con ansias que lleguen las nuevas temporadas, y que Netflix nos ofrezca nuevas series de otras casas reales.

    • No estoy de acuerdo, realmente es una serie para disfrutar, y hay que olvidar un poco la rigurosidad periodística para ello pero muestra muy bien ese aspecto de enaltecimiento de la monarquía de los Habitantes pertenecientes al Reino Unido, basta ver lo que provoca en Australia, a pesar del Primer Ministro australiano, la visita de Diana y Carlos, era una locura todos vivían una nube de romanticismo con la pareja real pero sobre todo con Diana… Excelente serie, coincido que capítulo de Fagan es extraordinario, y extraordinaria la serenidad de la Reina,…. Buenisima

      • Bueno, ese fervor costaría encontrarlo hoy día, donde la proliferación de medios de comunicación que han destapado las vergüenzas, corruptelas y connivencias con dictaduras de las monarquías ha minimizado el apoyo que pueda tener cualquier casa real en el mundo real. Que los británicos sean monárquicos no deja de ser un vestigio del colonialismo y superioridad moral que siempre han ejercido por el mundo, y en ese sentido su monarquía representa como ninguna otra ese poder de concentración, al ser la reina también de los países de la Commonwealth. Pero las monarquías, como tales, no resisten el más mínimo análisis y justificación hoy día.

        • Es curioso, además, porque el entusiasmo hacia esta serie procede mayoritariamente de EE.UU y no del Reino Unido donde la recepción está siendo más crítica. Sospecho que tiene que ver con el chovinismo, al tratarse de un producto de Netflix (aunque su producción sea británica), y con cierto cansancio hacia Peter Morgan, que lleva 14 años explotando la vida privada y la historia de la reina de Inglaterra repitiendo el mismo esquema (‘The Queen’, »The Audience’, ‘The Crown’). Las grandes nominaciones y premios los está recibiendo en EE.UU (hay mucha pasta en juego), pero los Bafta siguen contemplando la serie con cierto desdén. Olivia Colman ni siquiera estuvo nominada y los índices de audiencia hasta la tercera temporada no fueron especialmente buenos. Los artículos más críticos y más lúcidos que he leído procedían del Reino Unido. En EE.UU las «soap operas» de sagas familiares poderosas o personajes de la realeza gustan mucho, pero el prestigio en lo que a disección de la monarquía y las «British upper classes» se refiere lo marca el Reino Unido y, en ese sentido, ‘The Crown’ no ha despertado ni muchísimo menos el fervor que ha tenido en EE.UU y otros países.

    • No conocia a Claire Foy ni a Olivia Colman. Ví The Crown completa y me asombró la gestualidad de Colman para denotar sus cambios de humor, sin profundos cambios en su rostro

    • Bastante deacuerdo.Muy decepcionante el cambio de actores.Existe la caracterización de actores q hubiera ayudado mucho a la continuidad de la serie.Decepcionada con este tema.

    • Creo que es una serie hecha con el objetivo de entretener. Quien desee profundizar sus conocimientos sobre las circunstancias económicas, políticas y sociales del Reino Unido, sabe perfectamente que debe abrir un libro.

      • De acuerdo totalmente… Si se quiere rigurosidad ir a leer libros de historia. Esta serie, es como una telenovela. Al verla siempre pensé que todos los diálogos eran idea de quien escribió el guión ya que en la intimidad de esas personas encumbradas nunca se sabrá lo que realmente sucedió y se dijeron entre ellos. También las ambientaciones son parecidas, el palacio de Buckingham sólo por fuera se parece, (por dentro lo conozco) Así como otros palacios, creo lo único que lograron imitar un poco fue la ropa, que es el menos importante de los detalles. ¡No se desgasten, es solo entretenimiento! sentir que estamos atisbando en un mundo negado al pueblo, es muy atrayente…

  2. Me temo que me toca disentir. ‘The Crown’ es una serie soberbia desde el punto de vista técnico y actoral, pero nada arriesgada ni original en lo que a sus guiones se refiere. Coincido totalmente en que «una serie sobre los Windsor solamente podría ser buena poniéndolos a caer de un burro», pero eso es precisamente lo que ‘The Crown’ no hace porque sus personajes están tan bien humanizados que todas sus sombras y defectos acaban siendo comprensibles y hasta perdonables. ‘The Crown’, al igual que ‘The Queen’ y ‘The Audience’ es ese ejercicio impecable de humanización de la realeza británica. Siempre pienso que ya le gustaría a la reina de Inglaterra parecerse al personaje interpretado por Helen Mirren en ‘The Queen’ o ‘The Audience’ o a la propia Claire Foy de las dos primeras temporadas de ‘The Crown’. ¡Qué leches! Hasta a mí me caen bien esas reinas Isabel. Al final, lo que está haciendo ‘The Crown’ es sacralizar la corona, recordarnos la importancia de la realeza y contarnos que, a pesar de sus limitaciones intelectuales, la reina Isabel ha cumplido de maravilla con su papel. Es una gran profesional. Peter Morgan no es Ricky Gervais, pero en el siglo XXI esperaba algo más original, desafiante y atrevido sobre esta caducada institución, sobre todo viniendo de un Reino Unido que, por muy idealizadas que tenga sus instituciones, no tiene ningún problema en ponerlas a caer de un burro.

    Por otro lado, hay algo en esta serie que me exaspera porque en el fondo es un fiel reflejo de la propia monarquía. Es una de las series con más presupuesto de todos los tiempos, la más costosa de Netflix. Cada capítulo cuenta con el presupuesto de una película independiente en EE.UU. Técnicamente es impecable porque tiene directores tan extraordinarios como Stephen Daldry y algunos de los mejores actores británicos. Para mí lo mejor de la serie es el descubrimiento de Claire Foy cuya interpretación de la reina Isabel me parece insuperable. Llevo muchos años admirando a Olivia Colman, pero todavía no he visto la tercera y cuarta temporadas, aunque de primeras jamás hubiera elegido a esta actriz para hacer de la reina porque creo que Colman es un espíritu libre que interpreta de manual a las «English upper classes» cuando son excéntricas y a los personajes «ordinarios», de clase trabajadora, pero tengo mis dudas sobre un personaje tan contenido y encorsetado como la reina de Inglaterra.

    A lo que iba, lo que me parece imbatible también es la maquinaria de relaciones públicas y publicidad que esta serie tiene detrás. Netflix es capaz de empapelar edificios enteros en el centro de las ciudades y medios de transporte con publicidad de esta y otras series. Tiene un arsenal de revistas como Vanity Fair, Haper’s Bazaar y Variety publicando decenas de artículos que no son más que publicidad disfrazada de periodismo a cambio de derechos exclusivos sobre la serie. Estamos hablando de un producto con una maquinaria publicitaria detrás contra la que es imposible competir, al igual que los pequeños movimientos sociales no pueden competir con la atención mediática que recibe cualquier chorrada que hace la realeza. ¿Puede una miniserie absolutamente excepcional como ‘The Virtues’ competir en términos de atención mediática con una serie como ‘The Crown’? Dirigida por un gran director como Shane Meadows y protagonizada por un sublime Stephen Graham, apenas ha tenido repercusión fuera del Reino Unido porque Channel 4 no puede competir mediáticamente con el rodillo de Netflix y la clase obrera británica no tiene el glamour de la realeza y las clases pudientes británicas. Podría poner más ejemplos de series británicas que considero muy superiores a ‘The Crown’, pero son bastante desconocidas porque al no tener un gigante como Netflix detrás no tienen apenas presencia mediática. No sé si es por una cuestión de chovinismo pero, afortunadamente, los BAFTA siguen premiando a estas series más modestas y no se están dejando deslumbrar por el fenómeno mediático ‘The Crown’, pero no sé cuánto tiempo van a lograr resistir esas pequeñas series frente a este Nike de la televisión que es Netflix.

    • Yo sí he visto «The Virtues» y otras series británicas extraordinarias como «The Thick of It», «Happy Valley», «The Shadow Line», «Gentleman Jack», «The Honourable Woman» o «Line of Duty», por poner unos cuantos ejemplos. No coincido en la excesiva loa que se le rinde por decreto a Olivia Colman. De un tiempo a esta parte parece obligado resaltarla en cualquier cosa que hace, sin perjuicio de que en «La Favorita» (la mejor película de 2019 junto a «Parásitos» en mi opinión) esté magnífica. En «The Crown» cumple, pero está a años luz de Claire Foy. No pasa nada por reconocerlo. Olivia no necesita que le doren la píldora por sistema.

      • Has nombrado tres que podría recomendar perfectamente: ‘Happy Valley’, ‘Gentleman Jack’ o ‘The Thick of It’. A mí Sarah Wainwright me encanta y estoy deseando que vuelva ‘Happy Valley’. Olivia Colman en ‘Broadchurch’, ‘Peep Show’ o ‘Fleabag’ está genial, pero no me parece una buena elección para interpretar a la reina de Inglaterra. Tampoco hubiera seleccionado a una gran actriz como Gillian Anderson para interpretar a Margaret Thatcher, mucho menos con Colman de Reina de Inglaterra. Thatcher solo era un poco más alta que la reina de Inglaterra, pero tenía una presencia física imponente, ocupaba el espacio de una manera muy física. Colman es mucho más alta y grande que Anderson cuando en la realidad, cuando estaban juntas, la figura de Thatcher se imponía a la de la reina de una forma avasalladora.

        Tampoco entiendo que la reina hable en privado con su familia de la misma manera que lo hace en público o los primeros ministros británicos. Por mucha reina que seas, tu forma de hablar en privado, con tu familia, no puede ser igual a la que usas para hablar en público. O que una mujer que ha recibido una educación tan limitada y que se nos presenta con una capacidad intelectual muy discreta se exprese de una manera tan impecable. Una cosa es su acento y otra su capacidad expresiva y su uso del lenguaje, y las intervenciones de la reina no se corresponden con las de una persona «de poco mundo» limitada intelectualmente.

  3. Me encanta la serie pero veo no se trabajan mucho los detalles Por ejemplo hay collares que le falta alguna perla los ojales y las mangas de algunos vestidos está muy mal cosidos En un capítulo la camisa de Diana está muy arrugada Y en una toma de uno de los salones cruza un ratón Pero sigo diciendo que me gusta mucho

    • Lo del ratón es cierto, me di cuenta y me extraña que no haya salido a colación en los innumerables artículos que han salido.

      • ¡Pero si yo había creído que el comentario de Juana Calvo era totalmente guasón! Voy por el tercer episodio de la cuarta temporada y me sigue pareciendo muy bueno casi todo, aunque es verdad que el personaje de Diana Spencer no promete demasiado. Lo cierto es que no le presté atención en su momento, a lo largo de los años; bueno, ni a ella ni a toda esa patulea de corte a su alrededor, porque la serie la veo como si todos esos personajes fueran totalmente ficticios y me importa un pimiento la verosimilitud con sus modelos en la realidad, modelos que nunca me han suscitado el más mínimo interés. Me encantan la factura visual, los guiones y los diálogos. En cada episodio tengo la sensación, al menos una vez, de que ha pasado algo realmente sublime por mi lado. Solo hay una cosa que no puedo comprender y es el hecho de que nadie, pero es que nadie, se queje de la absoluta oscuridad a la que Netflix nos somete en la mayoría de sus series. Momentos hay en que tres personajes están dialogando en pantalla y solo se puede apreciar (fugazmente) el brillo de sus ojos y el destello de sus dientes y no estoy exagerando, en alguna ocasión he sabido quién era el actor o actriz por el sonido de su voz antes de poder verle la cara. Todos parecen Al Jolson en «El cantor de jazz». Por suerte parece ser que hay una avispada empresa que, más lista que el hambre, va a lanzar una modalidad de linternas especiales que enfocadas directamente a la pantalla, permitirán distinguir a los actores a la primera aunque se les haya filmado sin un puto foco en una habitación a oscuras, como es el caso que nos ocupa. Espero que funcionen porque lo que es yo, con la linterna que tengo en casa no consigo nada. Me parece recordar que con «El jinete pálido» de Eastwood, la gente se levantaba y se iba del cine porque decían que no se veía nada…

        • Yo batalle mucho para apreciar la imagen de los interiores, para la 3ra y 4ta temporada la luz de las ventanas oscurese mucho los interiores ,quite el automotion de mi tv samsung y la opcion HDR» para poder apreciar un poco mejor tambien ajustando brillo,contraste ,nitidez y color ..lo deje imagen normal…y apague el modo deportes …Gillian Anderson hace un excelente papel..pero su personaje esta demasiado humanizado,blando y poco duro,las malvinas,ERI y las huelgas de mineros los tocan muy poco o nada importantes..si es ficcion ok yo esperaba un duelo entre la Reyna y Tatcher..pero no..no lo hubo y Olivia Coleman es buena solo eso…en fin…saludos.

        • Apreciado Maestro Ciruela siempre he tenido la sensación de la Diana Spencer real tenía la profundidad de un charco. Igual la han reflejado bien….

        • En tiempos de pandemia,miedo,susto,incertidumbre,desconocimiento, soledad,angustia,leer estos comentarios perfeccionistas,donde después de ver tanta enfermedad y muerte ,y darnos cuenta que los seres humanos no podemos nada.Ni un comentario desde lo emocional,lo sentimental,lo vincular,que alegrías y que tristezas transita esa gente,que parece tan lejana a cualquiera. Lo que quiso ser un entretenimiento termina siendo una competencia de eruditos pueriles,ni teniendo una pandemia sobrevolando consigue conectar los corazones

          • No entiendo muy bien tu comentario ni los argumentos «ad hominem» pero, si lo que buscas es «conectar tu corazón», te invito a ver la británica ‘The Virtues’, que es una de las miniseries que más me ha conmovido en los últimos años. Y, si encuentras un diálogo más sobrecogedor y emocionante que el que mantienen Joseph y Anna tras despertar Joseph, no dudes en compartirlo porque una escena que es capaz de remover tu corazón y tocarte de esa manera merece ser vista inmediatamente.

    • Exacto vi lo mismo cuando el el cuarto de televisión cruzaba un ratón . En lo particular el último capítulo la verdad no me gustó mucho , sentí que faltó mayor énfasis en cómo Diana se desenvolvió en cada visita que realizaba, en el amor que la gente le entregaba, en su amistad con Teresa de Calcuta. Obviamente que lo que se recalcó aquí fue el desamor que siempre sintió del príncipe Carlos y esta Camila!! Pero en general las 3 temporadas fueron maravillosas, me encantó muchísimo!!

  4. En mi opinión, la serie, que es muy buena en lo técnico, hace cosas buenas y otras no tanto. En las buenas: dejar que el espectador se haga preguntas.
    ¿De verdad son así?
    ¿Es la reina un ser humano que, ante todo, es reina y una profesional encomiable en su oficio de ser reina? Por ejemplo, en la tercera temporada, episodio tres, cuando cuenta lo de Aberfan, al final se demuestra que la reina sí que lamenta o que sí lamentó lo sucedido tirándose, eso sí no te pases, una sola lágrima, la cual necesita que suene de fondo un “Jesús, amor de mi alma, deja que a tu seno vuele cuando se desborden las aguas…”. Es decir, que la reina llora, pero hasta para llorar una sola lagrimita necesita de su parafernalia. ¿Reina por encima de todo o una mujer dura a la que le cuesta expresar sus sentimientos?
    ¿Es Carlos el único culpable del fracaso de su matrimonio con Diana que, en la serie, es poco más que una princesita desdichada?
    ¿Era la Thatcher tan insoportable? En la cuarta temporada, en la prueba de Balmoral, episodio muy cachondo y bueno, la reina es una mujer jovial que no duda en echarse al monte conduciendo un todo terreno ella misma para después patear y patear buscando a un ciervo herido, mientras la primera ministra, de su misma edad, hace el ridículo con los tacones, un llamativo vestido azul y perfume. La imagen de la reina ahí es tan limpia a pesar del barro.
    ¿Y de verdad que ni un solo ministro en ese montón de años la ha criticado en privado? Cuesta mucho creerlo.
    Por lo demás, la ambientación, los detalles, la banda sonora, Erin Doherty como la princesa Ana y Bonham Carter como su tía Margarita, son, a mi gusto, lo mejor.

    En las malas lo que han dicho en otros comentarios, pasar muy poco por encima de acontecimientos políticos importantes, como por ejemplo la Guerra de las Malvinas y el terrorismo del IRA. A lo que añado que parezca imposible que Margarita no supiera nada de sus discapacitadas primas. Las imitaciones, que no interpretaciones, de Carlos y Thatcher, que a veces, en el caso de Gilian Anderson, roza lo caricaturesco. Camilla, que resulta tan, tan estereotipada. Tobías Menzes haciendo de Felipe, -ni me gustó como Edmure Tully en “Juego de tronos” ni he podido aguantarlo aquí-, bastante lejos de la notable interpretación y caracterización de Matt Smith en las dos primeras tandas…Y otras cosas.

    Personalmente, me gusta muchísimo, pero más por mi subrepticia anglofilia que por la calidad de la serie en sí misma, que no es para nada baja. Y estoy deseando ver a Imelda Staunton en el papel de la monarca cuando reciba la noticia de la muerte de Diana. A ver si ahí la vuelven a poner como una humana extremadamente profesional o a caer de un burro, como si fuera una mujer sin sentimientos a la que, quizá, le importó muy poco la muerte de su célebre nuera. Pantanosas aguas les esperan a los creadores.

  5. Para mí Olivia Colman no tiene nada que la haga parecer una total, es muy robusta y su cara de facciones muy vulgares. Tobias Menzies habla con un acento extremadamente forzado para hacerlo parecer Upper clases y Ema Corrin insufrible y superflua en su interpretación de alguien tan carismático como lady Di. No me gustó el elenco para nada, desmerecen la serie y ojalá mejore para la quinta temporada

  6. La serie es muy buena, pero si se debe precisar que no es histórica, aunque se base en hechos ciertos.
    Por otro lado, ayer vi el Capítulo del tipo que se mete dos veces al Castillo, y me pareció por demás aburrido, y poco interesante. Creo que mejor les hubiera ido en hacer un Capítulo de cuando condecoración con MBE (Member of British Empire) a los Fab 4 (The Beatles) y ellos cantaron para la monarquía en un recital privado.
    Con eso se ganaban millones de beatlesmaniacos como nuevos seguidores.

  7. The crown habla mucha verdad de lo que paso en la vida de «la realesa», esta muy apegada a informacion y todos devemos recordar que si buscamos informacion vamos a encontrarla. Recordemos que the crown tiene muchas verdades y lo muestras de la mejor posible manera porque la verdad es dura.

    • No documenta la realidad ni lo pretende. Se trata de ficción histórica, basada en una familia y hechos reales, donde el creador se toma todo tipo de licencias. Los guiones están al servicio de la creación artística y lo que esta demanda, pero no deben tomarse como «la verdad» porque no lo es. Harold Macmillan no intentó impedir que la reina viajara a Ghana y la reina no lo hizo porque se sintiera eclipsada por Jackie Kennedy. Son licencias creativas que sirven al drama. Ese viaje estaba programado y se aplazó, Macmillan y Kennedy estaban encantados de que quisiera ir, pero los servicios de seguridad temían por su vida y lo desaconsejaban. Aún así, la reina no quiso faltar a su palabra y acudió a Ghana, pero el detonante de ese viaje no tuvo nada que ver con los «celos» hacia Jackie Kennedy. Lo que hace el creador es tomar ciertos hechos y ficcionalizarlos a su gusto.

  8. The Crown me a gustado como no soy critica ni nada una simple televidente me parece muy exagerado las críticas sobre esta serie que nos entretiene en estos tiempos de pandemia!!

    • A mi me ha gustado muchísimo,a serie pero la Thatcher no me gustó, tan sobreactuada. Y el príncipe Carlos da la impresión que Diana le gusta, Camila no me gusta el personaje pero en conjunto , me gustó mucho. esta serie.

  9. No sé uds ó bueno algunos que discrepan sobre la serie y sus personajes, pero en lo que a mí respecta, la serie es todo un lujo, desde el principio hasta ahora, la cuarta temporada. No soy quien para juzgar a Olivia Colman y a Claire Foe, pero sí puedo considerar, en mi opinión, que ellas dos son muy fabulosas y ni qué decir de la actuación magistral de Helena Bonham Carter. Lo que si pondría algo en duda, es la actuación de Gillian Anderson encarnando a la «Dama de Hierro». Pregunto, en realidad ella era así tal cual como la describen en la serie? Me cuesta, en realidad, creerlo, porque a decir verdad, desmorona la imagen de «Dama de Hierro» que yo tenía sobre ella. Yo he visto algunas fotos de cómo era la princesa Margarita y a decir verdad, ella era muy hermosa, muy sofisticada y adelantada a su época, era la mejor vestida de esa familia. Aún me cuesta creer y de verdad me da mucha tristeza de que le controlaban todo y se lo desbarataban, NUNCA fue muy feliz y según veo en la serie, le desgraciaron la vida vilmente. IMHO!

  10. Simplemente es una serie que abraza la historia del mundo moderno desde la perspectiva de la Monarquía Inglesa. Excelente crónica.

  11. Que se jodan lo que digan. A mi, The Crown me mantiene en el borde del asiento. Para lo demás, buscare libros de historia y tendré mis propias conclusiones, que al final, a nadie le van a importa. Para mi esta fenomenal The Crown

    • No es necesario faltar. Si usted manda a esparragar a cualquiera que torpedee su zona de confort por disentir sobre su (por otra parte, poco fundamentada opinión), quizá Forocoches o cualquier otro vertedero digital sea más propicio para sus deposiciones.

  12. A mi me encanta The CROWN, no soy Fan de la monarquía no creo en ella pero ha nivel histórico es muy interesante, siempre he admirado a Diana de Gales madre de los príncipes su forma de dar calidez y modernizar a esa monarquía tan insensible y rígida, Diana era el corazón de esa familia ! Y caracterizan muy bien la soledad que vivió era amada por todo el mundo y odiada por celos de la administración de Carlos un príncipe tan gris y viejo ! The CROWN me parece una producción estupenda y obvio muy documentada

  13. Enganche total. Menudas sesiones de concentración para intentar no perderme ni un detalle. Que pena que nuestro Rey Felipe no tenga un timbre para avisar al mayordomo y despachar al momento a Pedro y Pablo como hacía Isabel II ……..Cuando comienza la quinta temporada?

  14. The Crown me ha enganchado desde el minuto uno, pero en mi opinión los actores iniciales y principalmente Claire Foy son impresionantes. Creo que hoy en día disponemos de equipos de caracterización con la suficiente capacidad de ir envejeciendo al personaje y evitar cambiarlo. La serie es muy buena,pero reconozco que eso me ha roto el encanto.

  15. Buena serie, y bastante de acuerdo con el art.
    En España, sería , es imposible una serie con «la Corona». De hecho, el estar en un permanente estado de crisis, y «el miedo» son los únicos (y perversos) argumentos, que la sostienen y Adolfo S., ya clara (y ocultado por «La periodista»), lo dijo.
    La única solución, a un The Crown español, es que lo haga el tal Torrente y yatall.

  16. Me encantó desde el primer capítulo, con la actriz excelente que pusieron EN la juventud de la reina…luego cambiaron a la actriz, que tiene ojos marrones cuando la primera tenía ojos celestes..desde ese pequeño motivo deja de insentivarte para seguir viéndola, xq parece otra serie. Xq lo la envejecieron y dejaban a la primera actriz.?

  17. Es una tremenda serie, no puedo decir si es mas ficcion q realidad, porque pienso que esa verdad absoluta solo la tienen los mismos monarcas y quienes trabajan muy de cerca con ellos. Lo q si puedo creer es q se acerca a la realidad, muchos patrones de conducta estan estrechamente relacionados con lo poco q sabemos de cada uno de ellos. Gente criada con mucha frialdad, no como nosotros los latinos acostumbrados a abrazarnos y besarnos, a mangonguear a nuestros hijos, llenandolos de besos de calor humano. La conducta impoluta de la Tachert. La Jaula de Oro de la tan amada LADY D, tenia de todo, menos amor. Y q decir de La Reina una frialdad polinorte, incapaz de romper un protocolo. Majestuosa la serie NETFLIX se llevo todos los premios con esta serie.

  18. El cambio de actores decepcionante, la 4ta temporada no ha buena como las 2 primeras sobre todo. Y si ya odiaba a Carlos y a Camila, hoy mucho más. Ojalá se muera Carlos antes de convertirse en Rey!!! Los odio

  19. No soy un crítico de espectáculos, ni siquiera, un buen observador de deralles, pero disfruto cada uno de los capítulos de ésta magnífica serie, su pomposidad, su heroisísmo y su humanidad, retratada en 45 minutos.
    No olvidemos, la ambigüedad del mensaje, ya que, como bien lo dice la nota, sus los mismos súbditos quienes los defenestran y los aman.

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