ToteKing: «Ya está bien con los temas motivacionales. Las frases de azucarillos son tóxicas»

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Manuel González Rodríguez (Sevilla, 1978), es el rapero sevillano que está detrás de ToteKing. Tote, un mote familiar, que el mismo se puso sin saberlo y que a la larga acabó fagocitando a Manuel. Consumidor compulsivo de literatura gracias a sus padres, aficionado al baloncesto y rapero en una ciudad donde los únicos sonidos que se reconocen institucionalmente son el flamenco y los que suenan en Semana Santa. 

Nos reunimos con Tote en la cervecería Río Azul, una fábrica de cervezas artesanales, donde conversamos sobre sus orígenes, caída a los infiernos, resurrección y de cómo un error sin importancia en un correo de felicitación lo conectó con su referente literario y fuente de inspiración: Enrique Vila-Matas. ¡Larga vida al rey!

¿Dónde termina Manuel y dónde empieza Tote?

Desde pequeño, a mí nunca me han llamado Manuel. Tote es un mote familiar, no viene del rap. Básicamente me lo puse yo cuando estaba en el carrito y le preguntó una vecina a mi madre: «ay, qué guapo, ¿cómo se llama?». Y yo respondí Tote queriendo decir Manolote, que era como me decían. O sea, que es un mote que me viene de bebé casi. Solo me llaman Manuel tres amigos del cole con los que me encuentro de vez en cuando. Y bueno, sí, claro, hay diferencias. No estoy todo el día trabajando en  la música ni metido en el papel, pero sí que intento limitar al personaje porque, cada vez que rapeo, pongo mis opiniones ahí, me mojo. Es un traslado casi prácticamente de mi vida diaria.

Manolote King no lo habías sopesado, ¿no?

No, eso era demasiado. De pequeño era muy gordo, por eso me decían Manolote. Hay fotos que lo prueban (risas). ¡Era supergrande!

Visualmente rompes con los estereotipos que tenemos de los raperos. No llevas cadenas, oros, grills… ¿Estamos muy influenciados por los Estados Unidos y por las series?

Sí, pero no creas que solo de Estados Unidos. Ese tipo de elementos como los grills, las cadenas y tal, las lleva un rapero de aquí, un rapero de Francia o de Alemania o de cualquier lado. Soy reacio a llevar ese tipo de adornos desde que tengo veinte años. Con la edad,  ya empieza a resbalarme un poco todo. No sé, creo que los chavales están usando esos elementos de la misma forma que tú y yo utilizábamos antes una simple gorra; es atrezo, una forma de vestir, de arreglarse. Y sí, es verdad que está más asociado al rapero, pero si te das cuenta después hay otras cosas que han cambiado. Todo eso está muy abierto y ahora la gente pasa mucho de ceñirse a una moda. Hay gente que son leyendas en la música y las ves por la calle y dices: «¿Este tío de verdad hace hip hop?». No lleva chándal, o no lleva gorra o melena. Russ es un artista estadounidense que lo peta y si lo ves no te imaginas que es rapero.

Otro clásico del rap es tener una infancia o una adolescencia chunga. Tampoco es tu caso.

No, ni el mío, ni el de mucha peña. Que también es una cosa que creo que parece que tiene que ser, pero no es así. Y hay muchos ejemplos clave: Gang Starr, grupo mítico que fundó The Vikar en los noventa, son peña que se conoció en la universidad. Obviamente, si nos remontamos a los orígenes sí que había mucha gente que provenían de entornos marginales, pero actualmente eso está muy superado.

Tu padre, que falleció, y tu madre son médicos. ¿Cómo estás viviendo la situación del covid teniendo a tu madre en primera línea de fuego? ¿Entiendes a los que niegan el virus, no se ponen la mascarilla y hacen un poco lo que les da la gana?

Mi madre ha estado trabajando toda la cuarentena, sigue trabajando en el centro de salud y por suerte estamos todos bien y no ha tenido problema. Se contagió una compañera suya, pero ella no tuvo contacto, por lo que tampoco tuvo que encerrarse. Yo no entiendo, obviamente, ni comparto la visión de los conspiranoicos, pero eso es ya harina de otro costal. Podría hablarte horas sobre por qué creo que se trata más de un ejercicio de ego que de preocuparse por los demás y de peña vanidosa en general, y sobre todo gente vaga. La gran mayoría de los antivacunas son capaces de comerse cualquier blog de internet o verse dos horas de un canal de YouTube, en el que les explican que en las vacunas hay microchips o que los famosos le quitan el adrenocromo a los niños. Son gente que, en realidad, es muy vaga, porque después cogen y se ponen delante de un libro de Enrique Vila-Matas y se duermen a la tercera página. Es más cómodo meterte en un blog y ver a Miguel Bosé hablando de mascarillas, de que todo es un invento y que lo han filtrado de un laboratorio, que documentarse y formar una opinión crítica, porque esto último requiere un esfuerzo intelectual. Eso como sentarte a ver Sálvame y pensar que ya estás informado. 

Tus padres pusieron el listón muy alto con su experiencia personal y profesional, ¿te sirvió de estímulo o fue un poco lastre por la presión que te supuso? 

De chico lo pasé mal. El nivel de exigencia era muy alto y ellos además lo demostraban. Cuando una persona te pide resultados y no los da, pues te ríes en su cara, pero cuando es como han sido mis padres, lo que sentías era vergüenza y te sentías mal. Yo de chico me sentía mal, notaba que nunca llegaba al esfuerzo que ellos hacían.

¿Tu nivel de autoexigencia es alto?

No creas. La vida es corta y hay que hacer cosas. Mi padre era muy claro conmigo. Me decía «mira, tío, suspéndeme cuatro o cinco, pero sácame un diez en otras. En algunas, sé el mejor o inténtalo por lo menos, aunque sea por puro ejercicio». Y me lo explicaba: «igual que te lo tomas cuando vas a entrenar y quieres meter veinte triples. Tómatelo así, pero involúcrate en algo con pasión, haz algo». Mi padre siempre tenía ese discurso y se lo aplicaba bien. En casa, los escuchaba como médicos hablar del Vademecum, de la carrera, de detalles técnicos. Se contaban cosas del día en el curro que habían tenido en el hospital, en el centro de salud. Además, seguían formándose. Ambos eran apasionados de la literatura y de la música, tenían colecciones buenas de libros y discos, que fueron los que yo pillé. Eran gente que hacía cosas.

Y a través del método «canje» te involucraron el amor por la literatura y el baloncesto.

Así fue. Lo hacían de esa manera. Si yo quería unas Reebok o quería unos botines guapos, mi padre me decía que a leer un poquito, a demostrar algo y a dar la cara.

¿Qué son las «totadas»?

Eso era cosa de mi padre; se refería a las «totadas» cuando estábamos entrenando y haciendo una jugada perfecta y la cagaba al final. A lo mejor me había ido ya de dos personas y solamente me faltaba dar los dos pasos y entrar a canasta, o tenía un tiro fácil, pero yo tenía que acabar enrevesando la jugada y pasarla en el último momento en lugar de anotar. Yo siempre he sido inseguro y tímido. También lo fui jugando al básquet, pero era a veces ridículo porque tenía un talento físico heredado de él. Yo me pegaba mates como quería y mi padre decía: «cabrón, pero si tienes el aro aquí, machácalo, no lo pases». Y empezó  a decirme que hacía «totadas» (risas).

He leído que, al nacer en diciembre, eras de lo más pequeñitos del cole y que algunos te dieron caña. ¿Has llegado a pensar que muchos de esos que te puteaban ahora van a tus conciertos y que tú eres el King, el que está encima del escenario?

Claro, de hecho ese ejercicio lo hice en un par de canciones.

¿Hay algún colega del colegio que te haya dicho que en el colegio le caías fatal y ahora te sigue?

Hay compañeros que han pasado toda la vida de mí porque era un rarito. Niños y niñas que en la vida se dignaron a decirme un hola en el cole, años más tarde han intentado acercarse. Es una cosa graciosa y supongo que hasta en cierto modo normal.

¿El rap te llevó a matricularte en Filología Inglesa? ¿O fue tu nota de Selectividad?

Fue mi nota (risas). Yo no tenía tiempo, tío, ni ganas de nada que no fuese estimulante en esa época, porque por otro lado tenía una diversión en casa bestial. A ver, si yo estaba en casa leyéndome Pedro Páramo de Juan Rulfo, la obra de Valle-Inclán u otros libros que me recomendaba mi padre, y luego llegaba al cole y tenía que leerme basura pasada de rosca… En fin, no me malinterpretes, hay gente a la que le encanta Cela. Yo no lo soporto, ni a él ni a las lecturas obligatorias del cole. Y si me apuras, las lecturas de la carrera tampoco me seducían la gran mayoría. No sé, el rollo ese de seguir el programa… Había cosas que me encantaban. Después, en Historia del Arte, por ejemplo, descubrí grandes cosas gracias a una profesora maravillosa que tenía y que me detonó el interés por el arte que aún mantengo. Sin estímulos intelectuales no tenía ganas de sacar grandes notas y  por otro lado el rap tiraba ya en aquella época de mí. Desde el instituto ya estaba perdido, fui a selectividad y saqué  5,75. Así que acabé en Filología Inglesa. Además, en mi casa no se me educó, como hacen ahora muchos padres, entrenándome como si fuera un coche de carreras. En mi casa no se hacía eso, en mi casa lo intentaban, pero tampoco eran tiranos y si veían que a mí no me entraba la puta Familia de Pascual Duarte, yo no iba con eso al examen.

No la llegaste a terminar, te quedan cuatro asignaturas.

No la llegué a terminar. Me quedaban cuatro y ya, en 2004, la música empezó a tirar muy bien y me escapé por ahí para encontrar mi sitio.

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¿La experiencia de la carrera te ha ayudado a la hora de componer? ¿Te ha aportado recursos literarios?

Creo que sí. Así como en el instituto la profesora de Historia del Arte me marcó y me hizo interesarme por la pintura, en la carrera hubo grandes profesores de literatura que me despertaron la pasión por el uso de la palabra en los clásicos. Cuando coincidió una lectura obligatoria con una lectura que a mí me interesaba, eso era maravilloso, era increíble. Leí varias veces El sueño de una noche de verano de Shakespeare porque me apasionaba. Lo descubrí en la carrera. Después estaba MelvilleMoby Dick y eso era un muermo, aunque el tipo después me gusta con otros escritos. Había grandes cosas, tío, no sé. Me acuerdo de cosas de John Donne, poesía, que tampoco sé mucho de poesía, pero hubo cosas que me marcaron ahí y eso sí, sí me interesaba y me daban ideas que yo apuntaba para mis letras. Recuerdo estar en clase de Literatura Inglesa Medieval, y escuchando a la profesora, leyendo algún texto, alguna cosa se te quedaba. 

Tú eres de los que la inspiración les pilla trabajando.

Exacto. Así es. 

Es curioso, una etapa que no destaca especialmente por ser estimulante mientras estudiabas, pero en la que conoces a Juaninacka y a Enrique Vila-Mata. ¿Son insalvables los caminos del rap?

Totalmente. Me  encontré en el camino a Juaninacka, un tipo que también estaba en Filología conmigo y le pasó exactamente lo mismo que a mí, solo que yo creo que en mayor medida, porque él también venía de una familia que leía y le interesaba la literatura y compartíamos afición. Él se aburrió igual que yo, pero se piró mucho antes. Y después estaba el profesor Ignacio Guijarro, que daba Literatura Norteamericana, que era una asignatura guapísima, donde descubrí a escritores modernos como Toni Morrison. Ese mismo profesor fue el que me recomendó a Enrique Vila-Matas y fue ya como un antes y un después. Siempre lo he dicho. Enrique Vila-Matas me cambió completamente la perspectiva y el orden de mi lectura,  enseñándome un mundo aparte.

¿Cómo se toman tus padres que abandones la carrera por el rap? 

Era el curso  2004-2005 cuando lo dejé, y ya estaba de corista de SFDK. Se lo tomaron fatal. No lo vieron bien, la verdad. Pero bueno, después yo me senté a hablar con ellos y les dije «mirad lo que me pagan por tocar, mirad los números que estamos haciendo, mirad cómo me gano la vida» y no sé, supongo que se relajaron.

Formáis La Alta Escuela con DJ Randy y Juaninacka. ¿Cómo os acogió la gente que ya estaba rapeando? ¿Fue un hándicap el que vinieseis de la universidad? ¿Os vieron como impostores?

No, no, para nada, tío, para nada. Tengo que decirte que la acogida en Sevilla fue maravillosa. Cuando yo empecé a parar con gente que llevaba más tiempo, como SFDK, La Mala Rodríguez, La Gota que Colma, Expresión en Conserva, etc., me encontré  gente cariñosa. Nadie te juzgaba por ser de donde fueras, era una maravilla, de verdad. Era un ambiente muy abierto. Lo único que se te pedía era que tuvieras dos cojones, que cuando sacaran una radio a pilas en el parque, si tú eras rapero tenías que rapear. Tú llegabas allí y la gente estaba fumándose un porro, bebiendo litronas en los parques, y llegaba un momento en que alguien, que solía ser Zatu, bajaba con una radio, poníamos pasta para las litros, para los porros, para comprar pilas y nos pegábamos cinco o seis horas con un corro de gente rapeando letras o haciendo freestyle alrededor de la radio. ¡Era una maravilla, tío, eso es una maravilla! Ahí daba igual de dónde fueras, si estudiabas, si no estudiabas, si tus padres tenían dinero o no. Lo que importaba era que rapearas bien, que tuvieras rollo, que tuvieras buenas frases. Desde un principio, la escena fue una maravilla en Sevilla. 

¿Coria del Río era la zona cero?

Esto que te acabo de contar, esta escena que acabo de poner, eso es Pino Montano. El foco más grande de rap que ha habido nunca en Sevilla ha sido Pino Montano. De ahí salió SFDK y ahí es donde se juntaban los raperos. Después en mi barrio, la Macarena, había parte. Pero es que Coria era lo más, y esto cuando se lo cuento a la gente flipa. Coria tenía una escena que era igual de importante que la que podía tener Pino Montano. Es curioso, porque era un grupo de amigos que tenían una especie de comuna en una casa. Habían descubierto Discos del Sur, donde podías comprar por correo, que era la única tienda donde se podían conseguir discos americanos de rap, y pillaban a ojo, o a lo mejor conocían una referencia o veían a quien salió en el disco de otro y tenía que estar guay. 

En esa época no había ni siquiera ni portadas, ¿no? Era un listín.

Muchas veces se la jugaban y pedían un disco que era una mierda, pero como pedían diez a alguno le llegaba uno bueno y nos lo copiábamos en cinta. Tenían una gran cultura musical, tenían muy buen rollo. Randy pinchaba que flipas. Juanma y Juani rapeaban de la ostia. Cuando yo llegué ya tenían incluso un programa de radio pequeñito en Puebla del Río, donde ponían rap. Se hacían los corrillos alrededor de la radio en el «paflu», que es el paseo fluvial donde está la estatua del japonés. Los raperos de Coria eran más avanzados que los de la capital.

¿Podríamos decir que Juaninacka fue el primero que improvisó una canción «vacile» que aún te dura?

Totalmente. La marca más grande que alguien ha podido dejar en mí en el rap y la persona que más me ha impulsado a seguir y que más me ha hecho mejorar y tomármelo en serio ha sido Juaninacka, sin lugar a dudas. Es como si juegas liga provincial y de repente te topas con un tío de la ACB. O sea, Juaninacka era de nivel NBA ya desde el primer día. Tenía ese talento natural para rapear y escribía porque le gustaba escribir. Leía mucho, eso se notaba en sus letras, y era una maravilla. Pero encima hacía freestyle buenísimo. O sea, estaba muy por delante de todos nosotros en la época.

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Sacasteis un LP con La Alta Escuela, pero no terminó de funcionar. ¿Cuál crees que fueron los motivos? 

El disco salió en el 98 y aún no estaba la peña preparada. Vamos a Zaragoza, a un «festivalillo» que era una especie de casa okupa, y cuando llegamos allí no pudimos tocar. Hicimos un viaje a Zaragoza y no pudimos tocar porque ¡no tenían cables para conectar platos! No tenían material. Pensaban que las bandas que iban eran todas de rock, que teníamos un backline de rock. No entraba en sus cabezas que un DJ existiera, que pincháramos, ¿entiendes? No teníamos para tocar. Encima Randy contaba con que allí iban a poner unos platos. Eso pasaba habitualmente. O sea, no funcionó porque en esa época había poquísimos grupos de rap. Era complicadísimo. Además, a mí el disco no me gusta nada y a mis compañeros tampoco, porque fue una maqueta convertida en disco. Hay temas de ese disco que pueden ser mi cuarta o mi quinta letra. 

¿Te da vergüenza?

Joder, si pudiera enterrar todo lo que he escrito ahí en ese disco, lo enterraría. ¡Es que es malísimo!

¿Por qué le das tanta caña también a El lado oscuro de Gandhi? ¿Por qué te mortificas?

Porque me conformé. Era una época en la que estaba drogado o borracho todo el día. Esos años, tío, fueron unos  años… Yo llegué a un pico en el 2007-2008 de ingresos, de pasta, de bolos y tal que ya era como… ¡Me he comprado una casa al contado! Estaba completamente desganado. 

Te volviste un gilipollas.

Totalmente. Me volví un gilipollas. Yo soy un tío que trabaja mucho en las líneas. Me gusta cerrar un compás bien y que las frases tengan peso y ese disco no tiene peso. Ese disco empieza con una línea que medio parece que está divertida y se cierra de cualquier forma, porque me estaba bebiendo un cubata enorme al lado del micro, porque me creía que era Dios. Los chistes con Randy, mucho compadreo, las instrumentales… Toqué fondo y me vino de puta madre pegar ese batacazo. Bueno, ni siquiera fue un batacazo. Fue un batacazo con respecto a mí y a la peña que más controla de rap y más escucha, que te dice que ese les ha gustado menos, y tú lo vas notando. Pero encima ni siquiera fue mal la gira, seguíamos casi con los mismos números. El batacazo no llegó en El lado oscuro de Gandhi. Fue  un poquito más adelante, porque el disco 78 tampoco es un disco que me guste. Ya te das cuenta de que has hablado de todo. Llevas muchos discos a la espalda. Has petado. ¿Y ahora de qué hablo, tío? ¿Ahora qué hago aquí? Y eso le ha pasado a todo el mundo. 

Es que cuando llevas ya un bagaje a la espalda, ¿qué haces? Te puedes reinventar, pero tampoco te vas a poner a tocar rumba….

Claro, claro. Yo no puedo hacer un «Matemáticas» 2, ni el «Ni de ellos ni de ellas» 2, porque no era mi estilo intentar hacer una canción así. Y cuando alguna vez he intentado redirigir una canción hacia ese sitio, sale mal porque sale siempre mal.  Eso es una cosa que aprendí. Si me salió bien la canción «Botines», donde voy nombrando una serie de bambas que me han marcado, no tiene sentido hacer una canción de marcas de café nombrando café. Eso no va a ningún lado. Eso no sale natural. Cuando yo creo que ya por fin remonto y vuelvo a sentirme vivo con la música es con Lebron. Bueno, no, en verdad, me vuelvo a sentir vivo haciendo un EP que viene antes del de Lebron, que se llama Tyson Pigeons, que es un EP que hice con Dheformer, un chico de Cádiz que, para mi gusto es el tío que mejor escribe rap ahora. Ese EP que hicimos juntos me volvió a dar ganas y vida.

Sevilla tiene unas costumbres sociales bastante arraigadas. ¿Cómo fue tu inicio como rapero en tu tierra? Supongo que al principio la gente tendría un poco de recelo, ¿no? Un rapero sevillano con dos tallas de chándal grande…

Esa era la broma que teníamos que aguantar todos los días. Era muy gracioso ver a una persona que te estaba juzgando mientras se hacía una raya en un CD esperando a que saliera un paso, porque eso sí estaba guay. En fin.

Pero tú tienes una contradicción con tu tierra, porque por un lado le das caña con los fachalecos, pero por otro lado adoras tus paseítos por Sevilla.

Por supuesto. Sevilla es un sitio maravilloso, me gusta. Es un club del que me encantan sus instalaciones, pero no me gustan sus socios. La gran mayoría de sensaciones que tengo con Sevilla son así. O sea, a mí me encanta mi ciudad, me gusta la historia de mi ciudad, pasear; lo que no me gusta es desprecien otras propuestas culturales. Mis amigos y yo impulsamos el rap de Sevilla, fuimos vanguardia y la gente no se enteraba. Yo no quería ni siquiera reconocimiento, me conformaba con que nos dejaran en paz ¡cojones! Lo que quería era pasar por Miraflores y no verte a todo el puto mundo mirándote los pantalones anchos, haciéndote un comentario de la gorra. Y tener que soportar comentarios de la gorra todavía ahora, porque  fui al programa de Risto Mejide y tuvo que hacer una broma de la gorra. O sea, es ridículo. ¿Todavía no os habéis enterado de esto? Sí, me encanta mi ciudad, pero ha costado trabajo, tío. 

¿Te sientes ya profeta en tu tierra o no?

¡Es que en realidad me da igual!. Lo que quería era que nos dejaran en paz. Sí, que nos dejaran a los raperos en paz con nuestra mierda y que ellos siguieran viendo sus pasos y metiéndose sus rayas esperando a la Borriquita.

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¿Tú crees que los chavales que empiezan hoy en día lo tienen más fácil?

Creo que no. Para nosotros fue complicado arrancar, pero una vez que comienza la movida y que el rap español empieza a tener peso, los que estábamos lo petamos. Éramos pocos, trabajábamos bien y gustábamos al público. Lo teníamos todo: giras, pasta, sellos discográficos haciendo ofertas… Estuvimos en el momento y entramos. La cosa es que ahora, con el rollo de internet, entrar no tiene nada que ver. ¿Cuántos raperos podía haber en  Sevilla cuando Juani, Zatu y yo rapeábamos en la calle, en el barrio? Hostia, no sé decirte a ojo, pero ¿cuántos puede haber en Sevilla ahora que cuelgan sus cosas en Internet? La competencia es feroz. Ahora mismo para entrar tienes que ser muy bueno o gustar de alguna forma, o hacer algo llamativo, o crear polémica con algo. La oferta es ahora muy complicada.

¿Tenías más libertad para escribir antes que ahora, por el buenismo social? ¿Pretendemos ser un país de «Mister Wonderful»?

A mí me da un poco igual porque yo me paso por los huevos eso y no le tengo miedo a nada ni a nadie. Y si tengo que darle caña a una cosa, se la doy. Como norma general, el tema del «buenismo» está en todos los sectores. Es una extensión del analfabetismo de gente que realmente nunca se ha preocupado. Hay muchísima gente que jamás se ha preocupado o que  por ejemplo, no ha tenido la suerte de tener un hogar feminista como en el que yo me crie, y ahora quieren correr y hacer los deberes en cinco días. Y como no se pueden hacer los deberes en cinco días, acaban haciendo un post en internet lleno de gilipolleces, de incongruencias o haciendo lo que tú dices, intentando hacer una canción para gustar o agradar a un colectivo o para un sector.

Las letras de los grupos de rap o reguetón, ¿son machistas en general?

Ahí hay un debate complicado, muy complicado, porque ocurre una historia y es que a mí me puede parecer una cosa, pero a la que le tiene que parecer machista el reguetón es a una mujer. Y ahí hay debate entre ellas. Hay muchas mujeres que creen que las empodera. 

Como tú dices, igual que el velo. 

¿Te acuerdas del caso de Francia en el que le prohibieron a una alumna ponerse el velo y entonces todas se lo pusieron? Aunque la cuestión es otra. Imagina el mismo caso pero con una esvástica: vas a clase con la esvástica, el profesor te prohíbe asistir con un símbolo nazi, y por ir contra ese profesor y empoderarte todo el mundo acude con la esvástica. Muy bien, empoderada estás, ¿pero el símbolo qué está diciendo? Quiero decir ¿el velo qué hace? ¿Un burka qué hace? A mí, de puertas para fuera, no me parece que taparte la cara empodere. Es un asunto complicado.

Tú defiendes a las mujeres siempre y lo haces literalmente con la canción «Ellas».

Por supuesto. Yo me crie en un ambiente feminista. He tenido esa suerte. Mi casa ha sido la de una familia de izquierda, una familia con un ideario sólido, en la que el tema se tomaba de una manera natural. No se ha dicho «todes», ni se ha escrito nunca con una X. Se hacía todo de manera natural y todo el mundo tenía el mismo peso. En la canción de «Ellas» yo intento contar algo que me sale natural.

¿Qué piensas de lo que se formó con Valtònyc? ¿Dónde está el límite de la libertad de  expresión?

Me parece deplorable lo que ha pasado, que ese chaval se haya tenido que ir, que sea juzgado. Es vergonzoso que eso pase.  A  mí me parece una puta vergüenza.

¿Las letras de rap siempre tienen que ser combativas, provocadoras o malsonantes? No se puede escuchar rap junto a una niña de ocho años sonando continuamente palabras como «puta».

El problema está en que tú quieras taparle los oídos a tu niña de ocho años para que no escuche la palabra puta. Mañana la niña escuchará esa palabra en una serie de televisión o en el colegio. Para mí el problema es que el niño vaya al cole y se encuentre con un profesor negligente de cincuenta años que le está obligando a leer al puto Cela y La familia de Pascual Duarte. Es que hay que cambiar la educación. A lo mejor hay que cambiar la perspectiva.

El indie, que se supone que es mucho más sofisticado y más para puretitas, como nosotros, me repugna. A mí, sin gustarme el reguetón, me parece mucho más directo, real, auténtico y verdadero. En el reguetón te están diciendo que quieren follar… ¡pues yo prefiero que me lo digan!

Antonio Arias nos comentó que hay algunos indies que se tiran cinco minutos con un sufrimiento terrible para no decir nada. 

Para decir que quieren meter la polla. ¿No será más fácil, cojones? ¿No es más fácil hacer como en reguetón? Te dice un tío: «lo que quiero, nena, es cogerte esta noche. Te voy a hacer esto, te voy a hacer lo otro». ¡Coño, ve al grano! El tío del indie o del rock te cuenta lo mismo con letras más elaboradas, más bonitas. En definitiva todos vamos a hablar de lo mismo, si es que no hay más temas.

¿Por qué te arrogas el papel de «don Cristal»?

Porque precisamente no soy buenista y porque hay mucho Mister Wonderful. Justo ahí lo has clavado, porque esa barra de «Carne picá» cuando dice: «algunos nacieron para ser Bruce y otros don Cristal, y el paisaje de fondo es esta ciudad, este país que nos convierte en carne picada». Esa barra va detrás de esta otra: «Lo digo yo por ti, cobarde. Tú no te rayes, sigue haciendo letras de coaching para llenar ciudades. Lo tuyo es un eterno safari desde tu coche blindado, sonriendo, echando comida a los animales». Creo que está bien explicado. Es como decir, cabrón, llevas haciendo temas de Mister Wonderful, de si quieres lograrlo puedes hacerlo… Ya está bien con los temas motivacionales. Las frases de azucarillos, ese tipo de movida, tío, son tóxicas. Entonces tengo que tomar el papel malo, de ser el cabrón negativo. Porque claro, ¿ellos cómo consiguen apartarte? Los neoliberales estos, porque son una extensión del neoliberalismo, han llegado a la música, por desgracia. Cuando esos cabrones están dando un mensaje positivo de esperanza y llenan a los pobres chavalitos de quince años de falsas ilusiones, de que lo pueden lograr, tengo que venir yo, el malo, a decir: no, no lo vas a lograr. Hay suerte, puede gustar tu voz o puede que no. Puede gustar tu cara, puede no gustar, puedes vestir bien, puedes hablar bien en las entrevistas o no, te puede tocar un mánager bueno o un chorizo. Hay variantes. Me toca el papel de don Cristal, el hijoputa. Y dicen: «el Tote es que está todo el día rayado. El Tote está todo el día con mensajes negativos». ¡No, coño, te hablo de lo que hay! 

Te vas con SFDK de gira haciendo los coros. ¿Qué te aportó el rodar con una banda que ya contaba con muchos más recursos?

Creo que son, a día de hoy, el grupo con el mejor directo de rap e incluso  de otras músicas. El directo de SFDK siempre lo han trabajado y es espectacular. Y fue precisamente lo que más aprendí, a montar un directo.

Llega el momento en que decides ir en solitario y lanzas la maqueta Big King XXL. ¿Te dio un poco de vértigo?

Sí, tío. A la vez me lo pasé muy bien. Le tengo mucho cariño porque fue la primera vez que hablaba con un productor y me mandaba instrumentales, las escribía en mi casa…

Pero tú trabajas ahora mismo sin productor y te grabas a ti mismo, ¿no? 

Sí, bueno, es que en el rap el productor es otra cosa. Le llamamos productores a los que hacen las instrumentales. 

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Tu madre es una foca, disco que publicas con tu hermano Shotta y que la revista Rockdelux ha reseñado en su especial 25º aniversario como un trabajo que es una «golosa gamberrada». 

Sí. El disco fue una locura. Está feo que lo diga yo, pero el disco estaba adelantado y lo dice mucha gente ahora. Ese disco fue muy puro. Fue el resultado a que el sello discográfico me  cerrara la puerta a un montón de peticiones que le hice. Pedí ciertos productores, quise varias colaboraciones… Ya tenía planteado sobre el papel un disco muy guay, pero el tío del sello discográfico se vino abajo y dijo que no había presupuesto y empezó a recortar. Yo me rayé y le dije: «tío, mira, si me vas a recortar por aquí y por allá me hago un disco con mi hermano Shotta». Y así pasó. ¡Fue una locura! Me lo pasé del carajo. Shotta y yo nunca hemos vuelto a estar así jamás. O sea, fue pura libertad, una gamberrada auténtica diciendo barbaridades en los temas. Las instrumentales que nos dieron encajaban perfectas, tío. A ese disco, por ponerle una pega, le pasa lo que le pasaba a todos los discos de la época, que suena muy mal. Los estudios de grabación no estaban preparados para el rap y no sabían mezclar rap.

Haces colaboraciones y luego le das caña. ¿Doble moral?

No. Lo que pasa es que yo intento hacer un ejercicio honesto, porque aparte creo que es una cosa que se hace poco en el rap, que es darte caña cuando toca. En el tema de «Dos días» también lo he hecho, cuando me arrepiento de lo que decía en la canción de «Ven», porque ahora mismo, con cuarenta y dos años, decir groupie me parece vergonzoso. Tenía veinte años, por ahí me salvo. La cosa es que eso es un ejercicio que me gusta hacer y me siento bien haciéndolo. Así como muchas veces vacilo y soy muy guay en las letras, otras veces también quiero decir, como Bartleby, que pensé en dejarlo, o como en el tema en el que digo que he colaborado con peña por hype. Porque sin darte cuenta entras en una rueda en las que estás colaborando ya con alguien porque ¿te mola su música o porque peta? Y eso es una putada. Eso es nuevo. Lo estamos viviendo todos ahora. Fue a raíz de la explosión de internet. La gente empezó a colaborar por eso, por inercia, y sobre todo porque dices bueno, confundo que este tío me flipa a que este tío saca un vídeo y mañana tiene un millón de visualizaciones.

Antes de rapero eras metalero, ¿no?

Y sigo.

¿Cómo crees que esa influencia se manifiesta en tu música? Estuviste también girando con Santo Rostro.

Con Santo Rostro tengo mucha amistad y me los llevé a un programa de la tele: La Hora Musa. A mí me sigue fascinando el metal. Antes, cuando era más joven, me gustaba casi todo. Yo he llegado a escuchar black metal noruego y bandas superextremas, pero con lo que me he quedado los últimos diez años de mi vida son el stoner metal y en el doom. Son géneros que me apasionan.

De hecho, en algunas canciones tuyas se  nota en la base y que le metes los punteos de guitarra.

Sí, intentando que sea arrastrado y denso.

Lebron, nominada a los Grammy Latino por mejor disco urbano. ¿Te lo esperabas?

No, para nada. Yo creo que nadie. Fue una cosa rarísima. Bueno, también te digo que nos duró para la broma del día.

No estás contento con nada.

No, no es por eso, no es por falsa modestia, es porque fue muy gracioso hacer la broma un rato. ¿Pero después en qué se traduce? A ver, si el Grammy viene como el Nobel con una pasta y lo gano, entonces estamos hablando de algo. Dame seiscientos mil pavos y no te preocupes, que me voy a poner contentísimo (risas).

Hablando de lo que te aporta… El Chester de Risto. ¿Por qué fuiste?

Te voy a decir la verdad, absolutamente la verdad. Le pregunté a mi padre, que entonces vivía, con el que hablaba todos estos temas y a mi amigo David Bravo, si debía ir. Los dos me dijeron que ese tío es un coñazo, que se ha creado ese personaje de buscarte las vueltas, de meterte el dedo en la llaga. Prepáratelo bien si quieres ir. Total, que claro, obviamente Sony me decía: ve, ve, ve. Es promo y quieren que hagas promos y tal. Yo sabía que no iba a estar cómodo, porque si hablamos y tú me quieres hacer veinte preguntas y alguna es puñetera, pues adelante. Pero tío, ¿las veinte? ¿Tienen que ser las putas veinte preguntas de meter el dedo en la llaga? Si es que no es ni siquiera productivo, si es que no ayuda a nadie. No tiene sentido. Además, ni siquiera son preguntas que tengan nivel intelectual o que tengan un poso, o que me lleven a mí a sitios bonitos. Jugando con esa pose, esa solemnidad o como si estuvieras hablando con un puto rey. Y yo lo cogí, más que nada, por no ser tan rancio con Sony, a los que les decía  que no a casi todo. Ya ni me acuerdo, porque no lo vi.

¿Podemos decir que te arrepientes?

No me arrepiento porque en realidad yo sé que hablé guay. Me estoy empezando a arrepentir de ir al «circuitillo» de la tele, porque este país, tío, es que no da para más. Es que no me han hecho una pregunta divertida nunca. Si me van a sacar en la tele y vamos a hablar y se nos va a ver la cara, la expresión corporal… ¡Coño, por lo menos entérate del nombre de uno de mis discos!

¿Eso te ha pasado? ¿Que no te pregunten por el nombre de uno de tus discos? ¿Ni por tu música?

¿Cómo que si me ha pasado? En las entrevistas televisivas te preguntan por todo menos tu música, como hizo Risto. A ver, Broncano es famoso por eso. 

Con Broncano estuviste muy cómodo.

Con Broncano me tocó la lotería, porque sabes que eso es una lotería. Te puede tocar que se ría de ti, que no te conozca y te menosprecie… Él me dijo que me respetaba mucho y que me había escuchado. Pero si te fijas, Broncano no hace ninguna pregunta musical. En La Hora Musa sí que estuvo bien la entrevista.

Maika Makovski, la presentadora, comentó que uno de los requisitos que puso para realizar el programa es que sonaran bien los músicos que fueran allí. 

Radio 3 es un ejemplo, una imagen perfecta para definir al país. Tú vas a Radio 3, coges un micrófono; te puedes llevar dos horas haciendo una prueba de sonido que la voz no suena. Suena mejor en mi local de ensayo, te lo juro. Y esto no lo digo yo, te lo puede decir cualquier músico del país. La Hora Musa suena que flipas. Yo sé que ellos sacan pecho, pero con razón, porque se han gastado los billetes en un plató que sonaba que flipas. Toqué allí en directo y parecía un bolo. ¿Pero eso quién lo hace? Después de Risto he dicho que no a mil cosas que no tienen nada que ver con la música. Y claro, hay gente que se tira el rollo porque tiene más gracia, más guasa, pero a mí no me vas a llevar a un sitio a hacer el tonto. Hace poco salió también la opción de Latemotiv. Buenafuente conoce mi música. Hemos coincidido y también me ha dado la sorpresa, le gusta. Probablemente haríamos una entrevista guay y el plató suena bien. ¿Pero qué más hay aparte de eso? Después te metes en un montón de follones de la televisión y es peor, tío. Porque mira, tú haces una entrevista escrita y la entrevista te lleva de un sitio a otro. Pero quien quiera se tiene que molestar en leerla. Pero tú concedes una entrevista en tele y ya se te nota la cara de que estás ahí a disgusto. Es diferente. 

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¿Cómo te trata el público fuera de España?

Latinoamérica bien, te diría que bien, tampoco espectacular.  Yo te diría que prácticamente mis números en Latinoamérica son iguales que los de España.

¿Qué te llevó a escribir Búnker

Pues, fundamentalmente, la muerte de mi padre. El avance en los últimos años de su enfermedad me dio para empezar una correspondencia con Vila-Matas. Desde la facultad se ha convertido en una guía de lectura para mí. De cada diez libros que me recomienda Enrique me gustan ocho, y además me llevan a otros ocho. Porque sabes que Enrique es metaliterario a tope y te va llevando siempre a otros autores. Es como que no acabas nunca. Eso es feo decirlo, pero Enrique me ha ordenado la lectura de los últimos quince años de mi vida. Y aparte, como persona fue cariñoso, encantador y empezamos a tener una amistad guay. Nos escribimos todas las semanas con algún correo hablando de lo que ha leído él, de lo que he leído yo. Hablamos de cine. Y eso me empujó mucho. Mi padre estaba muy mal y yo estaba muy solo, porque mi padre era mi colega. Mi padre fue el que me recomendó el primer libro que me voló la cabeza, que fue el Pedro Páramo de Juan Rulfo. Y a raíz de ahí siempre nuestra relación fue de colegas. Y de repente, de un día para otro, hay una persona que ya no está ahí y no sé, me salió. Se me quitó el miedo que tenía a escribir.

¿Podemos decir que un tiburón te empujó a escribir?

Sí (risas). Fue otro de los grandes empujes, porque cuando Vila-Matas me pidió un texto para su web, le mandé el relato del tiburón blanco, que es una historia real de cuando fui a Sudáfrica a bañarme en la jaula.

Eso del tiburón me parece una frikada. Te podías haber ido al Castillo de las Guardas a ver a los monos (risas).

Es la oportunidad que tienes de ver lo más parecido a un dinosaurio. !Es una pasada! Tengo el vídeo de la excursión. Si te lo pudiera poner ahí, ibais a flipar. 

Publicas con Blackie Books. ¿Te tomaron en serio desde el principio? Tú llamas a la puerta y dices oye, que soy el Tote y voy a escribir un libro. ¿Qué dijeron en Blackie?

Fue una pasada. De hecho, ellos me tomaron a mí más en serio de lo que yo me tomaba. Mira, otro de los empujes fueron Jan y Rebeca. Me dieron un empujón superbueno, porque yo tenía unas inseguridades tremendas y el borrador que mandé era inmenso, porque una vez que escribí el texto de Vila-Matas del tiburón fue como abrir un puto dique, ya no podía parar. Y claro, muchas, muchas de las cosas se quedaron fuera, pero me dijeron: «esto que has escrito una puta maravilla, si nos dejas editarlo contigo mano a mano y no te aferras mucho a querer sacar todo esto que nos has entregado, sino que lo pulimos y nos quedamos con lo que hay, las partes que son potentes son increíbles. Créete que esto es una pasada. Nosotros no ficharíamos a cualquiera. De hecho, nos llegan muchos manuscritos, pero no fichamos a cualquiera». Y me dieron un empuje serio.

 ¿Cuál fue la reacción de tu pareja cuando le comentas que va a escribir un libro?

Bien, María me apoya siempre, tío. Ella me apoyó como en la música. Ella es cruel. Su manera, después de doce años de relación, como es lógico, es ser  cruel (risas). Y entonces, si leía algo, hacía lo mismo que cuando le pongo un tema: cuando le gustaba mucho, la veías ahí emocionada y cuando no le gustaba, ya la veías resoplando (risas).

¿No te dio vergüenza desnudarte en el libro? ¿Y a María salir en él?  Porque hay capítulos donde se habla de ella…

No, no. Al principio tuve un poco de reparo pero hay capítulos que son de verdad y hay capítulos que son de mentira, y los que son de verdad se nota, son auténticos. Y hay que contarlo, tío, porque quedan bonitos, sirven a un propósito, que es que después la obra quede bonita  Y por ejemplo, el capítulo ese de María, sin ir más lejos, a mí me encanta, es auténtico, es cierto y creo que es bonito. Y creo que, si lo hubiera abordado con miedo a decir tal y cual, no hubiese quedado igual.

¿El del helado?

Si, cuando nos fuimos a comer helado y los dos estábamos comiendo en pelotas en el sofá.

Haces referencia a tu TOC en algunas canciones y en el libro. ¿Podemos ser imperfectos en una sociedad que aspira a la perfección como meta?

Joder. Deberíamos, vamos. Y debería ser una de las cosas que yo me debería aplicar. Sí, porque cuando una parte de tu cabeza toma el mando, que es lo que pasa cuando tienes un trastorno obsesivo, ya no se trata de que quieras ser perfeccionista. Es como que otra persona toma el mando. Es una movida. No eres tú siendo quisquilloso, ¿sabes? No estoy siendo peculiar, sino que ya no eres tú.

¿Has sufrido el síndrome de folio en blanco? ¿Y cómo lo combates?

Lo combatí justo en El lado oscuro de Gandhi. Primero, dejando un descanso grande, porque te das cuenta de que por mucho que fuerces, no sale nada. Y fue también con un poco en línea con lo que hablábamos del libro, dejando los miedos al lado y el pudor y el no voy a decir esto en esta letra, no sea que se ofenda tal o que se ofenda cual. Vuelve al Tu madre es una foca, a cuando te sudaba la polla lo que fuera a pensar quien escuchara el disco.

¿Y cuando a ti te dan el libro impreso por primera vez, que sientes?

Pues imagínate, colega. Y encima hicieron esta edición tan bonita. Cuando me dijo Jan: «vamos a hacer la portada como si fuera la piel de unas bambas, de unas Jordan». De hecho, te voy a decir una cosa, el día que me llegó me harté de llorar, porque me habían preparado los de Blackie una sorpresa. Yo estaba presentando el disco en Bilbao, teníamos que hacer el fin de gira de Lebron en Bilbao, y coincidió con que ese día cumplía mis cuarenta, y entonces me llega el borrador final. Me llegan a casa unas galeradas, las pruebas de imprenta, y me llega esto. Además de eso, me manda Jean el prólogo de Enrique, que lo había guardado en secreto. Enrique había dicho que sí, pero no me lo dijo a mí. ¡Y me llegó el mismo día del concierto  en Bilbao!

Llevas más de veinte mil ejemplares, ¿no?

Sí, sí, ha sido una pasada.

Cuando hiciste Mi colega, le comentas a tu padre que en La casa del libro, en el top, hay uno que no es escritor. ¿Quién te iba a decir que tú ibas a estar vendiendo libros, que tampoco eras escritor?

Sí (risas). Bueno, no lo soy, pero creo que, por lo menos, con mi debut estoy más cerca de serlo que el de otros debutantes, el de otras personas que entran en un top de ventas.

Me comentaste que el libro empezaste a escribirlo con la muerte de tu padre. ¿Te ha servido para superar el duelo y para canalizar todo lo que llevabas dentro?

Sí, así es. Y para descubrir cosas. No sé, es  una experiencia increíble. La verdad es que  yo no sospechaba que fuera así. También es verdad que no es ficción. Supongo que si escribiese ficción sería diferente. He escrito un libro autobiográfico. Entras en contacto contigo y sientes cosas. Es verdad que las sientes y que llegas a sitios y a conclusiones sobre ti mismo muy guapas.

¿Y cómo te han acogido el gremio de los escritores? ¿Has tenido buen feedback?

Desde que entré en Blackie, salió el libro y empezaron a reseñarlo, a darme opiniones, estoy contentísimo, de verdad.

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7 Comentarios

  1. 1) Soy rockero. Rap, respeto desde la distancia. Excesivamente parecido todo.

    2) Ahora bien, un tío que te dice que Moby Dick de Melville es una castaña, es para dejar de leerlo (y/o escucharlo). Pero cuando le gusta Pedro Páramo de Rulfo, ahí te llega y se le perdona todo.

    3) Sevilla son los sevillanos y los sevillanos son Sevilla. No se puede disociar, para lo bueno y para lo malo, porque uno es consecuencia del otro y al revés.

    4) Entrevista buena.

    5) Me compraré el libro del Toteking a ver qué tal es o es para impresionar a los paletos del parque.

    • Se nota que no has escuchado mucho rap. Tampoco es indispensable que lo hagas, cada loco con su tema.

      • Me ha encantado la opinión de Ray y la contestación Johnny. Para mí Tote es justo eso, contradicción, una persona en continuo crecimiento que se lo cuestiona todo.

        Genial, estamos faltos de gente así.

  2. Pues yo me lo he leido. os cuento, ¿trata de unos origenes y una trayectoria vital interesante? NO, ¿el autor es una figura de relevancia y alcance? NO. ¿esta bien escrito? NO. ¿destila sensibilidad o talento artístico reseñable? NO.

    ¿Que es?. Pues una serie de reflexiones del montón, anecdotones de instituto, ejercicios de reafirmación tópicos del rap. Y citas, muchas citas, referencias y tal, que no se diga que carecemos de sustrato. La realidad es que el autor es un chaval de clase media que se cria en sevilla, se dedica al rap y tiene un reconocimiento moderado. Nada más. No hay experiencias vitales trascendentes, ni un origen superchungo, ni viajes, ni conoce a nadie especial y la mirada pues tampoco destila nada especial Lo siento, es bastante del monton, que no se justifica ni por la materia prima ni por su desarrollo.

  3. Acostumbrado a las burradas del que era uno de mis raperos favoritos de la infancia, la entrevista es muy del monton y con respuestas bastantes sobadas. “en mi casa somos muy feministas”, “no me gustan los fachas”, “es un pais de catetos”… Nada nuevo que no diga el decalogo del izquierdista.

    No es que sea mas divertido, pero estaria bien traer a uno que recitara el decalogo del derechista. Por variar digo.

  4. Negar el valor “rapero” de La familia de Pascual Duarte”, es tener muchos cojones pero muy poco “valor”

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