Cine y TV

Jagten (La caza) y Druk (Otra ronda) o la crisis de la masculinidad gregaria

crisis de la masculinidad gregaria
Jagten (La caza). Imagen: Zentropa Productions. crisis

A Thomas Vinterberg le han preguntado más de una vez si su país, Dinamarca, esa pequeña porción de Europa junto al Báltico, con fama de albergar a las personas más felices y menos corruptas del mundo, es en realidad tan siniestro como él lo pinta en sus películas. El director de Festen, Submarino y otros títulos de dispar interés, responde pacientemente que ama su país —en Druk, los estudiantes del instituto donde sus protagonistas imparten clases ensayan una canción de amor al terruño—, y que además de todos los tópicos positivos que las estadísticas celebran, es también el lugar que ha alumbrado historias de elfos y otros géneros literarios que no bajan la cabeza ante el realismo. Aquí vale la pena recordar El festín de Babette, la lograda adaptación que el danés Gabriel Axel hizo de uno de los relatos de la danesa (keniata en el corazón) Isak Dinesen, que tan bien cultivó el gótico-romántico y la crónica elegíaca. Otra pregunta que suelen hacerle, en referencia a La caza y a Otra ronda, es qué tiene contra la escuela como institución, pues en ambas películas el protagonista —protagonismo coral en la segunda— es un profesor que atraviesa un calvario del que es testigo y juez la comunidad profesional y suburbana donde ejerce. A esta pregunta —habitual en ruedas de prensa— Vinterberg responde lanzando balones fuera y dejando que el espectador —considerada la pereza de los periodistas—encuentre por sí solo la respuesta.

Si este artículo formase parte de una serie que titulo Filmoteca para una crisis, uno de sus infinitos capítulos sería «La crisis de la enseñanza», que, cómo no, incluiría en su comentario La clase (Entre les murs, de Laurent Cantet), y Una razón brillante (Le Brio, de Yvan Attal) aunque no estoy segura de si cabría Mentes peligrosas (Dangerous minds, 1995), con Michelle Pfeiffer en la piel y las botas de una pasmosa marine metida a docente en un infernal suburbio californiano poblado de hispanos y afroamericanos. Si exprimo mi memoria, mis neuronas rescatan fotogramas de otras películas de los noventa en que un profesor algo outsider —interpretado por un actor más-famoso-y-te-mueres— endereza y transmite valores imperecederos a chicos dejados de la mano de las autoridades. Aquí alguien recordará a Arnold en una guardería —qué risas— y El club de los poetas muertos, pero estoy hablando de crisis de la enseñanza, no de la crisis de la modernidad norteamericana. Por supuesto, de unos países a otros se trata de sistemas escolares diferentes y de aspiraciones culturales distintas: las películas francesas lo mismo te filman a unos niños de primaria cual Descartes con mofletes (Ce n’est qu’un début y Le cercle des petits philosophes) que a otros de secundaria más respondones lanzando contra las cuerdas a su entregado profesor por la discutible relevancia de una María Antonieta predecapitada; o a un maduro profesor universitario cuya incorrección política roza lo delictivo, es decir racista y clasista, obligado a transmitir a una magrebí de la banlieue ya no los rudimentos sino el arte de la retórica para representar a su facultad en un concurso de mucho abolengo.

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9 comentarios

  1. Muy interesante análisis de una muy buena película. Eso sí: para mí la ganadora del Óscar a la mejor película de habla extranjera debería ser Quo vadis, Aida. Qué in crescendo de tensión, qué manera de crear un ambiente asfixiante, qué bien narrada la historia de las víctimas de Srebrenica… En cambio en Druk por momentos me dio la sensación de que la historia no sabía muy bien qué dirección tomar, si ir hacia la comedia con final feliz o hacia el dramón con final triste y mensaje. Muy buena película pero en mi opinión no redonda.

    • sí, me enteré ayer de la existencia de Quo vadis Aida, y aunque no la he visto tiene toooda la pinta de gustar a los que votan allá pues los europeos quedan fataaaaaaaaaaaal… lo que ocurre es que a veces los de Hollywood para no premiar algo político se decantan por una buena película que no molesta, es lo que ocurrió con La Gran Belleza.

  2. «Vale decir que sin la interpretación de Mikkelsen, las flaquezas del guion y una misoginia poco disimulada serían flagrantes.»
    ¿Podría desarrollar esta frase? Es que no sé dónde está la flaqueza del guion de «La Caza» y la misoginia. Como esta última no sea una morcilla metida con calzador por la cercanía al 8M no se me ocurre otra cosa.

    • hola. Los personajes femeninos no están tan desarrollados como los masculinos, para empezar. La primera reacción de violencia de Lucas es contra la nueva novia; esta mujer parece además medio tonta; más adelante, cuando en navidades su hijo va a casa de su padrino, este presenta a todas las mujeres de la casa con nombres y comentarios que las ridiculizan e incluso, apenas llegan, les reciben los chillidos de unas niñas. Este detalle, por cierto, también lo subrayó un periodista en la rueda de prensa de Cannes. Resulta muy raro que no haya una sola mujer que pida prudencia o le muestre su apoyo. El momento en la bodega al final en que todos los hombres hablan de que los datos proporcionados por los niños no coinciden con la realidad también resulta raro y precipitado. Quiero decir que para lo bien que está todo lo demás, y contando con que en la realidad hay más abusos que no se denuncian que lo contrario, estaría bien que hubiese cuidado este aspecto.
      La película se apoya en estudios hechos por psicólogos que destacan que muchas veces los niños que acusan en falso describen el escenario del supuesto abuso con detalles imaginarios, y dicho sea de paso es lo que se desprende de la carta en defensa de Woody Allen de su hijo Moses Farrow. Y creo que bastaría con esto para 1) poner en duda las acusaciones de Mia Farrow, 2) no dar por hecho que escribo esto o lo otro porque mañana es el 8M

  3. Ok, gracias por su respuesta.

  4. La principal flaqueza del guión está en que en ningún país del mundo el esquema de interrogatorio a la niña para descubrir si dice la verdad o está fantaseando pasaría la primera prueba de validación entre expertos. No la pasaría ni entre estudiantes de primer año de psicología. A mi a partir de ahí se me cayó la película. Por lo demás, de acuerdo con el análisis que hace la autora del artículo. De hecho, a mi no me parece tan inverosimil que el profesor/cuidador en lugar de por la defensa activa opte por el retraimiento, es coherente con el perfil psicológico que debe tener un tipo que, como se dice en la película, ‘no ha logrado nada mejor’, y además está muy bien interpretado. Pero todo eso se pierde al final. La tesis, el convencimiento del director, usa a los personajes como marionetas para demostrarla y mata con ello la peli.

    • No hace falta aplicar la psicología en un mundo tan sensibilizado con todo tipo de causas, especialmente el abuso a menores. En un entorno como el educativo, basta que a un alumno le caigas mal como docente para, si quiere, hacerte la vida imposible. Esto es más fácil en la etapa de primaria que se describe en la película, donde las fronteras del contacto físico son todavía difusas para los niños, y la idealización que de Lucas hace la niña es justamente el motor del conflicto que, de manera muy creíble en mi opinión, desencadena la posterior odisea del malogrado profesor.

      • Totalmente de acuerdo. Añadiría que donde más se ve la diferencia de cómo te afecta la justicia es en tu capacidad económica: independientemente de tu culpabilidad o inocencia real, si tienes pasta y un buen abogado, en los casos de abusos y violencia de género todavía tienes cierta probabilidad de que te apliquen presunción de inocencia. Véase el caso de Lidia Bosch y su marido.

        O, también, tienes la suerte en este cado, de que no aplique la ley española (véase caso Juana Rivas).

  5. Vaya qué análisis! y con un final inesperado y divertente como para complacer a santos y pecadores. Un gusto leerlo. No recordaba haber visto ese film, probablemente porque en italiano, como siempre y no sólo en este país, habrán traducido de otra manera el título, pero al leer fue inevitable el recuerdo, digamos poco «solar», pero impactante. También señala El banquete de Babbet. Considero que son dos obras magníficas, pero me permita decirle que ambas me han dejado un retrogusto de soledad, de angustia, con esos paisajes grises, frios y desolados, con tacañeria de diálogos y con silencios que abochornan. Supongo que será por mi condición de latino del mediterráneo, teoría que sería avalada en el caso del banquete, ya que esa minúscula colectividad descubre un momento de felicidad gracias a una francesa, una mediterránea. Y si las estadísticas dicen que esos países son felices y los menos corruptos, creo que es debido al frío extremo que los obligan a ahorrar energías con respecto a la corrupción que necesita de tantas y fatigosas colaboraciones, y la felicidad me la imagino que es el resultado de hablar y comunicar poco, como también tratando de ahorrar energías, y quién no es feliz con uno mismo. Espero otro artículo suyo. Gracias.

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