Juanjo M. Jambrina: Freud y sus hermanas

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Freud y dos de sus hermanas. (DP)
Freud entre su esposa Martha y su cuñada Minna Bernays. (DP)

La pasada Nochevieja unos ladrones intentaron robar en el cementerio londinense de Golders Green las cenizas de Sigmund Freud y su esposa, Martha Bernays. No lo lograron pero la valiosa urna que las contiene, una ánfora griega que data del año 300 a. de C.  y que pertenecía a la  fabulosa colección de antigüedades del gran psiquiatra, quedó bastante dañada.

Sorprende que alguien pueda interesarse de ese modo por las cenizas de Freud habiendo tantos aspectos de la vida del maestro aún desconocidos. Y dudo que las cenizas sean un buen camino para ello; aunque cuando uno observa la rigidez y la fiereza con la que los sumos sacerdotes del psicoanálisis conservan el legado de su creador, queda claro que  habría seguidores  dispuestos a soltar un buen dinero por recuperar los últimos restos del profeta.

Solo una personalidad tan arrolladora y carismática como debió de ser la de Sigmund Freud puede llevar a cabo una de las obras más influyentes en la historia de las ideas. Freud escribió veinte libros y una nutrida correspondencia con discípulos y familiares: más de veinte mil cartas, de las que se conservan unas diez mil, aunque la mayoría de ellas aún no pueden ser consultadas. El caso es que sabemos poca cosa de la vida de uno de los mayores genios de la civilización occidental. Todas las religiones tienden a hacer lo posible por mantener una imagen idealizada de su profeta pero el psicoanálisis lo está realizando con especial celo y gran eficacia.

Sobre Freud se han escrito muchos libros pero apenas hay dos biografías sólidas: la de Peter Gay, tal vez la única solvente, y la de su discípulo Ernest Jones, que esconde más de lo que enseña.  Cierto es que conocemos algunos detalles sobre su vida privada, como que escribió gran parte de su obra consumiendo cocaína, que profesaba un amor intenso por su cuñada Minna y que hacía una hora de psicoanálisis en treinta minutos. También que tuvo frecuentes peloteras con discípulos, pacientes y amigos, sobre todo con quienes le cuestionaban alguna pieza de su obra (Jung, Adler, Janet, etc.). Pero, a pesar del férreo control que ejercen sus herederos, aparece de vez en cuando, de forma fortuita y azarosa, nueva información, como sucedió con el caso de Sabina Spielrein, del que se tuvo conocimiento hacia 1980 gracias al hallazgo casual de ciertos documentos ocultos en un archivo de Ginebra. O bien cuando alguna periodista le echa al oficio tantos redaños como hizo Janet Malcolm al escribir En los archivos de Freud, libro indispensable para conocer cómo se gestó desde dentro la obra del maestro. Pero, en líneas generales, lo habitual es el desconocimiento de importantes facetas de la vida del psiquiatra más famoso de todos los tiempos.

Hace tres años se produjo un acontecimiento curioso: un súbdito macedonio de nombre Goce Smilevski (Skopje, 1975) publicó La hermana de Freud, una novela que ha sido traducida al castellano hace solo unos meses y que intentaba esclarecer las relaciones de Freud con sus hermanas. Sabíamos por sus biógrafos de cabecera que Freud tuvo cinco hermanas y que cuatro de ellas murieron en los campos de concentración nazis entre 1942 y 1943; pero lo que no sabemos es por qué las hermanas no se fueron con él en junio de 1938 cuando abandonó Viena camino de Londres. La hipótesis que plantea el joven escritor balcánico en su novela es la siguiente: Freud consigue en 1938 huir de Viena con un salvoconducto que le permite llevar con él a algunas personas más. Así, escribe una lista de dieciséis nombres donde incluye a sus hijos con sus parejas, su cuñada Minna, su médico personal, sus criadas e incluso a su perro favorito; pero no incluye a ninguna de sus hermanas. Ante este hecho, la publicidad de la novela se atreve con tan singular planteamiento: ¿fue Sigmund Freud culpable de la muerte de sus hermanas en un campo de concentración? Y me remito a la publicidad de la editorial ya que el joven macedonio Smilewski niega que ese sea el primum movens de su novela. Para ello el autor se sirve del testimonio de Adolphine-Dolfi, una de las hermanas de Freud, que sufría alguna enfermedad mental y que pasó varios años en un psiquiátrico, el Nido de Viena. A través de los ojos de Dolfi, el autor revisita aquella época, fantasea con la iniciación sexual del joven Sigmund y confronta algunos conceptos  psicoanalíticos con algunos de los postulados de los entonces incipientes movimientos de liberación de la mujer. La novela es floja y aburrida. Y, como toda obra que recurre a la ficción con el ropaje de lo fáctico, una farsa. El berenjenal en el que se mete el macedonio al mezclar realidad y ficción es de aúpa y deslegitima en gran medida la obra porque el lector no sabe si suspender o mantener la credulidad sobre el relato. Y es una pena porque el trabajo de Smilewski esconde algo importante dentro como es el acercamiento a una faceta tan fundamental como desconocida en la vida de Freud: su vida afectiva, sus relaciones con las mujeres así como la recepción de la obra freudiana entre el pensamiento feminista.

Pero vayamos por partes con la propuesta de Smilewski para intentar averiguar si Freud mandó o no a sus hermanas al crematorio nazi. Para ello hay que revisar obras de mayor solvencia que esta novela. Por ejemplo The escape of Sigmund Freud, publicado por David Cohen en 2010. Es el texto donde más información se aporta sobre la salida de Freud de Viena. Cohen, tras revisar todo el material disponible al efecto, concluye que a Freud le costó mucho asimilar que debía abandonar la capital austríaca. Omnipotente con su éxito, tal vez pensaba que los nazis no se atreverían con alguien de su prestigio; pero la detención de su hija Anna por la Gestapo en Marzo de 1938 le hizo cambiar de opinión y comenzó a preparar su traslado a Londres. Para ello contó con la ayuda de sus discípulos Marie Bonaparte y Ernest Jones así como con el apoyo resuelto de la diplomacia norteamericana. También tuvo la gran suerte de que Anton Sauerwald, el comisario nazi encargado de tramitar su salvoconducto, fuese secreto lector de sus obras. Está documentado que Sauerwald trabajó muy activamente para que Freud, que ya tenía ochenta y dos años y sufría un cáncer de mandíbula, saliese de Viena en las mejores condiciones posibles. Es cierto que, sin que sepamos la razón, Freud no llevó a ninguna de sus cuatro hermanas; pero Cohen afirma que les dejó una fuerte suma de dinero para que pudiesen vivir en buena situación. También hay constancia, en los meses sucesivos, de los baldíos esfuerzos de Marie Bonaparte y de Sauerwald por tramitar el traslado de las hermanas a  Londres. Ello nunca fue posible sin que se sepa por qué. Y cuatro años más tarde todas ellas murieron en campos de concentración nazis. Así pues, la presunta culpabilidad de Freud en esos acontecimientos parece descartada por todos estos hechos.

Pero la estrofa principal de la letanía de Smilewski pregunta por Freud y su relación con las mujeres. Las biografías más reconocidas informan de la peculiar y estrecha relación con su madre, que lo consideraba su hijo favorito,  y de la apatía con la que habla de su esposa Martha. Estos últimos años han aparecido documentos que avalan que su verdadero amor vienés fue su cuñada Minna, con la que pudo mantener relaciones durante casi todo su matrimonio. Así que la secuencia más sensacionalista nos permite imaginar a don Sigmund engañando a su esposa con su cuñada. Y con coca de por medio.  Casi nada.

Aparte de estos datos, hay varios documentos que informan del fuerte tropismo de Freud por las mujeres y de sus deseos de vivir la sexualidad lo más libremente posible. Sin embargo, se intuye entre la hojarasca que hubo un momento concreto en que el maestro de Bergasse, 19, renunció a entender el universo femenino y tiró la toalla. ¿Cómo, si no, puede explicarse una teoría que afirma que el psiquismo humano se desarrolla guiado por el falo y encauzado por conceptos como el complejo de Edipo, la angustia de castración  o la muy femenina envidia del pene? Lo que cuesta creer es que tal ingenio teórico haya llegado intacto a nuestros días y que no haya cedido ante los embates de los movimientos feministas más primarios e iracundos. Sea como fuere, parece que a Freud el psiquismo femenino  le causaba bastantes quebraderos de cabeza y tuvo la impresión de no haberlo entendido nunca… aunque tampoco se preocupó demasiado por ello. Y esto es lo que Smilewski le reprocha con justicia y crudeza por boca de su hermana Dolfi.

Un papel estelar en este flujo y reflujo de intentos de aprehensión del psiquismo femenino lo tuvo su discípula Marie Bonaparte, que intentó acercar, sin conseguirlo, al genio vienés a los movimientos críticos con la sociedad patriarcal de la época. A ella, según Ernest Jones, le expresó Freud uno de sus corolarios mas famosos: «La gran pregunta nunca resuelta y que yo tras treinta años de investigación sobre el alma femenina aún no he logrado responder es ¿qué quiere una mujer?».  La princesa Bonaparte no se inmutó ante el desdén, aguantó mareas y permaneció junto al egregio psiquiatra hasta su muerte. Incluso, un buen día, le regaló una valiosísima y antiquísima ánfora griega.

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23 comentarios

  1. Pingback: ¿Fue Sigmund Freud culpable de la muerte de sus hermanas en un campo de concentración nazi?

  2. @dgpastor

    Freud siempre me pareció un machista, pero ante todo un plasta sobrevalorado. Y sí, es alucinante que haya quien siga al pie de la letra su escuela a estas alturas del siglo (del siglo siguiente).

  3. Cavestany

    A ver, no comprenderé nunca qué es lo que hace que alguien vaya a pagarle a un psiquiatra para que supuestamente le «arregle la vida». Señoras y señores, que ese tipo o tipa es un pobre ser humano como ustedes que no tiene ni puñetera idea de nada, igual que usted y yo. Y esto incluye al Freud de las narices y a todos sus discípulos y también a sus detractores. Háganse a la idea de que esto es lo que hay y olvídense de buscar consuelo en ningún lado y mucho menos en alguien que les va a cobrar a la salida…

    • Hmmm… Interesante. Ahora háblanos de la relación con tus padres.

      • Cavestany

        Genial. Follábamos entre los tres como monos y éramos felicísimos. ¿Dónde has dicho que tienes la consulta?

    • M DOLORES

      ¡¡que atrevida es la ignorancia¡¡¡

    • Yo voy al psi cuando quiero, and so what?

      Si en su familia hubiera casos de bipolaridad o depresión sabría lo imprescindible que resultan los psiquiatras y los psicólogos clínicos para que la persona afectada reciba el tratamiento adecuado. Además, siempre se aprenden cosas: yo voy de vez en cuando y pido que me echen las cartas sobre frikis que me rodean y gobernantes tarados. Y es de gran utilidad. Vamos, a mí me funciona.

  4. theosarapo

    Dolores, que era un machista redomado parece evidente. No obstante hay grandes aportaciones en su obra. La primera, el hacer ver a los hombres que no son dueños de su destino y que no son el centro del universo. Eso solo lo han hecho cuatro personas: Copérnico, Darwin, Freud y Pavlov.

    • @dgpastor

      De acuerdo con que hizo aportaciones valiosas. Pero echo de menos la evolución de las mismas.. Yo era mucho más fan de Jung, dónde va a parar.

  5. kilgore

    Lo curioso es que Freud hubiera sido feminista en el siglo XIX. A veces teneis unas cosas……

    • theosarapo

      Freud vivió casi toda su vida digamos fértil en el Siglo XX. Y en la Viena de aquellos años empezó a gestarse un incipiente movimiento feminista en el que participó por Klara Klimt, la hermana de Gustav Klimt.

    • theosarapo

      Si usted se piensa que Jung era igual que Michael Fassbender, usted se equivoca.

  6. Freud fue un gran artista, un escritor excelente y un creador de mitos… con lo que recogía de los antiguos (Sófocles) y de los modernos (Dostoyevski, Schopenhauer).

  7. cecilio de oriol

    Asisto con cierta perplejidad al intercambio de opiniones. Despachar a Freud con un comentario ingenioso es igual que despachar a Einstein diciendo que obligaba su mujer a andar dos pasos detrás de él (es cierto). No sé si recordar (por obvio) que hay que separar persona y personaje. Dicho esto: que Freud fue un estupendo y genial neurótico y que una gran parte de su obra esta basada en su autoanalisis, es una verdad que solo incomoda a los que pretenden hacerlo santo.

  8. juanjo m jambrina

    Querido Cecilio: gracias por su informada y certera información. Parece que lo malo no era la pléyade de libros contra Freud que salieron años atrás. Lo terriblemente triste es la ignorancia sobre su figura.
    Y, algún día, tendremos que batirnos en duelo con florete: yo considero que el personaje es inseparable de su persona. Y de su obra.

  9. cecilio de oriol

    Mi querido Dr. Jambrina: Ante todo agradecerle su amable contestación. Y si bien no discreparía de usted al unir persona y personaje en el enjuiciamiento de las motivaciones y de la génesis de la obra, si discrepo (respetuosamente, claro está) si nos referimos a la persona y al recorrido y trascendencia de dicha obra. Los ejemplos son tan evidentes que no cabria aquí mencionarlos. Queda, pues, pendiente el duelo a florete.
    Y una autorectificación: nunca debí decir que a Freud lo pretenden canonizar. Lo que siempre han pretendido sus epígonos es convertirle en profeta.

  10. Primero. Que no tuviese en cuenta a los ‘sanos’ a la hora de establecer un modelo de cómo funciona la psique y solo se centrara en los ‘enfermos’ invalida completamente sus reflexiones y ‘teorías’. Segundo. Su machismo o su manifiesta incapacidad para comprender a las mujeres es un extra que le resta puntos, pero lo fundamental es que su planteamiento de base era erróneo. […] Es como una ensalada que tiene toda la lechuga podrida, poco importa que las aceitunas estén muy amargas. […] Consideración aparte merece su legado reflejado en la figura de sus discípulos o seguidores; obtusos e irracionales donde los haya. Si bien es cierto que el género humano cree en una serie de gilipolleces, cuál de ellas más variopinta, no menos desasosiego me produce pensar que entre sus defensores se hallen (algunos) responsables médicos de la salud mental en este país.

    Menos mal (¡menos mal!) que hay gente en los laboratorios investigando con ratas y con monos e intentando entender cómo funciona el cerebro… en la salud… y en la enfermedad.

  11. juanjo m jambrina

    Querido jrr: Freud tiene muchas aportaciones interesantes para el funcionamiento del psiquismo humano. Eso parece incuestionable. Y tiene en su obra muchísimos errores.

    Por otra parte, nada nos enseña mas sobre la salud de los vidas que la autopsia de los muertos.

  12. cecilio de oriol

    Amen, Dr, Jambrina.

  13. Joseph

    La mala leche se advierte desde que no cejas en llamar «psiquiatra» a Freud. Ciando es bien sabido que la medicina poco o nada tiene que ver con el psicoanálisis.

    El revisionismo, de cualquier modo, se antoja como un mero proceso de best seller más que de investigación. No se trata de llamar puramente la atención. Seria menos execrable una aproximación un tanto mas rigorista, que la que los propios psiquiatras guardan del psicoanálisis.

    Quizá leer a Lacan sea uno de los mejores medios para apreciar el legado de Freud.

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