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Hilma af Klint, la pintora con la visión sagrada

Hilma af Klint
Hilma af Klint, 1895. Fotografía: Cortesía de Stiftelsen Hilma af Klints Verk / DP.

Los profetas describen lo que vieron en Visiones… con sus órganos imaginativos e inmortales. Un Espíritu y una Visión no son, como supone la filosofía moderna, un nuboso vapor o una nada: se hallan organizados y articulados meticulosamente, más allá de lo que pueda producir la naturaleza mortal y perecedera. Quien no imagina rasgos más fuertes y mejores, y bajo una luz más fuerte y mejor que la de su ojo perecedero, no imagina en absoluto. (William Blake, un catálogo descriptivo de cuadros, 1809)

La belleza se convertirá quizás en un sentimiento inútil para la humanidad y el arte será algo que se situará a mitad del camino entre el álgebra y la música. (Gustave Flaubert, Correspondencia, 1852, Vol.III, pág. 18, París, 1927)

Hilma af Klint era una completa desconocida hasta hace poco. No aparece en ninguna enciclopedia del arte contemporáneo, ni se encontrarán referencias en los estudios sobre la pintura del siglo XX. Pero este no es un caso de olvido injustificado ni de artista maltratada por su tiempo. La pintora sueca dejó en su testamento la prohibición de mostrar su obra no menos de veinte años después de su muerte. Cuando el propietario de la finca donde había residido anunció que iba a demoler la vivienda, su sobrino tuvo que recoger apresuradamente la inmensa obra que allí guardaba y apilarla en el ático de su casa durante años. Fue en los ochenta cuando el mundo contempló por primera vez su trabajo, dentro de la exposición The Spiritual In Art. Abstract Painting 1890-1985 (Museo del Condado de Los Ángeles). La respuesta no fue demasiado entusiasta. Las tendencias no eran entonces proclives a conectar con la dimensión ocultista de pintores como Kasimir Malevich. Hilton Kramer, el conocido crítico, puso incluso en duda el objeto de aquella retrospectiva. Según él, el rasgo espiritual en la pintura abstracta solo se podía aplicar a los pioneros del movimiento y no era un factor determinante. Todavía pesaba en muchos intelectuales el lastre contra la Iglesia, por un lado, y que el nazismo hubiese tenido algo más que un coqueteo con lo esotérico. Kramer también juzgó los cuadros de Klint como inferiores respecto de los otros artistas. Concluía que, de no haber sido una mujer, no habría entrado en la exposición.

No fue un hecho aislado. En la exposición del MoMA de 2012 sobre el nacimiento de la pintura abstracta, Inventing Abstraction. 1910-1925, no hubo ningún cuadro de Klint. La comisaria del evento, Leah Dickerman, justificó su ausencia porque la pintora nunca había definido su pintura como «arte». Tener esa obra oculta de forma deliberada al público y al comercio es algo totalmente incomprensible para cualquiera, ya no que no pertenezca a este mundo, donde todos nos matamos por publicar nuestras ocurrencias, sino del de antes del 2500 a.C.

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5 comentarios

  1. Gallego Rey

    Cuando se empezaba a resquebrajar el edificio de la certeza neoliberal (…)
    Me cuesta horrores seguir leyendo un artículo que apela, a saber a santo de qué, a este término.

  2. Pingback: Hilma af Klint – Art(ist)

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