Destinos Ocio y Vicio

El complejo de Dante: la fervenza

complejo de Dante la fervenza
Ilustración: Pablo Auladell. fervenza

Este artículo encuentra disponible en papel en nuestra trimestral nº4 especial Rutas.

Una de las más abultadas fantasías e ingenuidades humanas (si acaso ambas cosas no son lo mismo) es creer que hemos estado en lugares únicos, excepcionales, tanto si estos fueron maravillosos o lo contrario. Podríamos llamarlo «el complejo de Dante», aquel que hace referencia no solo al hecho de haber estado en el Paraíso o en el Infierno, sino también al de haber regresado para contarlo, o más exactamente, que hemos sido de los poquísimos que hemos entrado en tales lugares y de los poquísimos que salieron para contarlo. De hecho, se diría, que ni Paraíso ni Infierno acaban de cobrar un sentido completo hasta no formar parte de un relato, tanto si lo hacen Dante o Gluck en tercetos encadenados o conmovedoras melodías, como si apenas da para un balbuceo a lo Lucía, Jacinta y Francisco, famosos niños de Fátima.

Uno de los casos más comunes de complejo de Dante suele producirse con relación a Venecia

Todo el mundo sabe, incluso los que jamás han estado en ella, que Venecia es una ciudad bellísima, la ciudad turística por excelencia, el destino de millones de personas de todo el mundo que la eligen por cifrar en sus canales, en sus palacios un tanto decrépitos y en sus callejuelas y campi no solo el dechado de exotismo, perfección, cultura y vida que conocemos, sino la metáfora de todo aquello que, al borde siempre de la muerte, el hundimiento y la desaparición en la laguna, ha logrado sobrevivir de modo jovial y suntuoso durante siglos. Que todo eso se dé cita en apenas unos palmos de terreno arrancado al agua, la hace además excepcional, un gran milagro.

Quiero decir que puede haber otras ciudades tan hermosas como Venecia, incluso más interesantes desde puntos de vista cosmopolitas: París, Londres, Viena, Praga, Lisboa, La Habana, pero solo Venecia, por su carácter restringido de pequeñísima ciudad que puede recorrerse en un día, resulta fascinante para muchos, especialmente en una época acelerada como la nuestra, que ha descubierto las escotillas de los microrrelatos, los haikús, las píldoras teóricas, los aforismos, los titulares, el Twitter y demás espasmos teóricos o sentimentales. Y claro que Venecia no es un descubrimiento moderno. Desde el Grand Tour forma parte de la educación sentimental de algunos privilegiados. Este es el punto en que hay que citar a Goethe o Proust, aunque conviene recordar que en Venecia no estuvieron nunca muchísimos otros sin menoscabo de sus vidas o de sus obras. 

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