
Fueron doce personas. Habían formado un comité para exigirle al Parlamento Británico la abolición de la esclavitud. La iniciativa partía de una petición firmada por trescientos cuáqueros, pero los miembros de este culto no tenían derecho a ser diputados. Por eso en el comité se sentaron tres anglicanos, Thomas Clarkson, Granville Sharp y Philip Sansom. El grupo se denominó oficialmente Sociedad para la Abolición de la Trata de Esclavos. Como ocurre ahora, el detonante fue una noticia impactante, el caso del Zong, un barco que se dedicaba rutinariamente a la venta de esclavos, pero que había contraído un seguro por la carga y decidió cobrárselo cometiendo un fraude: tirar «la carga» al mar y dar media vuelta. Murieron ciento treinta personas. Cuando el seguro se negó a pagar, llegó el escándalo.
La Sociedad se creó un 22 de mayo de 1787. En un principio no estaba orientada a acabar con la esclavitud, sino con el comercio internacional de esclavos. Su actividad fue sobre todo informativa. Publicaron libros, carteles propagandísticos y emprendieron largas giras por localidades de todo el territorio británico dando discursos y organizando actos para concienciar a la población. Fabricaron medallones con la leyenda «¿No soy un hombre y un hermano?» que llegaron a hacerse muy populares, se convirtieron en una moda. Lentamente, el movimiento logró a reunir los apoyos necesarios para que, en 1807, el Parlamento Británico aboliera el comercio internacional de esclavos.
Las consecuencias fueron inmediatas en todo el mundo. Gran Bretaña tuvo que indemnizar al resto de imperios, ya que una de sus actividades más lucrativas, el secuestro y venta como esclavos de personas, además de su explotaciones agrícolas con este tipo de mano de obra en sus colonias, se verían seriamente afectadas. La abolición amenazaba tanto a la economía de las colonias portuguesas y españolas como a sus gobiernos corruptos, en Mozambique los negreros dominaban todo el aparato del Estado. Allí la cuestión era especialmente complicada. Algún intento de abolir la esclavitud había tenido como respuesta amagos secesionistas. Era muy real la amenaza de que Angola y Mozambique se independizaran del Imperio portugués para unirse a uno brasileño basado en la trata.
España, por ejemplo, recibió cincuenta millones de reales como indemnización por la abolición del comercio. Un pago que dio lugar a un caso de corrupción que nunca ha llegado a ser aclarado del todo. Con ese dinero, Fernando VII compró a Rusia unas fragatas que, a su llegada, fueron declaradas inútiles y hubo que desguazarlas y revenderlas como leña.
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Hay quien esta intentando huir del discurso triunfalista de este articulo en Escocia ahora, pues el discurso sobre la abolición se ha utilizado históricamente en el Reino Unido para tapar el horror que vivieron millones de africanos, un asunto directamente comparable con los campos de concentración de los Nazis cualquiera diría. Hay que poner el foco en las victimas.
Eso dicho, la realidad de los esfuerzos «descolonizadores» de la actualidad es que, por muy bienvenidos que sean, acaban enfrentándose con la cruda realidad, que es que la monarquía inglesa luego británica estableció la primera empresa dedicada a la trata de esclavos en las islas, con un monopolio absoluto durante mucho tiempo de aquel «comercio» y que los dueños de las plantaciones en países como Jamaica no solo hicieron enormes fortunas en su momento sino fueron compensados por el Estado británico con pagos extraordinarios multimillonarios llegado el momento de la abolición en 1832.
Los que beneficiaron de aquella infame trata siguen mandando en el Reino Unido día de hoy, y su efecto residual, el racismo, sigue siendo un problema grave, con el primer ministro Johnson siendo un racista constatado que ha recortado de forma brutal el presupuesto de cooperación y desarrollo, ninguna casualidad…
…en este aspecto,la Universidad de Glasgow ha dado un paso importante en investigar y identificar donativos de siglos pasados procedentes de personas con ingresos de la esclavitud, creando un fondo y varios scholarships para estudiantes del Caribe en la actualidad…y no me acuerdo que mas….en un intento de «descolonizar»aquella, por lo demás, ilustre institución….
La Emancipación fue terrible. Pensemos que personas analfabetas que vivían en plantaciones de las que apenas salían se encontraron tiradas en la calle, sin un barracón donde vivir y sin comida.
Así que, emancipados, los que tenían salud siguieron trabajando en las plantaciones, solo que en peores condiciones: si uno enfermaba, se sustituía por otro. Antes, cuando eran esclavos, se trataba de curarlos, al fin y al cabo valían dinero.
A pesar de todo, cuando leemos los testimonios de ex esclavos todos prefieren la libertad. No hay testimonios de los que no sobrevivieron a los primeros años de libertad.
Para indemnizar a los esclavistas por la libertad de los esclavos, el Estado británico adquirió una deuda que solo acaba de pagar el contribuyente británico en el 2015… el rescate de los bancos, de hace una década ya, sigue el mismo patron:
socialismo para los ricos, mercado «libre» para los demás…
…a los esclavos ya liberados, no se les pago ni un duro…
Uno de los esclavistas indemnizados, un escoces de nombre George Rainy, volvió a Escocia con su fortuna y adquirió la isla de Raasay donde procedió a «despejar» la isla de sus habitantes, parte de un proceso muy extendido en el Siglo XIX y hoy en día notorio en Escocia que se llama the Highland Clearances, que consistía en echar a los clanes – gaélico parlantes sin inglés en la gran mayoría de los casos – de sus tierras ancestrales para poner ovejas porque era mucho mas rentable…el caso de Rainy en Raasay fue de una brutalidad notoria en el momento…
Un siglo después, el gran poeta escoces, Sorley MacLean, escribió tal vez el poema escoces mas famoso del siglo XX, «Hallaig» sobre uno de los pueblos «despejados» y destruido del todo de la isla de Raasay, que era su isla, donde nació y vivía toda su vida…
…escribía en gaélico y es el último escoces que ha entrado en consideración por el Premio Nobel de letras en serio.
Desconozco si MacLean sabia la historia de Rainy en el Caribe y como conseguio la gran fortuna que empleaba para destruir las comunidades de Raasay que, unas décadas después, el gran «bard» gaélico añoraba, tan bello como triste, en «Hallaig»…