
Las piruetas ideológicas, el uso de la historia de otros países para justificar posiciones propias en otras latitudes que nada tienen que ver, la tendencia al esoterismo para interpretar lo que pasa en países que están a más de mil kilómetros del Pirulí y, por qué no decirlo claramente, el poderoso cuñadismo internacional han logrado que la desintegración de Yugoslavia sea generalmente entendida al revés de como fue. La creencia es que la federación era un bálsamo de paz y estabilidad, pero que la injerencia extranjera, depende según el caso si fue de Estados Unidos o de Alemania, maniobró para que el país se desintegrara. Sin embargo, basta leer muy poco para entender que los problemas políticos y económicos marcaron la existencia de la Yugoslavia comunista desde sus inicios. Es bien conocido y no es objeto de este artículo explicarlo, pero sí detenernos en un episodio que puso de manifiesto los problemas que experimentó el comunismo para mantener a los eslavos del sur en un solo Estado: el de definir cuál era la lengua común de ese Estado.
Dominados por diferentes imperios y, al mismo tiempo, inmersos en diversos resurgimientos nacionales, los eslavos del sur no solo se dividían en eslovenos, croatas, serbios, bosnios, montenegrinos y macedonios, sino que existían muchas más subdivisiones entre ellos. El encaje en estas categorías no era tan natural como pueda parecernos ahora que creemos en las naciones como en cualquier otra religión. No obstante, al margen de los diferentes orígenes culturales de estos pueblos, la gran división, la que aún hoy resulta determinante, era religiosa. Los eslavos del sur son ortodoxos, católicos y musulmanes.
No hace falta irse muy lejos para encontrar un pueblo con estas tres religiones, pero con una sola adscripción nacional: Albania. Entre los eslavos, en cambio, este proceso, a la vista está, fue mucho más accidentado, hasta el punto de que nunca se culminó, pero, en un principio, intuitivamente —por emplear el término usado por la historiadora Marie-Janine Calic—, estos pueblos se sentían relacionados entre sí por una cuestión inequívoca: podían comunicarse.
La variedad lingüística empleada era el štokavski (que debe su nombre al pronombre interrogativo što, ‘qué’) y fue la que sirvió de base, ya en el siglo XIX, para intentar establecer una lengua estandarizada. Entre ciertos sectores sociales de la época, el nacionalismo protoyugoslavista se expresaba como forma de unión entre unos pueblos que se consideraban divididos «superficialmente» por los accidentes de la historia. Paralelamente, existían otros nacionalismos más homologables a los que cobraron más fuerza en el siglo XX, pero la unión de los eslavos del sur tenía un propósito político importante y realista: sacudirse el dominio imperial. Para garantizar la supervivencia de la nación croata habría servido una recomposición «trialista» de Austria-Hungría, la Gran Croacia o Yugoslavia. El problema era la supremacía.
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Interesante artículo y vaya lío. Son los estados e imperios los que hacen las lenguas y no al contrario. La unidad del español de Argentina, Nicaragua, Barcelona o Ciudad de México no se discute porque se reconoce la autoridad, hace tiempo muerta en lo político, que lo impuso. En España el catalán, obviamente inteligible, se trocea en «lenguas» diversas: no hubo autoridad, ni hay, que imponga lo evidente. En Yugoslavia la pejiguera acabó mal. Creo que los dialectos italianos eran mucho más divergentes, pero ahí el poder optó por la unión.
Creo que con ver un paquete de cigarrillos de Bosnia y saber en cirilico se comprede que las tres hablas son una misma lengua. Hablo serbio que aprendí de mi mujer y vivo en alemania donde viven muchos serbios, croatas y bosnios. De hecho tenemos amigos de las tres nacionalidades y jamas nos ha costado entendernos con ellos hablando serbio. Todo esto evidencia que la denominacion de lengua official es mas politica que otra cosa
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Felicidades por el artículo. Bien escrito, bien documentado, argumentado y con mucho conocimiento del tema. No muchos ex-yugoslavos llegan a este nivel. Ademas, muy implicado. Lo he compartido con mis hijas que han crecido en España porque algunas cosas yo no sabía explicar tan bien y resumido. Muchas gracias!