Entrevistas Cine y TV

Alauda Ruiz de Azúa: «Una película no es mejor ni peor porque su director haya hecho antes publicidad o tres películas de corte comercial»

Alauda Ruiz de Azúa para Jot Down

Son muchos los momentos de los últimos meses que hacen a Alauda Ruiz de Azúa (Baracaldo, 1978) sonreír al volver a ellos. De una gran parte son protagonistas sus «lobitos», los que estrenó en la gran pantalla en mayo del pasado año, y los que le han guiado por festivales y permitido alzar la estatuilla a mejor dirección novel en la 37ª edición de los Goya. Cinco lobitos. Los que tenía la loba detrás de la escoba. De los que se sirvió para hablar de maternidad, tiempo y cuidados, con una honestidad novedosa, en el que fue su nacimiento como cineasta, su primera película. A la que le ocurrió «lo mejor que le podía pasar». Por los premios, el viaje, pero, sobre todo, por la conexión con el público. Los «has contado mi historia y no lo sabes», los «me identifico tanto», los «yo no lo he podido contar». Los que no puede narrar sin una emoción especial. La misma que se dejó ver cuando pronunció su discurso en Sevilla, premio en mano, ante el resto de nominados: «Aita, ama, sois los culpables de que esté aquí esta noche».

Una historia autobiográfica «en lo emocional» que le ha hecho «más valiente» y que llegó con su recién estrenada maternidad, hace siete años, a raíz de replantearse y cuestionarse muchas cosas. Una que le costó cinco años levantar y que pensó que podría ser la primera y última a la vez. Por suerte no lo fue. Poco después de terminar el rodaje de Cinco lobitos, tomó las riendas de Eres tú, una comedia romántica estrenada el pasado mes de marzo en Netflix. De ella se lleva la diversión y el aprendizaje. «Ojalá en mi vida tenga la oportunidad de compaginar proyectos más comerciales con intentar levantar proyectos personales». Por el momento, se tiene por una afortunada. Porque desde pequeñita quiso estar ahí, haciendo de su obsesión un trabajo, preguntándose por qué las personas son así, y por qué hacen lo que hacen. Y porque si algo tiene claro es que el éxito tiene mucho que ver con su realidad actual: dedicarse a lo que le gusta «sin muchos quebraderos de cabeza». 

¿Cómo te definirías ante alguien que no te conoce?

Qué difícil, ¿no? Pues… Soy una chica de Baracaldo que desde pequeñita soñaba con ser directora de cine y al final, años después, ha conseguido dirigir su primera película, que es Cinco Lobitos y estrenar en el Festival de Berlín, ganar en el Festival de Málaga, ir a los Goya… Eso podría ser. 

¿Cómo aparece el cine en tu vida?

Siempre ha estado muy presente. Yo no recuerdo un momento donde hubiera una aparición muy concreta. En mi familia nadie se dedicaba al mundo del cine ni de la cultura, pero sí era una casa donde se disfrutaba mucho de lo cultural, del teatro, del cine, de leer. Estaba por toda la casa todo el rato. En este disfrute yo siempre pienso que mi hermana no se quedo, o sea, se quedó como afición y se dedicó a otra cosa, pero yo me quedé, me quedé enganchada desde pequeña. Siempre me fascinaba eso de contar historias, por qué los personajes hacían lo que hacían. Siempre estaba como jugando a hacer obras de teatro o cosas de esas. En un momento dado empecé a entender que se podían hacer películas, que había alguien que dirigía las películas, y entonces pensé que me gustaría. Fue muy ingenuo, la verdad, pero pensé: lo que más me gusta del mundo es el cine y quiero dedicarme a eso. 

Ese momento de «mamá, papá, quiero ser artista», ¿cómo se vivió en casa? 

Hubo un poco de shock. Ellos veían que me apasionaba el cine, era evidente, pero no esperaban que lo tuviera tan claro, que hubiera tomado esa decisión, pero fueron muy… Dentro del susto que debían de tener. Pero susto no por nada, sino porque realmente lo que me transmitieron es que vale, has encontrado algo que te apasiona, quieres hacerlo, esto es genial, pero ¿cómo se hace esto? ¿Cómo llega alguien a ser directora de cine o a trabajar en el cine? Era una cosa absolutamente desconocida y la respuesta fue ama, aita, no lo sé. Recuerdo que mi aita me preguntó, «¿pero hay gente que se gana la vida con esto?» Esa era la duda que tenía él. Y la respuesta fue absolutamente naif. Fue «aita, yo creo que sí». Porque tampoco tenía ni idea. Y entonces él dijo «bueno, pues si hay gente que lo hace, no veo por qué no». Y entonces fue como bueno, habrá que enterarse dónde se puede estudiar, cómo se puede estudiar y tal. Es verdad que en ese tiempo me plantearon, porque no sabíamos cómo enfocar el asunto, estudiar otra carrera o algo que me gustase mientras. Entonces decidí estudiar Filología Inglesa, que era una carrera por lo literario. No sé, también me gustaba mucho la literatura, leer, los idiomas y mientras estudiaba Filología descubrí que había una escuela de cine. Era una época… Es curioso, era justo el salto antes de la era de la información, de que explotara internet. Había internet, pero las escuelas no tenían páginas web. Era todo súper básico. Y entonces, claro, no había tanta información, tenías que ir a una charla a enterarte o ver un programa en la dos, era todo un poco así. 

¿Llegaste a terminar la carrera de Filología?

Sí, sí, sí, sí. La terminé. 

¿Crees que te ha ayudado a la hora de contar historias?

Hay una cosa que yo recuerdo que en un momento dado hablé con mi ama, esta idea, que ella me decía, de que a veces para contar historias también está bien vivir un poco. En su momento, claro, con dieciocho años, esto no lo entendía. Ahora lo entiendo mejor. Es verdad que estudiar o haber estudiado otras cosas, al final era ir a otro sitio y conocer otra gente, tener otro tipo de vivencias, aparte del bagaje cultural que es súper interesante, que también me ha aportado mucho. Todas esas experiencias las tengo ahí, las atesoro. Para mí son un tesoro, porque luego, a la hora de escribir historias, a la hora de dirigir un actor, tiras mucho de cómo han sido tus procesos, de cosas que tú has vivido. Entonces, ahora lo entiendo más. Ese tiempo que eché en otras cosas no lo siento como un tiempo perdido porque es lo que luego me ha ayudado, me ha recolocado cosas, me ha ayudado a crecer en otras, ¿sabes? Yo estoy contenta con el camino. 

Alauda Ruiz de Azúa para Jot Down

Dices que en tu casa se consumía mucho cine. ¿Hay alguna película o director que recuerdes que te marcase especialmente de esa época?

Bueno, se veía mucho cine de todo tipo, porque también era esta época un poco mágica, donde había un cine comercial como muy adulto. Había mucho interés por otras cosas. No sé, en mi casa igual se veía Star Wars, pero también se veía Alien, se veía Saura, se veía Peter Weir. Ahora siento que está un poquito más polarizado, ¿no? Está como un cine claramente con una vocación muy comercial y luego una cosa como más independiente. Y la verdad es que veíamos de todo. Me acuerdo, claro, cuando era más pequeña, que no me podía quedar hasta más tarde, pero mi padre me grababa las películas, me grababa todos los clásicos que echaban en la dos. Coppola era un director en aquella época como muy de referencia. Te diría, no sé. Y luego todo este mundo más divertido, de Los Goonies, de Star WarsBilly Wilder también era un clásico que veíamos mucho. 

Un punto también muy interesante del cine, esa unión. Las películas alrededor del sofá. 

Sí. Eso es verdad. Yo siempre lo hablo con amigos y amigas, que nosotros crecimos viendo seguramente cosas que no deberíamos haber visto y que hemos sobrevivido y no estamos traumatizados y seguramente, al contrario. Y es verdad que por eso a veces, ahora que tengo un hijo, digo bueno, pero si estuviera con su primo mayor la vería… Esta cosa que nos pasaba a nosotros de que al final tenías un primo más mayor o estaba tu padre viviendo o tu madre y te quedabas a ver la película. Y había una cosa que yo sí recuerdo de eso, por ejemplo, de ver pelis de Saura en esa época o de Peter Weir. Esa cosa de cuando eres un poquito más pequeño y ves algo que te abre una puerta a un mundo adulto, pero que todavía no es tu mundo. Tú puedes percibir que ahí hay toda una serie de cosas fascinantes, pero que todavía no tienes las herramientas para entender. Y que el cine tuviera como ese misterio y que eso fuera mágico sí que es una sensación que recuerdo mucho y creo que en parte porque no había tanto nicho de películas de series y veíamos un poco todo lo que lo que se veía, efectivamente, en el salón de casa.

¿Cómo recuerdas la etapa de empezar en la ECAM, ese primer curso?

Pues fue increíble porque de repente era… Yo mi afición y mi pasión por el cine en la época de adolescencia y tal es verdad que la había vivido un poco en soledad. Igual sí lo compartía con algunos amigos, pero el nivel de obsesión que tenía yo por el cine no lo compartían, entonces lo había vivido un poco en soledad. Para nada traumático, pero lo vivía como mi momento, mis horas, dejaba de hacer cosas porque quería ver tal peli, me iba a tal sitio… Entonces, cuando llegué a la escuela de cine fue muy mágico porque me encontré con un montón de gente que estaba tan obsesionada como yo, que podía pasarse horas hablando de cine, que veían cosas que tú veías, que te descubrían otras cosas… Esa sensación como de encontrar un poco comunidad, amigos, compañeros fue muy guay. Y luego, de hecho, mucha gente que conocí en esa etapa sigue presente en mi vida ahora. Por ejemplo, el montador de Cinco lobitos es el montador de mis cortos de la escuela de cine. Uno de mis productores, con el que empezamos a intentar levantar el proyecto hasta que lo conseguimos, le conocí en la escuela de cine. Manu, que estudiaba producción. Nos conocimos haciendo cortos. Fue como encontrar un poco tu tribu.

Imagino que el hecho de estudiar fuera de tu casa, en Madrid, también fue un cambio importante

Había tenido la experiencia del Erasmus antes. Yo recuerdo que siempre quería salir fuera. O sea, estaba a gusto en mi entorno y tenía mis amigos y mi familia y todo, pero siempre tenía esta cosa como de… Seguramente peliculera, seguramente construida por las películas, por los relatos de gente que abandona el nido y tal, de que quería ir fuera, quería ver otras cosas, entonces siempre me parecía una gran idea. Después de haber pasado por el Erasmus, que para mí fue una oportunidad también de verme sola de repente en otro país, compartir piso con otra gente, todo esto, pasar tres años de repente en Madrid me parecía un sueño.

¿Qué edad tenías?

Creo que tendría como unos veintitrés o veinticuatro. Fui a compartir piso con un amigo que de casualidad iba a trabajar a Madrid también. Esa época preciosa de los veinte y pico años. Además, estudiando, haciendo cortos, lo que te gusta. Muchos recuerdos bonitos de Madrid. 

¿Cómo fue el proceso creativo de Cinco lobitos? ¿Cuándo y de dónde nació la idea? 

Siempre he escrito, siempre, desde pequeña. Es verdad que desde que terminé la escuela de cine y seguía currando y tal, escribí algún otro largo que dejé en un cajón porque me acuerdo que lo hablé con Manu y bueno, yo no sentía que… Estuvo como bien hacer el ejercicio de escribirlo, pero no sentía esa conexión, ese enamoramiento especial con el proyecto. Y es curioso, porque sientes esas cosas. Con Cinco lobitos pasó que después de mi primer año de maternidad, de repente esto me zarandeó un poco los cimientos de muchas cosas, de muchas ideas que tenía. Empiezo a tomar notas, me empieza a parecer un tema interesante para escribir y empiezo a escribir y me doy cuenta de que no lo puedo soltar, de que tenía ese enganche con esa historia. 

El tema de la maternidad me llevó a reflexionar sobre la familia, la familia me resultaba un pozo súper atractivo en el sentido de que siempre encontraba como ideas, capas nuevas, cosas que me alimentaban. Y fue gracioso porque fue uno de los años o el periodo de mi vida donde menos horas dormía, seguramente, porque tenía un niño pequeño, pero notaba ese enganche porque sacaba el tiempo para escribir, para pensar la historia. Y ahí sí que decidí que era el proyecto que quería levantar. A Manu también le gustó mucho el proyecto y ahí ya nos decidimos a intentar levantarlo. 

Alauda Ruiz de Azúa para Jot Down

¿Cuánto hay de ti en Cinco Lobitos y cuánto de Cinco lobitos en ti, ahora, después de este largo recorrido?

Siento que a Cinco Lobitos le ha pasado lo mejor que le podía pasar a una primera película. O sea, si hubiera hecho una carta a los Reyes Magos o al Olentzero, pues sería esto. A nivel de festivales, de reconocimiento, de que la gente la viera y tal. Entonces, claro, sí que hay mucho en la película, hay mucho de mi curiosidad por las personas, por la intimidad de las personas, que es un poco creo el motor del por qué hago las películas, porque siempre termino queriendo saber por qué la gente hace lo que hace, qué hay detrás del misterio de muchas cosas que no son racionales. Entre eso la familia encaja muy bien, porque nos condiciona mucho como personas y nos acompaña siempre a lo largo de toda la vida. Siento que la película me ha reafirmado en eso, que como creadora era importante. Esa visión o ese motor que tenía, otra gente también lo comparte, también ha conectado, también tiene ese interés, esa curiosidad, también se emociona por las mismas cosas. Me ha hecho ser como más entusiasta también, más valiente, por ejemplo, al poner en valor el hecho de escribir desde lo vulnerable. Ahora estoy más cómoda diciéndolo porque ha salido bien, porque ha habido esa conexión con otras personas, pero cuando estás metida en tu casa, en soledad, apostando por ir a sitios que te son un poco claroscuros, grises, dolorosos, hay un poco de miedo. 

Cinco lobitos es una película que ha conectado mucho con la gente. ¿Por qué crees que ha ocurrido?

Sí, en ese sentido la película ha sido un regalo de verdad. La gente ha conectado muchísimo, siento que desde sitios distintos. Creo que una de las cosas así más en general por las que ha conectado es por la honestidad. Como espectador o espectadora te puedes ver más o menos reflejado, puedes conectar con más o menos cosas, pero creo que el público sí ha percibido como una vocación hacia algo muy honesto, vulnerable de verdad, de alejarse de clichés, de fórmulas. Y eso lo ha recibido muy bien porque hacía que la emoción fuera más genuina, creo, de lo que pasaba en la película, entre los actores, entre las actrices, en las cosas que estaban escritas. Esa honestidad yo creo que ha sido una de las claves. 

¿Qué te ha transmitido el público sobre la película? 

Me han llegado de un montón de madres que se habían sentido muy invisibilizadas, que habían sentido que sus historias no se habían contado, que no tenían valor o peso y de repente habían visto que alguien lo ponía ahí. Eso me ha llegado mucho. Las historias se repetían mucho. Hablando de cosas concretas, muchos «tú no lo sabes, pero has contado mi historia». Me acuerdo de una señora de sesenta y cinco años o por ahí. Ella se identificaba mucho con el personaje de Amaia y me dijo «yo he sido Amaia y no lo he podido contar». Eso me parece muy bonito. Y luego, también ha sido precioso muchas mujeres, pero también hombres, que habían pasado la experiencia de cuidar a alguien enfermo, ya fuera una abuela, una madre, y habían conectado muchísimo con la película también. Porque nunca habían visto, por ejemplo, cosas que me han dicho, el tema de los cuidados retratado así. Me acuerdo un chico muy joven de veintiocho años que me lo dijo. Ha sido como ver también que no es solo el tema de la familia o de poner en valor el rol de la mujer en torno al tema de los cuidados sino simplemente, a veces, la soledad del cuidador. La soledad de la gente que cuida. 

El cine como consuelo.

Sí, el cine para mí es un refugio, algo que te acompaña. Me ha acompañado en muchas cosas, me ha hecho entender muchas cosas y sentirme menos sola. Y creo que en ese sentido la película también, seguramente porque uno intenta emular el cine que le ha emocionado, he sentido que la película ha acompañado a mucha gente. 

De las once las nominaciones a los Goya por Cinco lobitos, os hicisteis con tres. Mejor actriz protagonista, mejor actriz de reparto y mejor dirección novel. ¿Cómo fue irse a dormir esa noche?

Fue una sensación preciosa, un poco de final de viaje, porque nosotros ya habíamos estrenado la película en festivales, en salas y fue una sensación preciosa de que a la película le había pasado lo mejor que le podía pasar. Lógicamente me hubiera hecho muchísima ilusión también los premios a Ramón y a Mikel. Pero es verdad que el hecho de que tuvieran premio Laia y Susi para mí era como que se premiaba el corazón de la película. Y fue muy especial. 

Alauda Ruiz de Azúa para Jot Down

El término novel es sinónimo de inexperto, nuevo, pero la realidad es que detrás de una primera película hay un bagaje importante, ¿no?

Es verdad que es curioso, porque la media de edad de los que llegamos a hacer una primera película no es veintiún años. Son treinta y muchos, cuarenta. Porque cuesta, es difícil levantar una primera película. Y lógicamente, si estás haciendo una primera película, es porque antes has tenido que trabajar de algo y muchas veces está relacionado. En mi caso, como el cine era un sueño, pero había que vivir de algo, pues tuve la suerte de que se me cruzó la publicidad y empecé a poder realizar publicidad, a trabajar otras cosas y durante muchos años me he ganado la vida así y seguía rodando y haciendo mis cortometrajes. Es verdad que parece que sales de la escuela de cine y de ahí a esto. Pero la realidad es que entre que terminas una escuela de cine o haces tus cortos y puedes levantar una primera película… 

En cualquier caso, creo que con lo que yo me quedaría de esta cosa de novel, del término novel, es que una primera película tiene algo especial. Es la primera vez que, por mucho que hayas rodado antes, te enfrentas a muchas cosas. Esto me acuerdo que era una cosa que me parecía muy bonita, que me dijo Laia Costa cuando me confirmó que entraba en el proyecto y que íbamos a hacer la película. Me dijo que ella muchas veces hacía primeras películas, si le gustaba lógicamente el proyecto, o el director o la directora, porque sentía que en las primeras películas siempre había algo especial, como una energía diferente. Y es verdad que te enfrentas a una primera película, y tú no sabes lo que va a pasar. Yo sentía que igual era la única película que hacía. Entonces es una energía muy, muy especial afrontar algo así. Además, no siempre se cumple, pero normalmente son películas vinculadas de alguna manera a un sitio personal, por eso ese empeño en levantarlas. La primera película es la primera vez que te enfrentas a quién eres tú como cineasta, cómo vas a obrar según qué cosas… Entonces creo que lo novel sí que tiene un poco esa…. O puede tener como ese reconocimiento de esa cosa especial, de ese momento de alguien que se enfrenta por primera vez a esas cosas. 

¿Cómo crees que se habla de la maternidad en el cine?

Ahora yo creo que afortunadamente estamos viviendo un momento donde se habla más. Es curioso, porque esto sí que lo he vivido con los lobitos, que cuando yo empecé a escribirlo me fijaba, buscaba relatos distintos en literatura, en el cine, y había unos patrones muy claros, un poco clichés. Se repetía mucho lo de la madre loca, la madre abnegada, dispuesta a todo por el amor, como muy heroína. Y había pocos grises. Pocos relatos cotidianos. Luego, en muy pocos años, en cuatro o cinco, de repente se empezó a hablar mucho, con mucho más cuestionamiento, con apuestas más arriesgadas. Ahora hay más diversidad, pero sí que ha sido una cosa de los últimos años. Creo que seguramente tiene que ver con algo generacional. Quiero decir, mi generación hemos sido madres un poco más tarde, nos hemos encontrado con este tipo de dilemas y lo estamos poniendo ahora sobre la mesa. Lógicamente todo el cambio de paradigma que estamos viviendo, de cuestionarnos prácticamente todo desde otra óptica, también. Pero creo que ahora estamos viendo que hay muchísima más diversidad en el relato, que por otro lado es absolutamente lógico, porque somos millones de mujeres, lo que era muy ingenuo era pensar que solo había dos maneras o tres de experimentar una experiencia como la maternidad.

Una de las cosas que yo tenía muy claro es que quería hablar de que se aprende a ser madre o padre. No es algo que uno sepa. Y, sobre todo, que es una experiencia compleja. Es verdad que juzgamos más duramente a las madres que a los padres. Yo me di cuenta con la película que se juzgaban muchísimo más duramente los comportamientos de Amaia y de Begoña, de cómo reaccionaban si se les caía el niño, cómo reaccionaban si podían o no podían con la rutina. Generaban mucho más debate y mucha más incomodidad. Yo creo que, bueno, igual todavía estamos en un primer momento donde nos cuesta asumir que… Hay un lugar que es muy confortable, que es pensar que las madres son perfectas, que nos quieren pese a todo, que el amor de una madre lo puede todo. Es un lugar muy cómodo para muchas cosas, para el sistema capitalista, para el patriarcado, para muchas cosas, pero no es un lugar real. Lo que hay que hacer es tratar las cosas con honestidad y con naturalidad.

Alauda Ruiz de Azúa para Jot Down

«A veces uno es feliz y no lo sabe». Esa frase de la película.

Es una frase que llega un poco reflexionando… Para mí la película tiene distintas capas. Hay una primera capa que es el gran paraguas de todo, que es esta relación madre hija y esta primera maternidad y el tema de los cuidados. Pero luego hay otra cosa que me interesaba mucho, que es el paso del tiempo, cómo nos relacionamos con el paso del tiempo y con las rutinas. Y en ese sentido, la crianza y los cuidados son muy interesantes porque implican mucha rutina, muchos días repetidos. ¿Cómo te relacionas con el tiempo cuando tienes que renunciar a cosas que te gustaría estar haciendo y cuando tus días se repiten en soledad? Es lo que hablamos muchas veces de la soledad del cuidador… Pero esto también para mí era extrapolable al hecho de cómo nos relacionamos todos con el paso del tiempo, porque al final todos de alguna manera llegamos a alguna rutina, a un momento en el que nuestra vida se convierte en una rutina elegida o no, condicionada o no, porque también esta idea de que puedes elegir exactamente lo que haces todo el rato, pues tampoco es muy… Yo no sentía que fuera muy adulta. El personaje de Begoña, que ha estado inmersa en una rutina, como persona que se ha dedicado al ámbito doméstico, a los cuidados, que ha tenido esta relación con el tiempo, de todos esos años, todos esos días dedicados al cuidado de otros, en soledad, muchas veces sin estar reconocido ni puestos en valor. ¿Cómo lidia con eso? Pues tiene que lidiar buscando estar en el momento intentando disfrutar de los buenos momentos y sabiendo que todo se convierte en rutina en algún momento. Y entonces era esta sabiduría que, a su manera, un poco brusca, lega a su hija con esa frase. Además, ocurre en un momento muy concreto, que es cuando precisamente están viendo los buenos momentos, los recuerdos bonitos, que también los hay.

Vamos a darle la vuelta. Dime una frase que no te guste nada.

Pues estas de «todo se puede con trabajo y esfuerzo». Yo creo que también está un poco en el mood Cinco lobitos. Esa cosa de que la vida juega en serio y te pone limitaciones y pasan cosas que tú no eliges y con las que no… Con las que tienes que apechugar y ya está. Y te colocan en un sitio con el que tienes que lidiar. No todo se soluciona con esfuerzo o buenas caras. No todo se puede, o no todo se puede todo el rato. Ese tipo de mensajes yo los siento poco adultos. Había una cosa cuando yo escribí el guion, que pensaba mucho, me gustaba que los personajes tomasen las decisiones que podían tomar, no las que querían tomar. O sea, acabas de ser mamá, se te complica el trabajo, tu madre se pone enferma. Tomas las decisiones que puedes tomar dentro de esas circunstancias. No es lo que quieres. Esa sensación de vida real, de que estás haciendo lo que puedes hacer. Incluso muchas veces tomas decisiones equivocadas o igual muchas veces no hay una decisión perfecta. Eso sí que lo intento reflejar en la película, porque creo que le da un poco más de sensación de realidad, de gente que está haciendo un poco lo que puede. 

Alguna anécdota sobre la película que no hayas contado.

Hay una que he contado muy poco. Y es que cambiamos la frase del final. Esto es como muy mítico del cine. La frase estuvo en el guion durante todo el proceso del rodaje hasta que llegamos a rodar a esa escena y de estas intuiciones que tienes de que no, que no era la frase. Se me ocurrió otra, allí, y se la dije a Laia. Me acuerdo de que ella se emocionó. Yo pensé aquí hay algo. «Nos vamos a casa», esa era la frase. Y me pareció bonito que al final fuese esa. Porque la película también tiene mucho que ver con lo que significa volver a casa y lo diferente que es volver a casa cuando tienes veinte, cuando tienes treinta y cinco y un niño cuando tienes treinta y cinco y tu madre está enferma, cuando no es como volver a casa. A veces vuelves a casa y ya no es tu casa.

¿Cuál era esa frase que estuvo a punto de ser y no fue?

Yo creo que lo dejo para secreto profesional [risas].

¿Qué es lo más difícil de trabajar como directora de cine? ¿La invisibilidad? Según un estudio solo el dieciocho por ciento del total de la dirección cinematográfica española la ocupan mujeres. 

Bueno, hay muchas cosas difíciles. También hay una parte de privilegiada. Con todo lo que me ha costado soy muy consciente. Estar en un sitio desde el que poder intentar levantar mis historias es un privilegio. La brecha de género obviamente es una, porque las cifras están ahí. Lo que pasa es que creo que se está cambiando. Creo que hay consciencia de eso, se están haciendo políticas. Hay todavía mucha pelea, pero estamos viendo que está cambiando. Lo que pasa es que lógicamente es una brecha grande. Va a llevar mucho tiempo, pero está cambiando. En ese sentido soy más optimista. Además, se han caído muchos falsos mitos sobre la brecha de género, ya hay directoras haciendo todo tipo de películas. Hay películas de directoras haciendo una gran taquilla… Creo que hay una cosa, y es que es difícil levantar una primera película. A nosotros nos llevo muchos años. Ahora estamos viendo como el final muy bonito del recorrido, pero hubo muchos años donde no sabíamos si lo íbamos a poder levantar o no. Siento que no debería de ser tan difícil porque al final también nos interesa que haya nuevas voces, otras miradas. Todo eso es bueno para en términos de diversidad, en términos de industria, en términos de todo. 

¿Hay una tensión entre el cine que uno quiere hacer y el que puede hacer?

Sí. A ver, yo creo que… Claro, esa tensión existe en el sentido de que la industria, lógicamente, tiende a repetir unas fórmulas y buscar unos resultados más inmediatos y grandes. Y entonces tiende a producir un determinado tipo de cine. Yo en ese sentido lo entiendo. Y aparte, claro que hace falta que se hagan… Quiero decir que haya industria, que se hagan películas con vocación comercial más mainstream por muchísimas razones: por tejido industrial, porque la gente necesita trabajar para poder levantar otros proyectos, porque también a veces es una manera de incluir de repente cosas que surgen más en los márgenes, paradigmas, noticias que cambian de repente… La industria en esto es muy, muy voraz, muy avispada y de repente cambios que se dan en cosas más independientes los aglutina y de repente llegan a más gente. Y eso también es interesante. Pero sí que es verdad que creo que cada vez es más difícil, a pesar de que vivimos una época de explosión audiovisual, levantar los proyectos más personales y esa tensión está. Tú quieres levantar tus proyectos personales y pelear por ellos y eso implica también que quieres tener una serie de libertades creativas y de asumir una serie de riesgos y eso es cada vez más difícil. Y a mí me preocupa un poco eso en el sentido de que la industria, que tiene todo ese potencial, tampoco apoye de alguna manera ese otro tipo de proyectos que igual no tienen un resultado tan inmediato, pero que sí lo pueden tener a medio largo plazo, o pueden alimentar desde otro sitio esa industria. 

¿Crees que eso va a cambiar a corto o medio plazo?

No lo sé. La verdad, no lo sé. Yo… Mira, hablábamos antes de cuando yo me crio cinematográficamente, como niña, como adolescente. Y había más cine adulto. Un cine con una vocación comercial, pero como más adulta. Un cine independiente que era indie, pero tenía una vocación más comercial. No solo estaba en festivales y en cuatro salas, sino que tenía un público. El cine de esa época, el cine independiente americano de los 90 y los 2000. De repente. Y había muchos éxitos, grandes éxitos a veces, y siento que esto está como cada vez más polarizado. Y yo creo que pasa porque igual la gente que está más en la industria, que tiene los grandes medios entienda también del beneficio de apostar por otro tipo de proyectos y que no es un beneficio tan inmediato, tan cortoplacista, pero que creativamente y a la larga, también es muy rico. 

Alauda Ruiz de Azúa para Jot Down

El 3 de marzo se estrenó en Netflix Eres tú, tu segunda película. En este caso el guion no era tuyo. ¿Cómo fue la experiencia y por qué decidiste lanzarte?

Una de las cosas que más me interesaba de hacer esto es que precisamente era como muy ajeno, una experiencia muy distinta. Yo termino de rodar Cinco lobitos, estaba terminando la postproducción, no sabíamos muy qué iba a pasar con ella y me proponen dirigir Eres tú, que es una película escrita por Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, que además tienen un universo muy distinto al mío. Muy gamberro, muy divertido. Y claro, me dio mucha curiosidad. Yo venía de una experiencia muy personal, de un drama intimista, primera película y me parecía que podía ser muy divertido salir de ahí, que creativamente era una cosa completamente distinta, que podía crecer. Yo siempre tenía una intuición, un poco ingenua, cuando veía estas comedias románticas como Annie Hall, que sentía que no solo las comedias eran muy divertidas, sino que la gente se lo tenía que pasar muy bien haciéndolas. Y me dio esa curiosidad. Me lancé y la verdad es que fue muy divertido. Lo enfocas de otra manera. Para mí era también la diversión. La diversión y el aprendizaje tenían que ver con de repente estar en un código que no era el mío personal, por decirlo así. Pero al mismo tiempo era muy divertido como directora jugar a la comedia romántica, urbana, milenial, preguntarme dónde estaba la comedia, dónde estaba lo generacional, ¿no? Como divertirme desde ahí. También era poner en marcha otros mecanismos. 

Luego creo que siempre hay una parte de los proyectos que alimentas desde algo personal, que te tiene que divertir, interesar o emocionar. Y no siempre es la misma cosa. Y a mí, por ejemplo, esta cosa de cómo lidias con la incertidumbre del amor era una cosa que yo recordaba mucho de mis 30 años, que me parecía muy divertida. Y lo jugué un poco desde ahí.

¿Has sentido presión por tener que estar a la altura de tu primera película?

Realmente no, porque ha sido un poco atípico. Porque claro, yo cuando empecé a rodar Eres tú no sabía lo que iba a pasar con Cinco lobitos, entonces yo lo hago como una oportunidad de hacer algo diferente. O sea, ojalá en mi vida tenga la oportunidad de compaginar proyectos más comerciales con intentar levantar proyectos personales. Yo no sentí la presión porque no había pasado realmente nada con Cinco lobitos a nivel de todo lo que pasó luego, de estrenar en Berlín, de ganar el Festival de Málaga, los Goya… Entonces yo lo viví desde ese sitio. Y también es gracioso porque claro, yo rodé la peli y luego prácticamente empezó como toda la gran promoción de Cinco lobitos. Entonces claro, creo que hay gente que se confundía un poco, que pensaba que había rodado la película de ‘Eres tú’ después de todo eso, pero no. Rodé Cinco lobitos, rodé Eres tú, y terminando el rodaje de la segunda yo creo que empezaba Berlín. Ahí convivieron un poquito a nivel de rodaje con lo que estaba pasando con Cinco lobitos. Claro, entonces luego cuando ya se estrena Eres tú ya había pasado mucho tiempo y ya estaba en otra cosa, ¿sabes?

Has dedicado parte de tu vida a la publicidad. ¿Hay quien, ante eso, mira por encima del hombro?

A ver, yo creo que, dentro de los compañeros y compañeras del gremio, no hay esos puritanismo. Porque hay una realidad y es que al final, claro, pues está genial intentar levantar proyectos personales, pero si tardo cinco años, y me considero afortunada en haber conseguido levantar una película, tengo que poder vivir o trabajar de algo y ¿por qué no hacer otras cosas, contar otras historias si es una manera de estar dirigiendo, de contar algo que me interesa o que me divierte y estar en activo? Además de permitirme estar escribiendo un proyecto que requiere más tiempo, por lo que sea. Entonces, yo creo que, dentro del sector, porque la mayoría lógicamente trabajan, claro, no existe ese puritanismo. Luego, ya de puertas para fuera, puede ser que igual haya un poquito de superioridad, de mirada de superioridad. Lo que pasa es que yo no lo entiendo muy bien, porque al final lo que importa son las películas. Y una película no es mejor ni peor porque su director o directora haya hecho publicidad o haya hecho antes tres películas de corte comercial o al revés. Al final lo que importa es la película. Yo, lógicamente, ahora cuando veo películas de directores y directoras, sé más de su trayectoria y de sus historias, de su filmografía. Pero yo recuerdo cuando yo me enamoré del cine, de adolescente, que yo veía las películas y no sabía nada de la vida de esa gente ni de qué habían hecho antes. Y las pelis están ahí y las pelis se quedan. Entonces bueno, pues yo creo que sí, puede que haya una cosa un poco puritana.

¿Qué es la felicidad?

La felicidad se parece mucho a que todo el mundo que quieres esté sano y a intentar estar bastante cerca de ti mismo y de lo que tú eres, de lo que tú quieres, que es algo que es muy fácil de decir, pero luego es muy difícil de conseguir. 

Dices que, desde pequeña, nunca has dejado de escribir. ¿Qué tienes ahora entre manos?

Estoy escribiendo y muy ilusionada porque además son dos proyectos distintos. No puedo contar mucho, pero sí que tengo una conexión personal muy fuerte y es lo que puedo contar. Ojalá salgan, ojalá. 

Alauda Ruiz de Azúa para Jot Down

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Un comentario

  1. Francis Cord Foppola

    Que es ser director de cine?: Tener la capacidad de engañar a alguien para que pague el rodaje de tus historias.

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