
Si sus nombres no poseyeran esa musicalidad, seguramente nunca me habría interesado por ellos. En general, me parece sano sospechar de los barones (ahí está ese retrato de Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza que pintó Lucian Freud, con esas manos grotescas, esa introspección y ese aire sórdido; o Emiliano García-Page), pero el lirismo de estos dos seguía siendo magnético, no había perdido la magia a pesar de las décadas. Supongo que hoy el truco, el gran truco, no consiste sino en retener la atención del que está al otro lado como si fuera posible petrificarle por unos instantes. De todos modos, fue un hallazgo casual: mientras buceaba en la hemeroteca en busca de otros apellidos de mayor enjundia (o eso creía entonces), di con un pequeño rectángulo en un periódico de los años 30 en el que se anunciaba un espectáculo de ilusionismo a cargo del barón Von Reinhalt en el que también actuaba Telma del Sol. Repito: el barón Von Reinhalt junto a Telma del Sol. Pruebe a decirlo en alto.
No sabía nada más sobre estas dos personas, pero sus nombres eran subyugantes, y lo primero que pensé es que podrían pertenecer a una fabulación de Eduardo Mendoza o que podrían haber actuado, alguna vez, de teloneros de Vetusta Morla. Consideré también que pudo estar en lo cierto Albus Dumbledore cuando sostuvo que las palabras eran, en su no tan humilde opinión, «nuestra más inagotable fuente de magia». Sin ninguna intención concreta, movido por la curiosidad genuina y la falta de ánimo para dedicarme a tareas más provechosas, como salvar la hostelería, busqué quiénes habían sido estas dos figuras comprometidas con el mundo del espíritu cuyos ampulosos nombres venían ahora a mí desafiando el tiempo y el espacio. Tecleé el nombre del barón y el primer resultado que arrojó Google (el verdadero arcano de nuestro tiempo) era historiaycuriosidadesdelilusionismo.blogspot.com, donde se dice:
Mago alemán, al que se lo conoció como Barón Von Reinhalt, pero en los días previos de la 2ª guerra mundial, cambió su nombre artístico a Barnum. No es seguro, pero su nombre podría haber sido Jacobo Grand. Trabajó mucho en Argentina en cines (número vivo) y teatros, y también en España. Habilidoso, sus espectáculos eran al estilo de Dante, con toneladas de equipos y 16 asistentes en escena. De acuerdo al mago y ventríloco español Claudinet (ya fallecido), radicado en Argentina, quien trabajó con Barnum, llegamos a saber acerca de rumores que aquel ilusionista alemán usaba la magia como pantalla, para realizar tareas de inteligencia a favor de su país.
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El truco del objeto escondido es más fácil de lo que parece, incluso alguien sin conocimiento de magia lo puede hacer con un mínimo entrenamiento.
El artículo promete pero el autor patina cada vez que pretende hacerse el graciosillo con sus citas de personajes actuales. Me sobran Rosalía, GªPage, Messi y demás. Reflexione, se le puede escapar un tema magnífico por la obsesión de esta revista (salvo Frabetti) por ser graciosos a toda costa. Todavía está a tiempo de arreglarlo.