Cine y TV

‘Succession’ y empuñar las heridas como cuchillos

Succession. Imagen: HBO.
Succession. Imagen: HBO.

Este artículo contiene SPOILERS

Toda la trama de Succession y los comportamientos enrevesados de los personajes se basan en el siguiente razonamiento: «[…] es mejor una mala figura de apego que ninguna. Cuando un niño tiene unos padres que  no lo cuidan o que incluso lo tratan mal, para él es tan desregulador pensar que tiene unos padres «malos» que es preferible pensar que son buenos. Si mis padres son buenos y no me cuidan o me tratan mal, ¿por qué ocurre? La lógica resulta aplastante: yo soy el que está mal […] Si me han pegado porque soy malo, para que no me vuelvan a pegar únicamente tengo que portarme bien»*.

Succession nos lo viene a decir alto y claro. En la lucha por ver quién es el sucesor de Logan, el jerarca del imperio mediático, sus cuatro hijos hacen lo mismo una y otra vez durante toda la serie: portarse bien, acceder, torcer el brazo, aceptar las imposiciones de su padre porque él es el bueno, él es el apto, es el que impone su criterio y, sin su aprobación, no hay nada, porque él siempre gana. Vemos a Kendall en la segunda temporada que, destrozado tras su viaje a Inglaterra, se ve en la humillación de retractarse de sus palabras y repite la misma frase hasta que quizás, cerrando muy fuerte los ojos y los puños, él mismo se la acabe creyendo: «La idea de mi padre era mejor». 

A veces, la base de nuestras decisiones, de nuestra personalidad y de nuestra estructura de vida se basa, sin darnos cuenta, en un problema mayor, en un conflicto profundo y lejano que se llama infancia. La claridad de mente y de afectos de una persona que tuviera una infancia feliz no puede compararse nunca con una que no. Porque una infancia feliz no significa que te llevaran de vacaciones a la playa o que nunca te faltara de nada, una infancia feliz es una en la que la criatura se sienta cuidada, querida y escuchada. Una infancia feliz es una en la que sea la protagonista de su infancia, en la que sienta que va primero y lo sabe porque la infancia es el único momento en que una relación sana se fundamenta en una estructura vertical. 

Los humanos tenemos un largo periodo de maduración, es decir, los bebés y los niños necesitan de sus progenitores para su supervivencia, se trata literalmente de una cuestión de vida o muerte porque no tienen el desarrollo suficiente para proporcionarse su propio cuidado, alimento y seguridad, son totalmente dependientes de sus figuras de cuidado para sobrevivir. Este tipo de relación en que una de las partes sostiene todo el poder de la misma se denomina relación vertical y es la única sana que debe darse entre padres y madres y sus criaturas —mientras que una relación sana entre adultos debe ser horizontal, con el mismo cuidado y responsabilidades depositado en ambas partes—. En el momento en que eso se descompensa, no solo el cuidado físico sino también la seguridad emocional, el menor tomará responsabilidades que no le corresponden y podrá sentirse abandonado y poco válido, pues para él no habrá logrado suscitar el amor en las únicas personas que conforman todo su mundo: sus padres.

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2 comentarios

  1. Maestro Ciruela

    Debe ser a causa de toda esta cochambre moral tan bien expuesta aquí, que he intentado ver esta serie dos veces desde su aparición y las dos he tirado la toalla. Lo mismo me pasó con «Billions». No sé si me animaré con ambas para una tercera intentona, aunque lo dudo bastante.

  2. Pornopulencia: creación de Hollywood para mantener a los espectadores celebrando la riqueza mórbida encapsulada por un drama familiar de nepo-babies, muy bien blindada por una trama al estilo Rey Lear. Una genialidad al nivel de Leni Riefenstahl.

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