
Esta es una historia del primer mundo que no va a sorprender a nadie porque tiene como protagonistas a un ciudadano desprotegido y a una compañía del sector financiero con sus algoritmos recién implantados a la que sus clientes le importan muy poco. Todo comienza hace unos meses, el 23/08/24, cuando devolví un recibo de American Express por ausencia vacacional (y poca previsión, es cierto); algo que en principio podría parecer un incidente menor tras ser cliente de la American Express Renfe casi desde el inicio de su puesta en marcha. Tal como se devolvió, solicité por teléfono que me volvieran a pasar el recibo y se cargó en mi cuenta bancaria el 23/09/24 con su recargo de 30€. Parecía que estaba todo en orden, pero no…
Posteriormente, me llamaron del departamento de riesgos para decirme que estaban estudiando mi contrato de crédito y que por tanto si quería que la tarjeta volviera a estar operativa (lo estaba a medias, no podía hacer compras, pero sí se pagaban cargos recurrentes anteriores) tenía que darles acceso a mi cuenta bancaria. Así comienza una experiencia frustrante que parece repetirse en muchos usuarios de American Express, una empresa que se presenta como exclusiva, pero cuya atención al cliente deja mucho que desear y que acaba rozando el acoso telefónico.
Sin ningún tipo de justificación aparente, porque ya tenían en su poder mi declaración de la renta y mi información crediticia me exigieron acceder a los movimientos de los últimos seis meses de mi cuenta personal si quería mantener la relación contractual de crédito. Esta práctica, que se escapa de cualquier normativa ética y de privacidad, me dejó sin palabras. Transigí, pensando que el proceso de conexión daría la opción de seleccionar la cuenta a la que dar acceso (como pasa cuando se conectan otros bancos) específicamente en la que está domiciliada mi nómina y los recibos de Amex; sin embargo, para mi sorpresa, eso no sucedió con lo que posiblemente di acceso a todas las cuentas en donde estoy autorizado, empresariales y personales. Al contrario que en la operativa bancaria, Amex no tiene la opción de hacer la desconexión o ver en la web a qué información han accedido. Durante un tiempo no supe nada más y siguieron haciéndose pequeños cargos recurrentes en la tarjeta.
Hasta que de repente, hace unos días, empiezo a recibir mensajes y llamadas telefónicas de una firma de abogados, de forma insistente a mi teléfono particular y profesional, contactando incluso con mis compañeros de trabajo. Cuando pude hablar con una de las personas que me llamaban, cual fue mi sorpresa al escuchar cómo me exigía que le diera mi DNI y otra información personal. Tras mi negativa a dar ningún dato (haciendo caso a la Policía en prevención de las ciberestafas) esta persona se dirigió a mí de forma extremadamente desagradable y amenazante sin yo tener ninguna constancia de qué iba el tema. Luego lo entendí todo.
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Amex da asco. Tienes lo que te mereces por haberla pedido.
Yo he tenido una experiencia similar. Me llamaron diez veces en un día por una deuda que no existía.
Esto es una práctica ya habitual,y habría que hablar sobre las empresas que llaman chorrocientas veces al día con amenazas, en tono chulesco e insultante, tratándonos de delincuentes por deudas reales o por fallos de información sobre deudas ya pagadas o inexistentes. Son como la mafia,yo por lo pronto les pido su dirección física a ver si son tan faltones en mi presencia, ni pa Dios lo hacen. Y la gente que trabaja ahí se merecen una venganza kármika en modo eternidad como escarabajo o cucaracha.
Amex tiene un servicio al cliente pésimo.