Tecnología

Espectra en la nube: modelos frontera de IA y posibles asedios digitales

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Imagen promocional de Hackers, 1995

En Regreso al futuro, Marty McFly vuela en el tiempo desde 1985 hasta 2015. En la saga Terminator también encontramos viajes en el tiempo, de 2029 a 1984 y de 2029 a 1995. Blade Runner se desarrolla en la ciudad de Los Ángeles en una fecha intermedia, en 2019, pero ni en ella ni en Blade Runner 2049 hay saltos temporales, aunque sí una lógica obsesión respecto del pasado por parte de los Nexus-6.

La ciencia ficción ha bordeado, una vez más, la realidad, o, lo que es más alarmante, le ha dado forma. En 2026, y esto ya no es parte de ninguna cinta, se han lanzado los «modelos frontera» de inteligencia artificial (frontier artificial intelligence models). OpenAI (ChatGPT) y Anthropic (Claude) han desarrollado los primeros sistemas de esta IA más avanzada, a los que probablemente se sumarán otros de diferentes compañías y nacionalidades. Ya no se habla solo de soberanía, como Juan Bodino o John Locke en su día, sino de «soberanía digital».

De la IA se habla mejor que mal, se ponderan más sus beneficios que sus riesgos, e incluso se plantea que la destrucción de empleo será moderada puesto que con su desarrollo surgirán nuevas ocupaciones.

Como en el período de entreguerras, sobre todo en su primera década, con el abrupto fin que supuso el crac bursátil de 1929, el ambiente es actualmente de optimismo y de confianza en el futuro. También aquí, según algunos, se está formando una doble burbuja, tecnológica y financiera, pero no nos separemos del camino que queremos trazar.

En toda fiesta siempre hay un «aguafiestas», como ya señaló Muñoz Molina en Todo lo que era sólido. Y, en este caso, recibe el nombre de Junta Europea de Riesgo Sistémico (JERS), que, en esencia, es el equivalente financiero a esos carteles de los aeropuertos que dicen: «Por favor, vigile sus pertenencias». No te van a defender si alguien te roba la cartera, pero cumplen la encomiable función existencial de haber levantado la mano.

La JERS publicó el 7 de julio de 2026 un aviso, con la poco tranquilizadora denominación de warning, sobre los «ciberriesgos sistémicos» derivados de los modelos frontera de IA. El riesgo de estos modelos ha pasado de «elevado» en marzo a «grave» en junio de 2026.

Si alguien tiene la entereza suficiente para leer este documento (y su informe complementario) descubrirá que no está escrito en el lenguaje técnico y neutro que es el presumiblemente habitual de los documentos redactados por los supervisores del sistema financiero. Está escrito como si el autor o autores hubieran tenido en mente a Clausewitz y a Sun Tzu al mismo tiempo, incluso a un Winston Churchill que se enfrenta a un enemigo invisible pero de un gigantesco potencial destructor.

Se habla de los atacantes, los «malos», esos hackers que trabajan por libre o a sueldo de ciertas organizaciones criminales o países, lo que nos hace pensar inevitablemente en Espectra y en James Bond, y de los defensores, los «buenos», las entidades bancarias por el momento.

También de una inaudita asimetría en favor de los atacantes en un eventual «asedio digital» —aquí lo que recordamos es Fort Apache de John Ford—, de capacidades de doble uso —civil y militar—, de uso de la IA como arma («weaponisation»), del papel de la OTAN y de un posible colapso sistémico.

La tesis central de la JERS es inquietante en su sencillez: los modelos frontera de IA han alcanzado capacidades de descubrimiento autónomo de vulnerabilidades desconocidas en sistemas operativos críticos de todo tipo de empresas y administraciones públicas, incluyendo los que sostienen la infraestructura financiera europea. Estos modelos pueden identificar brechas y ejecutar ataques a escala y velocidad muy superiores a todo lo visto hasta ahora.

Si el dinero antes era mayoritariamente físico —de ahí esos imponentes edificios bancarios, que además de muestra de poder también buscaban la preservación física de los billetes y de las monedas bajo su custodia— ahora es fundamentalmente digital, por lo que se puede ver por dónde van los tiros.

Y si los pagos también son digitales y se realizan a diario por millones, una brecha en una entidad podría afectar al conjunto (a esto le llamamos nosotros «la preservación de la estabilidad financiera», sin ánimo de complicar el comentario en exceso).

La JERS subraya que las compañías que ofrecen estos modelos han optado por programas de acceso controlado, con el fin de que no caigan en malas manos (y, creemos, que para que las buenas manos en que caigan compensen económicamente a estas compañías…). Que los «malos» accederán a esta tecnología es evidente; el mensaje es que los «buenos» deben ganar un tiempo —semanas, meses— que resultará precioso más adelante.

El mensaje de la JERS no es de rendición, sino una llamada a filas para que los defensores refuercen las murallas digitales antes de que el asedio comience de verdad. Mientras tanto, solo nos queda apurar el espeto de sardinas, disfrutar de la cerveza y, por si las moscas, no perder de vista las pertenencias.

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