
El libro, por supuesto, es mucho más extenso y contiene más historias, pero los que crecimos con los dibujos animados de Marco, aquel pobre chaval que con su mono Amedio corría mil aventuras en busca de su mamá, recordamos cada episodio de la serie con un especial cariño y hasta nos sabemos la letra de la sintonía y el título original del relato: «De los Apeninos a los Andes». Lo del cariño ya viene aparte, como el que Kundera le profesaba a las fotografías de Hitler paseándose por Praga: no le gustaba recordar a Hitler, pero le gustaba recordar su infancia.
Edmondo Mario Alberto de Amicis, autor de la popularísima obra, fue un militar, viajero, escritor y periodista italiano de la segunda mitad del siglo XIX. Autor de éxito en su época, con más de quince libros publicados, alcanzó la fama, el dinero y la inmortalidad con la colección de relatos que tituló Corazón.
Nacido en 1846, pasó por la Academia Militar de Turín a tiempo de participar como oficial en la batalla de Custoza, donde se dirimió en parte la independencia de Italia frente a su dominador austriaco. Eran años emocionantes, de Verdi, «Va, pensiero» y fervor nacionalista. Al final nacería Italia, insaciable consumidora de gobiernos y gatopardos, donde todo debe cambiar rápidamente para que todo siga igual.
Edmondo, que ya desde niño había sido un lector voraz, decidió que podía ser buena idea convertirse en escritor y envió sus primeras colaboraciones a una revista militar, que las encontró interesantes. Poco a poco, su nombre fue haciéndose más conocido y publicó en 1872 una colección de relatos que tituló Novelas.
Como la vida militar, en tiempos de paz, ya no le procuraba aventuras ni satisfacciones, dejó el ejército y se hizo corresponsal en el exterior para el periódico La Nazione. De sus experiencias en España, Inglaterra, Marruecos y Francia deja cumplido testimonio en otros tantos libros de viajes. A nosotros, el que más nos interesa es el titulado España, que narra su paso por nuestro país durante el inesperado y breve reinado de Amadeo I de Saboya, aquel intento de injertar un rey que salió como todo el mundo, incluido el pobre Amadeo, esperaba que saliese, y que mayormente dejó bonitos ejemplares numismáticos en forma de duros de plata.
Sus inquietudes sociales le impulsaron a afiliarse al Partido Socialista, por el que llegó a ser diputado a Cortes. En varias de sus novelas y artículos, denuncia la precaria situación en la que viven los emigrantes y las capas desfavorecidas de la sociedad, a las que dedicó sus principales obras, o al menos las obras que llegaron a hacerlo más famoso.
Militar de formación, periodista de oficio y predicador de vocación, falleció a los sesenta y un años en pleno apogeo de su fama. Una multitud se agolpó a lo largo de las vías férreas para acompañar el traslado de su ataúd desde la Riviera de Liguria hasta Turín, donde fue despedido por una verdadera multitud.
En cuanto a su obra de mayor relevancia popular, se trata, cómo no, de Corazón, publicada en 1886 y que se convirtió rápidamente en un best seller de la literatura infantil y juvenil. Se publicaron, en solo tres meses, cuarenta y una ediciones del libro, hasta completar un total de cien ediciones antes de tres años. Antes de que acabase el siglo, Corazón se había traducido ya a más de veinte idiomas, cosechando sus mayores éxitos en el sur de Europa, América Latina y el este de Asia, particularmente China y Japón. Se calcula que el número total de ventas acumuladas hasta la fecha ronda los quince millones de ejemplares.
¿Y de qué habla semejante fenómeno de masas?
Corazón es, ante todo, el diario de un chico de doce años que narra las experiencias de su autor durante un curso escolar. Enrico, que así se llama el protagonista, nos cuenta sus propias historias o copia para nosotros las historias mensuales del maestro. La última de estas es la archifamosa «De los Apeninos a los Andes».
Oficial y objetivamente, cabe decir que la obra resulta entrañable y conmovedora y que nos ofrece un testimonio histórico sobre la sociedad de finales del siglo XIX, tras la unificación de Italia, y sobre la vida de sus escolares. Pero por encima de todo, incluso de algunos aspectos que hoy pueden parecer algo anticuados, es un manual de valores, algo así como un catecismo laico o catálogo de lagrimitas facilonas, como puede verse por el simple procedimiento de enfrentarse al índice de los relatos diarios:
«Gesto generoso». «Los maestros». «El carbonero y el señor». «Mi madre». «Cartas de mi padre». «Mi compañero». «Los soldados». «El primero de la clase». «Los pobres». «Vanidad». «En casa del herido».
«La voluntad». «Gratitud». «Buenos propósitos». «Esperanza». «Envidia». «Una medalla bien ganada». «Soberbia». «El taller». «Muchachos ciegos». «La calle». «La pelea». «Un pequeño muerto». «Entrega de premios». «Litigio». «Rey Humberto». «Giuseppe Mazzini». «Valor civil». «Los niños raquíticos». «Sacrificio». «Garibaldi tres de junio». «El ejército». «Italia». «Gracias». «Los exámenes». «Adiós».
Y sí, es lo que parece: el diario tiene un tono moralista, como es característico, en general, de toda la producción literaria del autor, aunque no se olvida tampoco de lo didáctico, lo educativo y hasta lo patriótico. Hoy en día, y muy especialmente los que nacimos en determinada época, nos preguntamos qué extraña pulsión sádica habitaba en el pecho de estos autores, tan aficionados a crear relatos lastimeros sobre niños sufrientes (Marco, Oliver Twist, David Copperfield), animales maltratados (El bosque de Tallac, El perro de Flandes) o niñas desvalidas (Heidi, Candy Candy), pero estoy completamente seguro de que el fulgurante éxito comercial de Corazón contribuyó en buena parte a esta avalancha de empatía forzosa y pan mojado en perfume como ofrenda de exquisitez culinaria. Si de Amicis hubiese sido cocinero en vez de escritor, no dudo que hubiese preparado el cocido con hojas de rosa en vez de con berzas. Con un resultado no muy distinto al que, a nivel literario, encontramos en su obra.
En cualquier caso, haya soportado mejor o peor el paso del tiempo y el cambio de las sensibilidades, lo que no se puede negar es que se trata de un clásico mundial de la literatura infantil y juvenil, lo que puede ayudarnos a entender mejor la sociedad en la que creció su fama.
Corazón ha sido adaptado en varias ocasiones al cine y a series de televisión. Su mayor éxito audiovisual lo obtuvo a través de la serie de dibujos animados Marco, de los Apeninos a los Andes, basada en el relato del que hablamos ya arriba. La serie, creada en 1976 por Nippon Animation, fue dirigida por Isao Takahata, que luego sería cofundador del universalmente conocido Studio Ghibli.
El análisis de los motivos por los que esta obra se hizo tan popular precisamente en China y Japón daría para todo un artículo aparte, pero no nos sustraemos a apuntar que en estos dos países asiáticos se vio como una magnífica fusión de nacionalismo patriótico y filosofía confuciana, que también encajaba muy bien con los valores japoneses de la era Meiji, como la superación personal, la resiliencia y la piedad filial. Y donde los valores no encajaban del todo, se adaptaban, o se adaptaban hasta las costumbres y las anécdotas, sinizándolas al máximo, como en la primera traducción al chino, de Bao Tianxiao, de 1909, que más que una traducción es una adaptación completa hasta el punto de que era difícil imaginar que el protagonista original era un niño europeo.
Los admiradores de Corazón, que siguen siendo numerosos, afirman que sus obras mantienen un gran valor educativo al fomentar la empatía, el trato amable a los demás y la justicia social. Las críticas, sin embargo, han ido cambiando con los años y sus modismos pendulares: se ha tachado a este libro de pornografía sentimental, basura afectiva, militarismo fascista, paternalismo, machismo rampante y nacionalismo radical, entre otras cosas. El escritor contemporáneo italiano Marcello Fois, por ejemplo, lo califica como una novela utópica, puesto que, lejos de ser realista, destaca aquellos valores que la sociedad debe alcanzar, un poco a la manera de la ciencia ficción o la fantasía épica.
A pesar de todo, a día de hoy sigue formando parte de las lecturas recomendadas de educación primaria en diversos países a lo largo y ancho del mundo. En China y algunos estados asiáticos siguen incluyéndola además en la relación de obras de lectura obligatoria para secundaria. Consideran el libro un excelente transmisor de valores como la disciplina, el respeto a los padres, la lealtad y el patriotismo. En América Latina, en países como México, Colombia, Argentina y Chile, ha pasado de ser lectura obligatoria infantil en los años ochenta a simple recomendación en la actualidad. En Italia ha pasado de lectura obligatoria a simple objeto de estudio histórico. En el resto de Europa ya ni siquiera aparece actualmente como lectura recomendada para educación primaria.
En nuestro país se puede encontrar con facilidad en la web, en bibliotecas o a la venta en librerías. La última edición publicada, que sepamos, es de mayo de 2025, de Ediciones Espuela de Plata, bajo el título Corazón. Historia de un niño, con la traducción de Juan González y prólogo de María Ángeles Robles. Están todavía disponibles otras publicaciones anteriores en Editorial Akal y Verbum Editorial.
Y por cierto: si algún nostálgico piensa leerse el libro para recuperar su infancia, o se lo piensa leer a alguno de sus hijos, seguramente pase un buen rato, pero se llevará un buen chasco buscando a aquel mono Amedio, que fue creación de los productores de los dibujos animados pero no estaba en el libro original.
Y es que las desgracias vendían desde siempre, pero los monos no. Ojo al detalle.






