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Guillermo Ortiz: El Eurobasket de Pau Gasol

España llegó al Mundobasket de 2006 sin haber ganado jamás un gran torneo internacional: sí, había conseguido varias platas europeas y una gloriosa plata olímpica en una competición devaluada por la ausencia de la URSS, pero el triunfo en aquel Mundial no solo marcó un antes y un después en la estadística sino que satisfizo a un país necesitado de ídolos: ese mismo año, la selección de fútbol volvía a fracasar en Alemania, y los chicos de baloncesto, con su juventud, su espectáculo, su solidaridad… eran los nuevos héroes nacionales.

Para rematar la faena, el Europeo de 2007 se celebraba en España. La devoción había llegado hasta el punto de que Pepu Hernández, el seleccionador, encadenaba charlas de motivación para empresas y particulares como un nuevo gurú. La selección de ba-lon-ces-to era el espejo en el que mirarse, no solo los demás deportes, sino el país entero, dispuesto a celebrar el oro europeo como un año atrás había celebrado el mundial: procesiones por la Castellana, discursos en Plaza de Castilla.

Aquel fue el primer verano de giras infinitas. Durante un mes y pico, España se paseó por todo el país con mascotas, Toro XL, animadores enloquecidos y una euforia desmedida, mezclada además con miles de compromisos comerciales que dificultaban mucho los entrenamientos.

Pepu tenía un cabreo importante y no se cansó de decirlo a quien quisiera oírlo: así no se prepara un Europeo. Además, la lesión de Garbajosa y su recuperación casi obligada y apurando plazos parecía dificultar la cohesión del equipo. Se hablaba de todo menos de baloncesto pero… ¿a quién le importaba? La superioridad de España parecía tan grande, tan indiscutible… todos los partidos de preparación habían acabado con unas diferencias tan marcadas a favor que nadie dudaba de que aquello sería una exhibición como la que Yugoslavia se dio en su casa en 1989, los tiempos de Petrovic, Kukoc, Divac y Radja, entre otros.

El comienzo de la competición dio la razón a los optimistas: dos victorias muy contundentes ante Portugal y Letonia, dejándose llevar en los últimos cuartos… El primer disgusto llegó ante Croacia, con un triple imposible de Marko Tomas en el último segundo. Aquella era la primera derrota de Pepu como seleccionador y se vio como un despiste necesario para recargar las pilas, huir de euforias… Pau Gasol, solemne, afirmó: “Croacia ha tenido mucha suerte. No ganará ni un partido más en todo el Europeo”. Sonaba arrogante, escocido, pero no iba desencaminado: solo ganarían un encuentro, ante Francia, para quedar sextos.

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