Deportes

Cuando «el Diablo» Chiappucci quiso ser Fausto Coppi

Claudio Chiappucci. Foto: Cordon Press.
Claudio Chiappucci. Foto: Cordon Press.

Yo les voy a contar esto como nos lo contaron. Lo voy a contar como si no supiera que el doctor Conconi hacía pruebas con el Carrera para sus análisis de detección de EPO, como si no supiera que el propio Indurain pasaba religiosamente por su consulta, como si no supiera que Cecchini, Ferrari y Fuentes estaban prestos para coger el relevo del viejo profesor y no hubiera leído los análisis de la Universidad de Ferrara rescatados por la fiscalía italiana. Se lo voy a contar como se cuentan dos amigos la noche de ayer, sabiendo que no todos los gatos son pardos, pero que si el recuerdo no mejora la realidad quedémonos de momento con el recuerdo, con la épica, con la nostalgia.

Quedémonos con Claudio Chiappucci, a sus veintinueve años, subiendo Iseran en solitario, a chepazos, mientras los tifosi, que probablemente no le esperaban a él sino a Bugno, le animan a gritos y le echan agua por encima del sudor. Aún no está aquel hombre con barba que se pondrá una capa y un tridente para perseguir a los ciclistas pero está ya «el Diablo», así, en español, el apodo con el que conocían a Chiappucci en Sudamérica al principio de su carrera, aquellos años en los que la fama no era sino un sueño.

Chiappucci en los Alpes, rumbo a casa, a Italia, haciendo la carrera trizas. Por detrás, Bugno está inquieto y el Banesto tira sin mucha convicción, como si aquello no fuera más que un juego de niños. Tarde o temprano, el loco caerá. Lleva ya setenta kilómetros escapado y le quedan ciento veinticinco a meta. Atrás ha dejado a sus compañeros de escapada, el último Richard Virenque, porque no hacían sino lastrarle en la fuga. Ha atacado en el primer puerto, el modesto Saisies, en busca de los puntos de la montaña y una vez arriba, ¿para qué parar?

Igual que el año anterior en el Tourmalet, aquel ataque suicida que le acabaría dando el Tour a Indurain, Chiappucci tiene la virtud de no mirar atrás y así va haciendo hueco: un minuto, dos minutos, luego tres… a mitad de ascensión del coloso alpino, la diferencia roza los cuatro minutos y es el maillot amarillo virtual, más aún después del hundimiento del líder, Pascal Lino, quien después de diez días tendrá que dejar las portadas de L´Equipe a algún otro.

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17 comentarios

  1. Gran lectura que, por un momento, me ha devuelto a las siestas de verano cuando con diez años empecé a disfrutar del ciclismo.
    Hay que meter alguna mamada o guarrada de este tipo en el artículo que no hay comentarios y el de Amarma lleva tropecientos.

  2. Pfff mi ídolo de pequeño. No se muy bien decirte porque, yo creo que por el apodo de diablo y más después de ver al tipo que iba con el tridente. Recuerdo las tardes de verano en casa de mis abuelos viendo el Tour y con ansia por ver si atacaba o ganaba una etapa.

  3. La épica en estado puro. Lástima que los corredores de su especie se extinguieran hace tiempo. Atacaba subiendo, bajando, en llano… Probablemente sabía que no tenía nada que hacer contra Induraín, pero su insistencia y combatividad nos dieron grandes tardes de ciclismo. Gracias por aquellas tardes Claudio. Gracias Diablo.

  4. Aquella etapa de Sestrieres y la del día siguiente, en Alpe D’Huez, fueron durísimas. El propio Indurain reconoció que le dio una buena pájara subiendo a Sestrieres.Suerte que ese bajón le vino relativamente cerca de la meta. La escapada de Chiappucci aquel día fue impresionante, pero en la siguiente etapa Miguel lo marcó en corto y no le dio opciones. Recuerdo que ganó la etapa Andy Hampsten, que llegó escapado al pie de Alpe D’Huez con Franco Vona (segundo ese día y en Sestrieres), Jesús Montoya y otros dos. Aquel Tour del 92 tuvo muy pocas etapas de alta montaña, prácticamente fueron sólo esas dos, pero qué par de etapas.

  5. Gran artículo, felicidades.

    Aunque suene mal decirlo, hay veces que pienso que el ciclismo era mucho más bonito y espectacular cuando todos estaban puestos hasta las cejas.

    Te lanzo una idea: la contrarreloj de Bergerac del Tour del 94.

  6. Veo mucho nostálgico, sí, no sin razón (en parte). Esa etapa tenía más o menos los mismos km que la suma de las dos etapas alpinas de La Toussuire y Alpe d’Huez del pasado fin de semana. ¿Vamos hacia una vueltización del Tour?
    Lo único bueno es que el Tour (y en cierta medida las otras GV también) ha asumido que no hay que esperar a que llegue la segunda semana para que empiece la batalla. Me parece un acierto lo de fomentar la guerra desde el minuto 1 con etapas trampa de pavé, media montaña, etc, como hemos tenido estos últimos años. Nada más coñazo que aquellos Tour de los 90 con etapa prólogo y una primera semana irrelevante para escapadas y sprints.
    Veo también un creciente interés del Tour por aprovechar los recorridos (y creciente e imparable tirón, a Dios Gracias) de las Clásicas de primavera, para esa primera semana: etapa en Valkenburg (2006), etapa en Lieja (2012), etapa en Huy (2015), etapas en Holanda y UK buscando el mal tiempo (2014, 2015), etc.

  7. El próximo artículo se lo dedicas a Amstrong, a Ben Jhonson y para finalizar haces uno sobre la vida de Griffit o Marion Jones.
    Más te valdría denunciar el doping y no ensalzar a unos deportistas tramposos que no son ejemplo de nada.
    Ya basta de presentar a este indivuduo como ejemplo de ciclista. Hay que decirlo bien alto iba hasta las cejas de EPO.

  8. Qué grande Chiapucci !!!! Ni era el mejor escalador, ni bien contra-relojista, pero fue el único que puso ligeramente nervioso al gran Indurain en los Tours que ganó.

    Aun recuerdo una etapa no sé si en Pirineos o Alpes donde provoco con una ataque que Indurain, Giani Bugno y él mismo, recorrieran en trío solitario más de 100 kms con varios puertos de por medio.

    Valiente, mucho, Chiapucci. Grande.

    Muy bueno el artículo.

  9. A ver cuándo hacéis en JD un artículo sobre el mayor FRAUDE del deporte español: Miguel Induráin, la antítesis de Merckx. Gracias

  10. Que grande EL DIABLO, me da igual si iba puesto o no, en aquella época el que más y el que menos, algo llevaba, pero su carácter valiente y su forma de correr no te lo da ninguna sustancia dopante.
    Sabía que quizás no tenía ninguna posibilidad contra el Gigante Navarro, pero prefería morir matando o al menos intentarlo. CHAPEAU!!!

  11. Pingback: El diablo Chiappucci y aquella mítica subida a Sestrières | curatool

  12. Señores, ya basta: Miguel Induráin es un MITO, no solo del deporte, sino de la España de los 90. Ya basta de implicarle en casos de doping cuando NI UNA SOLA VEZ ha habido el más mínimo indicio. Esta España nuestra (que idolatra a ciclistas mediocres como Chiapucci) es así.
    Chiapucci sólo tuvo un par de tardes de gloria. En varios Tours y dos Giros frente al navarro (a razón de 22-23 etapas cada uno), Induráin literalmente lo machacó subiendo, bajando y contra el crono. Vamos a dejarnos ya de tonterías por una mera anécdota (una etapa en la que el Diablo ganó más por desfallecimiento del navarro que por sus propios méritos).
    Saludos cordiales.

  13. Pingback: Cómo acabar de una vez por todas con las preguntas sobre dopaje - Jot Down Cultural Magazine

  14. Miguel Silva

    Cuando leo esta clase de historias llego al éxtasis; pero de vuelta a la realidad me dan casi que ganas de llorar de la tristeza con el ciclismo actual que nos toca ver.
    Solo no estoy de acuerdo con algo en este artículo: se tiende a satanizar a Luigi Cecchini, cuando varios de sus pupilos dicen que a él no le llamaba la atención aquello del dopaje ni que los estimulaba a practicarlo.

  15. ¿El segundo en sestriere no fue Zenon Jaskula?

  16. Pingback: Pantani, Berzin, Indurain y el Giro de nuestras vidas

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