Cine y TV

Javier Giner: El dolor, esa sensación obscena (y otras recomendaciones)

la piel que habito 2011 banderas anaya

Harto como me siento (supongo que les pasa a muchos) de los tiempos de corrección política y de patrocinio cultural bienpensante por parte de grandes conglomerados empresariales privados (y públicos, que tiene cojones) en los que vivimos, siempre me ha atraído la idea de escribir una novela victoriana o histórica (a lo Ildefonso Falcones) y titularla Tu coño moreno o alguna sandez semejante que despiste al personal. No hay nada que me pueda resultar más estimulante que imaginar los escaparates de La Casa del Libro plagados de copias de mi Tápate el conejo, buscavidas o De ti sólo me queda una almorrana y en cuanto me la quite, te olvido. De verdad. La cosa es que allá por junio, llevaba ya tiempo jugueteando con la idea de escribir un texto realmente obsceno, muy cerdo, quinqui y divertido. Algo que supurase verdadero mal gusto (que no mala educación ni griterío tertuliano, eso es otra cosa). Hablo de un compendio de letras revulsivamente ordinarias a la par que exquisitamente elitistas. El verdadero mal gusto ha sido siempre, para mí, un ARTE (sí, en mayúsculas). Suelo dejarme empapar (mi personalidad dista mucho de estar fortificada contra homenajes) por las películas que veo o por mis lecturas (también por confidencias sin ropa a altas horas de la noche) y, a comienzos de verano, andaba yo despiporrao de la risa inmerso en el Majareta de John Waters (que ahora rescata Anagrama): una colección de textos desternillantes, libérrimos y refrescantes de la mano del Pope del trash. Eufórico y algo revuelto ante semejante despliegue de acidez y verborrea, quería, mientras leía las barbaridades cómicas perpetradas por el primer Waters (hablo del Waters de comienzos de los ochenta, que escribía en Rolling Stone, al que aún le permitían los ocurrentes excesos antes de ser relegado al olvido por la “falta de financiación”), escribir algo realmente asqueroso, taleguero, rompedor, iconoclasta, heavy, incómodo, escatológico, tronchante. Desgranando sus historietas de proyecciones de Female Trouble en penales de mala muerte, sus listas de cosas que odia y que ama (verdaderos manifiestos pop ineludibles para cualquier amante del medio), sus porno-entrevistas a actrices de duodécima categoría, sólo pensaba en emularle, teñirme de mala hostia, cultura de vertedero y conseguir parir algo parecido: un texto que se pudiera leer a carcajadas heladas, con crisis de histeria y deseoso de que no termine. Una barrabasada de altura que nunca pudiese dejar leer a mi madre y que me hiciese sentir heredero de la máxima condena en el infierno. Una nueva vuelta de tuerca al underground, si es que eso es posible con lo manoseado que lo tenemos ya. Por ejemplo: una diatriba de la colección de amantes inexistentes de mi verano, salpicado todo con descripciones sodomitas de comedia de quinta o escarceos sexuales con amazonas a lo Kathy Bates en cárceles del extrarradio o un estudio de las válvulas de escape ante la presión de los mercados del ojete de Zapatero o mis aventuras lisérgicas intentando conseguir las subvenciones del Ministerio de Cultura, a lo Berlanga con un toque de Tinto Brass y mucho Kenneth Anger (al referirme a los funcionarios y funcionarias). Algo así.

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5 comentarios

  1. jajajjajajajajajjajajajjajajajajja Me flipa. Me he reído bien a gusto leyendo este artículo. Y el tío parece que sabe de lo que habla. Qué ganas de hincarle el diente a «Majareta» y ver la de Almodóvar.

  2. Con este texto, el que se masturba mentalmente al leerlo soy yo, orgásmico.

  3. GRACIAS.

  4. Como siempre un texto excelente. Muy grande, Javier Giner.

  5. Me encanta la manera de escribir de éste tío. Tienes Twitter Javier?

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