Sociedad

Miedo en un planeta de verano

miedo bodysnatchers
La invasión de los ladrones de cuerpos, 1956. Imagen: Allied Artists Pictures.

El verano no es verano sin su ración de alarmas. Los ladrones de pisos han quedado para los anuncios de alarmas electrónicas. Lo que de verdad nos atemoriza a los ciudadanos y ciudadanas son las amenazas que echan en la tele para que nos alarmemos. Un verano fueron unos perros que atacaron a varias personas y sembraron el debate sobre la pertinencia o no de vivir en casa con determinado tipo de animales, cuya convivencia con el ser humano podía derivar en lesiones incompatibles con la vida. Otra temporada estival llegaron las motos de agua para sembrar el terror entre los bañistas, entre ruidos de motor y las carcajadas de los forajidos que las accionaban. Siempre han estado ahí las olas de calor, los incendios pavorosos y las riadas en campings establecidos en el lecho de una antigua corriente fluvial. Ahora disfrutamos de alarmas sobre fenómenos recientes como el balconing, el botelloning, las medusas y las algas asesinas. Por no hablar de los grandes miedos, los de categoría extra, que siempre eclosionan en verano. Las pandemias de virus transmitido por avispa, mosquito o mono mutante, y las drogas que transforman al consumidor en un caníbal o vampiro-ghoul-zombi. Si ninguna de las anteriores genera la suficiente alarma, es decir, que no dan para reportaje en el telediario y una serie de debates con politólogos, expertos en alguna cosa y famosos para rellenar la tele por la mañana, siempre quedará el socorrido asteroide gigante que se espera nos caiga encima por la fiesta de la patrona o ya la definitiva invasión del planeta por parte de una raza extraterrestre. Entremedias, quizá alguna situación chusca en Gibraltar o islote cercano.

Cuando la crisis económica (esta última que tan buena ha salido), las alarmas se sofisticaron una barbaridad. Era normal que los ciudadanos y ciudadanas discutiésemos sobre mosquitos y drogas asesinas, pero no tanto sobre el aumento exponencial de la prima de riesgo. Más que nada, porque hasta entonces no teníamos ni idea de lo que era tal cosa. Allá por el verano del 2012 los españoles y las españolas, incluso algunos niños, incluimos en la conversación conceptos como «superar los nueve mil  puntos», «la inestabilidad de los mercados» e «intervención al alza», que era un poco como discutir sobre la trayectoria de los meteoritos a nivel usuario, pero más chic. De repente, el país se vio embargado por el eufórico y catastrofista «pánico bursátil». Como si todos y todas tuviésemos un importante número de paquetes de inversión o nos creyésemos brokers, igual que ese tipo de nombre raro que hace deporte extremo, se tatúa e invierte mucho, espejo en el que todo español y española que echa la bonoloto quiere reflejarse. Tanto se emplearon los medios en amenazarnos con el apocalipsis financiero que quien más y quien menos, pues oye, al final, vio peligrar su fortuna.

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7 comentarios

  1. Este artículo…. ¡¡ Exprópiese !!

  2. Ahora vamos y le decimos a los padres y madres de algunas víctimas de Niza o París que no sean alarmistas.

    En cuanto a Podemos, ellos mismos son los que se han fusionado con el Partido Comunista, que son los que controlan IU desde Anguita. Y son los que constantemente nos alarman de que Franco está presente con el PP, y que hay que cambiarlo todo, hasta el nombre de las calles, y si hace falta para ello insultar o amenazar a gente en una manifestación pacífica, se hace.

    Sobre la crítica a la tecnología, aquello que ha hecho subir la esperanza de vida en decenas de años en tan sólo un par de siglos, mejor ni comento.

  3. Es que hay que cambiar el nombre de las calles, de algunas calles, no por miedo, no por pánico, no por alarmismo, por respeto y por decencia. Y si, los herederos del franquismo están ahí, gracias a juramentos y ataduras, riéndose de la mayoría de nosotros en nuestra puta cara.

    • A ver si lo he entendido bien (perdón de antemano porque, aunque nací ya con la democracia, no me tocó estudiar Educación para la Ciudadanía):

      Cosas de la izquierda: respeto, decencia…

      Cosas de la derecha: alarmismo, herederos de Franco…

      ¿voy bien?

      • Cosas de España, nada de derecha o de izquierda. Si me toca ir a la plaza con el nombre de aquel que mandó asesinar a algún que otro familiar mío, qué menos que le cambien el nombre a esa plaza una vez llegada la democracia, ojo que no es cosa de España, sino de sentido común y decencia. Pero ese razonamiento parece valer poco a algunos.

        Sobre el articulo, una segunda leída no vendría mal a alguno antes de hacer el ridículo, aunque sea un ridículo anónimo (la crítica a la tecnología no significa que haya sido el mal, por favor que polarización mas mediocre).
        Este artículo habla del miedo y de como se articula en las sociedades modernas para crear histeria y visceralidad, que son contrarios al ideal de democracia racional donde si algo no funciona los ciudadanos lo pueden cambiar a voluntad, donde se explora e investiga para intentar mejorar la sociedad.

        Pero que sabré yo, si aquí los programas electorales ni se leen ni se cumplen, si se vota a un partido como se es del Real Madrid o del Barcelona (para toda la vida, oiga) y si los debates políticos se parecen más al Chiringuito de jugones y auqellos que deben esclarecer el panorama en su búsqueda de la verdad sólo ofertan el placebo que los lectores les exigen (los míos son los buenos, los suyos los malos) y que a ellos mismos les hace maximizar los beneficios, en fin, «GÜELCOME TO DE MEDIOCRACIA» cuyo motor es el miedo.

        Salud!

  4. Señores, que Largo Caballero, el mayor revolucionario del siglo xx en España, tenga una calle o plaza en Madrid (creo), y no se diga nada…

    Si hay sopa, que haya para todos (yo abogo por esto, si me preguntan).

    • Don Pimpón

      Digo yo Carlitos, lo del sentido del humor y la ironía en el artículo como que no lo has captado no?
      Tanta mala baba no es buena y tal…

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