Cine y TV

Los muertos de Disney

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Blancanieves y los siete enanitos, 1937. Walt Disney Pictures.

La vigesimosegunda temporada de Los Simpsons contenía un episodio titulado «Homer manostijeras» que desarrollaba dos tramas bastante diferenciadas: la historia principal narraba la recién descubierta maña de Homer para la peluquería, mientras que en una trama secundaria se nos mostraba a Milhouse viviendo su existencia a tope tras una importante revelación. Lo más interesante es que el personaje decidía disfrutar sin freno de la vida tras adquirir conciencia de la propia muerte, y lo más simpático era descubrir que el detonante de aquel memento mori y su posterior crisis existencial había sido Buscando a Nemo, la película de Pixar distribuida por Disney.

La genial ocurrencia del guion se basaba en insinuar que todos los padres ponen a rodar el DVD de Buscando a Nemo a partir del capítulo dos para no hacer añicos las almas sensibles de sus hijos. Porque Buscando a Nemo arrancaba con un pez (Marlin) perdiendo a su mujer y a varios centenares de huevos tras el ataque de una barracuda hambrienta, una matanza subacuática de la que tan solo lograba escapar el huevo que contenía al Nemo del título, y todo aquello sucedía antes siquiera de que asomasen los títulos de crédito iniciales.

En el episodio de Los Simpsons, Milhouse veía por accidente la película desde el primer capítulo y deducía que si hasta el dibujo animado de un pez podía palmarla sin previo aviso, la muerte era algo que podría ocurrir a cualquiera en cualquier momento. Se trataba de un razonamiento que se antojaba más gracioso cuando uno se paraba a pensar que era otro dibujo animado el que había masticado dicha conclusión. En un momento dado, el personaje también comentaba la existencia del prólogo a un Bart incrédulo que reconocía haber vivido ajeno a la existencia de aquel capítulo uno. Lo singular de todo esto es cómo a los guionistas les había llamado la atención la supuesta disonancia que producía aquella escena introductoria en Buscando a Nemo, porque evidenciaba que la percepción común de la gente siempre ha sido creer que la tragedia de un fallecimiento estaba totalmente fuera de lugar en una película para todos los públicos, y en este caso en un film destinado directamente a los más pequeños. Parecía que la muerte era algo tan grave como para no merecer un hueco en una película animada, que un padre enviudando y perdiendo a casi su toda su descendencia era algo que otros padres preferirían que sus hijos no viesen. Como si la muerte alguna vez hubiese sido ajena a Disney.

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11 comentarios

  1. Sólo añadir a este entretenido artículo las divertidas torturas a personajes secundarios como Albatros Airlines, en Los Rescatadores, al que carbonizan pasándolo por el motor de la moto de agua de Madame Medusa; a Sebastián el cangrejo de La Sirenita, que se libra por los pelos de la cazuela; a Zazú, el pájaro mayordomo Real de El Rey León, que lo aplasta una rinoceronta al son de «Quiero ser el rey León»; el rayo con el que Zeus fríe a Filóctetes en Hércules; entre los que me acuerdo en este momento.

  2. Desde hace tiempo, desde que soy padre, le doy vueltas a las muertes de los progenitores en estas películas.
    Y antes de que se me eche todo el mundo encima quiero aclarar que voy a hablar de niños muy pequeños 3, 4 y 5 años.
    ¿De verdad es tan difícil emocionar a un niño? Normalmente no les cuesta dejarse llevar por la trama por simple que sea ni empatizar con los protagonistas ¿es necesario entonces destrozar sus defensas emocionales para arrastrarlos con la historia?
    El viaje de Arlo, por mucha clase que tenga Pixar me parece paradigmático: el chico dinosaurio no tenía bastante con la separación de su familia y sus propios complejos, era necesario acabar con su padre aunque esa muerte no aporte nada a la película.

    • A mí a esa edad que se muriera un personaje ni me mataba defensas ni nada, y eso que no iba hasta arriba de actimel como los niños de ahora. Precisamente cuando más me han emocionado las muertes de personajes han sido de mayor, yo era la chica de 4 años que se pasaba aburrida la muerte de la madre de Bambi esperando que aparecieran los personajes divertidos como Tambor; y ahora no puedo ver Up sin llorar antes de que pase un cuarto de hora de película.
      A veces volcamos lo que sentimos los mayores en lo que deben sentir los niños, que están acostumbrados a personajes que desaparecen o mueren en sus cuentos sin empatizar tanto con ellos.

      • El filete era mío

        Muy bien, iane. «Destrozar sus defensas emocionales», por Dios, Iwoky, te has pasado un poco. Si fuera como dices, tendríamos a los niños aislados en urnas para que no se vieran traumatizados. Porque luego viene el primer día de clase, y el matón de la idem, y tener que sobrevivir a todo eso y a lo que vendrá después sí que es terrible. Los cuentos son cuentos, y los niños entienden y asumen cosas que a nosotros nos parecen tremebundas.

  3. Jorgen Boris

    «(…)abrazarse a una gárgola facilitó la aceleración en caída libre del Frollo de El jorobado de Notre Dame(…)» ¿Abrazarse a una gárgola acelera la caída? ¿No demostró Galileo que no tiene nada que ver el peso?

  4. Pingback: Los muertos de Disney

  5. María Teresa Gallego Urrutia

    Vamos a ver.. en lo tocante a lo cuentos populares de toda la vida contados al amor de la lumbre durante siglos (Blanca Nieves sin ir más lejos y la Cenicienta, por poner sólo dos ejemplos), Disney ni puso ni quitó. El cuento ya existía de antes y se limitó a llevarlo a la pantalla. Y ya explicó muy bien Bruno Bettelheim por qué eran así los cuentos tradicionales.
    En cuanto a las adaptaciones de libros, como Bambi, Pinocho, El libro de la selva, pues lo mismo… Esas circunstancias no las puso Disney de su cosecha, estaban en los libros de Salten, Collidi, Kipling…

    • Totalmente de acuerdo, el autor del artículo atribuye innovación a algo que no lo es en absoluto. Grande, Bettelheim, lo recomiendo aunque no se tengan hijos.

  6. Si es que la gente se ha muerto siempre. Y de repente, sin avisar. Y lógicamente la gente lo metía en sus historias. En esos cuentos que les contaba a los niños para socializarlos.
    Claro que hoy en día mola más hacerles creer que no se muere nadie, y que a los malos con enviarlos al psicólogo esta todo arreglado (el lobo acababa haciéndose amigo de los cerditos en una versión de una colección publicada con un periódico hace unos años). La rision…..

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