Que Zeus me libre de parecerme a Sostres, pero me toca defender a Berlusconi. Y todo, porque esa mezcla de Mussolini de góndola, Alvaro Vitalli y viejo verde en la parada del 53 ha sentenciado que “Angela Merkel es un culo mantecoso e infollable”. Inapelable.
El titular tiene su innegable gracia y un noto sentido de la fórmula. Pero no se trata aquí de zurrarle a las prusianas caderas de la Merkel, no. La frase fue recogida en las escuchas telefónicas ordenadas por los magistrados que intentan empurar a Berlusconi (cuatro procesos judiciales en curso, tres prescripciones, dos amnistías, siete absoluciones, siete acusaciones archivadas) y se filtró a la prensa. Ya conocimos a todas las aspirantes a furcia de lujo a las que se cepilló. Ahora también sabemos que a Merkel la tiraría del bunga bunga. Como si fuera una noticia.
Italia se mesó los cabellos. ¿Cómo puede un primer ministro decir cosas semejantes? Oh, ¿qué queda del galantuomo itálico?, ¿qué hay de la corrección política?, ¿hasta dónde llegará Berlusconi? La verdad, yo digo cosas mucho peores casi todos los días. Por ejemplo, cuando hablo del propio Berlusconi. Un putero hasta las trancas de Viagra que con suerte será condenado por extorsión de menores y terminará pajeándose en una celda con páginas arrancadas de las revistas de mierda que él mismo edita. Un mequetrefe relacionado con la mafia a través de su mano derecha Marcello dell’Utri, senador y condenado por colusión con Cosa Nostra. Un millonetti que empleó como mozo de cuadras en su finca de Arcore a Vittorio Mangano, noto miembro de la famiglia palermitana de Porta Nuova y su referente en aquellos años en el norte de Italia. Un cabaretero del soborno y el tráfico de influencias. Un personaje oscuro que nunca ha podido explicar de dónde salió el puzzolente caudal de dinero para construir su primer imperio inmobiliario, Milano Due. Un cáncer para la democracia. La peor estofa del populismo catódico. Un bochorno para los simposios de cirugía estética, con ese pelo rígido como de muñeca de Famosa, esa capa de maquillaje digna de la momia embalsamada de Lenin, esa papada succionada con saña, como el granizado de un crío. E incluso una pestilente influencia para la sociedad española con sus televisiones construidas a base de culos mucho mejor delineados que el de la Merkel, de eso no hay duda…
Pero ahora resulta que nos untamos de moralina y en una conversación privada no se puede hablar del culo empotrado de la Merkel, lo diga Berlusconi, Nacho Vidal o Dirk Nowitzki. Tenemos que saberlo todo de todos. Es el virus wikileaks aplicado a los susurros. Lo llaman transparencia y sólo es chismorreo. Ahora hemos sabido que a Gadafi le ponía como una moto el rollo ama castigadora de Condoleezza Rice. Normal. ¿Se imaginan lo que dirán los mandatarios que se entrevistan con un chiflado caribeño con galones como Chávez? ¿O los comentarios tras cruzarse con una belleza con trenzas como la ex primera ministra ucraniana Yulia Timoshenko y su rollo Princesa Leia?
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Si cada uno puede decir lo que quiera en una conversación privada, ¿por qué descalificas a Sostres por lo de los «coñitos tiernos»?
No lo descalifico. Pido que no se me compare con él. No sólo por lo de los coñitos tiernos, que también (que diga lo que quiera no implica estar de acuerdo), sino por su acérrima defensa pública de Berlusconi
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