Arte y Letras

Bailar después de Fidel

2016 10 18T150212Z 17185994
Estudiantes del Ballet Nacional de Cuba, 2016. Fotografía: Cordon.

«La vida es más lenta aquí que en Gilmore Girls». En los pasillos del viejo palacete del paseo del Prado de La Habana, los aspirantes a bailarines esperan entre ensayo y ensayo apoyados en la balaustrada y pegados a sus pantallas del móvil. Tienen suerte las nuevas generaciones, desde 2008 está permitido tener un teléfono propio en la isla, aunque no esperen verles viendo un vídeo tras otro en YouTube: la red de wifi pública, legal desde hace menos de dos años, aquí no está disponible.

Aun así ellos perciben mejor que nadie que el mundo gira más rápido de lo que lo hacen ellos sobre sus puntas de ballet, y eso que no saben que el mero hecho de que puedan repetir cada día sus coreografías es casi un milagro. Mientras las grandes compañías de ballet de Rusia, Europa o China ven reducirse sus subsidios públicos en favor de patrocinios privados con dudosos intereses, bailar en Cuba ha sido siempre una cuestión de Estado. Al menos, hasta ahora.

El ballet constituye, sin duda alguna, una de las más elevadas y hermosas manifestaciones artísticas, que cuenta ya con tradición en nuestro país debido al esfuerzo realizado por instituciones privadas, principalmente el Ballet de Cuba que, a través de largos años de paciente y tesonera labor ha logrado mantener el culto y la afición por la danza, alcanzando su primerísima figura, la eximia ballerina Alicia Alonso, notables triunfos que honran a nuestra patria.

Era 20 de mayo de 1960, y con esta afirmación que suena un poco a NO-DO y a Radio Rebelde a la vez, el entonces primer ministro de Cuba, Fidel Castro, firmaba con su puño y letra la Ley 812, que garantizaba el futuro del ballet cubano y reconocía su honrosa labor en favor de la cultura nacional. El «futuro», claro, se medía en centenas de dólares de financiación, el usufructo de espacios históricos, un extensísimo programa educativo y un festival anual que atraería cada año a lo mejor de la escena mundial.

Al otro lado del escenario, deslizándose sobre él como si otra ley, la ley de la gravedad, hubiera sido recientemente derogada, Alicia Alonso, o Giselle, veían firmarse el acuerdo que uniría sus vidas por el resto de los años. Alicia llevaba entonces ya dos décadas sobre las puntas del personaje basado en la obra de Heinrich Heine. La misma Giselle que le llevó a ocupar las portadas de la prensa neoyorquina como nueva figura estrella del ballet americano, el American Theatre Ballet de Nueva York (ABT), la llevaba ahora de vuelta a su Cuba natal para construir desde los cimientos su sueño: una compañía de ballet nacional, una escuela y un movimiento cubano con los que haría historia en el mundo de la danza.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

3 comentarios

  1. Pingback: Bailar después de Fidel – Jot Down Cultural Magazine | BRASIL S.A

  2. Una maravilla. Algo increíble: sitiados política, cultural y económicamente, lograron una excelencia, una creatividad y una sensibilidad supremas; sus métodos ultraexigentes, su calidad y una visión romántica, deliciosa y permeable a las nuevas corrientes, su amor por la cultura, su talento no tienen equivalencia. Lo único preocupante es si lograrán sobrevivir a los altibajos y quiebros y desastres propios de toda evolución.

  3. ¡Gracias!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*