
1-metil-4-fenil-1,2,3,6-tetrahidropiridina, más comúnmente llamado MPTP. Una pequeña molécula, muy pequeña. Una molécula de tan solo veintiocho átomos.
Bahía de San Francisco, California
Agosto de 1976
Barry Kidston. Veintitrés años. Estudiante de ciencias químicas de la Universidad de Stanford. Trastea en su garaje a escondidas de sus padres. Empezó a tomar drogas a los catorce. Desde marihuana hasta barbitúricos, pasando por anfetaminas, benzodiacepinas y opiáceos. Es un consumidor habitual. Rara vez aguanta más de una semana sin meterse algo.
Ha probado muchas sustancias y se ha gastado un dineral en camellos. Así que decide sintetizar su propia droga. Sus conocimientos de química orgánica se lo permiten. Trabaja concienzudamente para sintetizar MPPP, un opiáceo similar a la heroína. Lleva semanas haciéndolo en el laboratorio clandestino que ha montado en el garaje. Produce con esmero las cantidades necesarias para sus viajes. Se inyecta la droga en la vena. Repite el proceso cada poco tiempo, cada vez que necesita un chute, algo que lo evada de la vida de mierda que lleva. Hoy no tiene por qué ser diferente.
Noviembre de 1976
Barry cada vez tiene más urgencia en consumir MPPP. Necesita un pinchazo cuanto antes, si no se volverá loco. Sigue los pasos aprendidos durante los últimos meses, con premura, con una urgencia desmedida, mientras las gotas frías de sudor se deslizan por su frente. Sabe que la reacción química se acelera con la temperatura. Tardará menos en disponer de la droga si el proceso supera los treinta grados. Trabaja duro. Acaba la síntesis. Por fin.
Repite otra vez el ritual. Prepara la jeringa. Carga la sustancia. Busca la vena en su brazo. Introduce lentamente la aguja, mientras aprieta los dientes, y una pequeña gota de sangre contamina el líquido blanquecino que rellena el cilindro. En unos minutos todo habrá pasado. Suspira aliviado. En breve estará lejos, muy lejos, sobrevolando verdes praderas bajo el cielo claro.
Pero con el calor la frágil molécula se rompe. Cualquier químico orgánico lo hubiera podido deducir. La reacción cambia. Barry ya no obtiene MPPP, sino una molécula derivada de tan solo doce átomos de carbono, solo quince de hidrógeno, y uno solo de nitrógeno. Veintiocho átomos, en resumen.
Han pasado tres días. El viaje terminó hace tiempo. Pero Barry sigue en el mismo sitio. Y ahora sabe que algo no ha ido bien. Sus movimientos son lentos, muy lentos. Su cuerpo no responde. No puede caminar. Tampoco puede hablar. Tiembla. Su expresión facial está congelada. Su cuerpo inerte no responde a su cerebro, que permanece encendido. Pasan las horas malditas, infinitas.
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Un artículo sobre química orgánica que se lee como un relato policíaco. Mi enhorabuena al autor.
Muy buen artículo. La verdad es que el mundo de la química tiene muchas historias, y esta, está muy bien contada.
Muy bueno