
29 de enero de 2017. Open Australia. Final. Roger Federer – Rafa Nadal (6:4, 3:6, 6:1, 3:6, 2:3, 40:A)
En la pista Rod Laver juegan el número nueve y el número diecisiete del mundo. En principio, se podría hablar de una final descafeinada, sin prestigio… solo que es justamente al contrario. Frente a frente, seis años después de su última final de Grand Slam, se enfrentan los dos mejores jugadores de la historia con permiso del propio Rod Laver. Ambos vienen de un año horrible, plagado de lesiones. Nadal decidió terminar su temporada en octubre y Federer apareció en Australia sin competir oficialmente desde julio.
Contra todo pronóstico, cuando los dos superan la treintena, han conseguido imponerse a los Dimitrov, Wawrinka o Nishikori de turno y se han aprovechado del agotamiento de Andy Murray y Novak Djokovic, fundidos tras un 2016 extenuante. Están en la final y después de tres horas el guion parece el mismo que el de tantas otras ocasiones: inicio fulgurante de Federer, resistencia de Nadal, desconexión mental del suizo y quinto set con break arriba para el español.
Pocos apostarían en su contra llegado este momento: es el trigésimo quinto partido entre ellos y Nadal ha ganado veintitrés de los treinta y cuatro anteriores, incluida la final de 2009 en esta misma pista, también en cinco sets.
De hecho, Federer parece moralmente abatido y Nadal sigue jugando como una máquina: más ofensivo que otros años, igual de concentrado y limitando al máximo los errores no forzados. El 3-1 a favor del mallorquín parece una losa porque a estas alturas eso no se remonta con juego, se remonta con fe y ya sabemos que Federer siempre ha andado justo de fe en estos partidos. Con todo, el suizo salva su servicio, se coloca 3-2 y empieza a inquietar el de su rival desde el primer punto. Su táctica tiene un toque innovador aunque en realidad es un proceso que lleva desarrollándose varios años: adelantarse un par de pasos en el resto y no echarse nunca hacia atrás durante el peloteo. Eso tiene sus ventajas: ni siquiera un atleta como Nadal es capaz de aguantar un ritmo así… pero también tiene sus inconvenientes: Federer se «come» la bola en demasiadas ocasiones y Rafa se ha acostumbrado a sacarle al cuerpo, donde el margen de reacción es más limitado.
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Gran articulo. Me permito una mínima corrección y es que creo la asistencia en el segundo gol de Cristiano en la final de la Champions la dio Luka Modric.
El centro para el 3-1 fue de Modric
Son momentos importantes del año sin duda, pero la final del eurobasket no fue Doncic el jugador clave, de hecho se lesionó. Es muy bueno, un auténtico crack, eso sin discusión, pero el periodismo » madridista » hace por colgar medallas al chaval, que todavía no ha ganado. La final del eurobasket fue de Dragic, y cuando se acabo el fuelle de Dragic fueron Randolph y Prepelic los que salvaron a los eslovenos, con el bueno de Doncic en el banquillo por lesión.
El artículo lo cuenta tal como comenté pero el titular le da a Doncic el brillo que merece habitualmente pero que no tuvo el día de la final.
Bueno, es que el artículo no se ciñe solamente a la final sino que desgrana un poco el campeonato de Eslovenia y la manera en que llegó a ese último partido del Eurobasket. Como bien dices, la final se analiza correctamente resaltando la importancia de Dragic, Randolph y Prepelic.
Pero Doncic, es, junto a Federer, el personaje deportivo de 2017. Hay que resaltar al esloveno desde su mayor logro colectivo del año, aunque precisamente ese día no fuese su día más brillante.
Un saludo.
Doncic y Asensio han hecho unos grandes años en sus equipos este último año, yo personalmente añadiría a Lidia Valentín que se ha comido el año, literalmente.
Muy bueno, pero os habéis dejado motogp y el momento deportista más loco del año que fue la carrera de Valencia. La que lió Márquez
Siempre tirando la puya del dopaje al ciclismo.
El día que en este país se entienda el ciclismo como algo más que las 3 grandes nos irá mejor. Y el día que se nos deje de tratar a todos como idiotas, nos irá mejor aun. Con la de cosas que ha habido este año en el ciclismo (Gilbert ganando heróicamente en Flandes, el tercer mundial de Sagan, la despedida de Contador, la primavera imperial de Valverde, Van Avermaet reinando en las clásicas de las piedras, LA RETIRADA DEL MITO BOONEN) quedarse en el momento parón del neerlandés es un poco insultante para los aficionados de este deporte. Nada nuevo, por otra parte.