
Soy pecadora. Pecadora dentro de lo normal, tampoco voy a hacerles ahora una confesión pormenorizada, pero échenle imaginación. Y como pecadora del montón nunca está de más tener un as en la manga. Este viejo truco que quiero compartir hoy con ustedes además nos llevará a uno de los lugares más bellos del país. Les ofrezco la indulgencia plenaria en un lugar donde, además de perdonarse nuestros pecados, se elaboran deliciosos quesos y orujos, miel y un estupendo cocido de garbanzos finos y sabrosos.
Con motivo del Año Jubilar Lebaniego vamos a visitar esta comarca de valles profundos y montañas gigantes, paredes de roca y estrechos desfiladeros. Un lugar casi cerrado donde se gestó la fe y la cultura en la lejana Alta Edad Media española. Un lugar de Cantabria al que casi es más fácil acceder desde la vecina Asturias. Aprovechen, pecadores, esta magnífica oferta.
La llegada a Liébana es casi mágica. Tras el pueblo de La Hermida aparece el desfiladero del mismo nombre que ha ido tallando el Deva durante milenios. Paredes de roca caliza de hasta seiscientos metros nos escoltarán como vigías gigantes entre las serpenteantes curvas. Y el Deva abajo, cada vez más abajo. Este es el único paso desde la costa cántabra hacia Liébana. La Liébana que, a pesar de tener el Cantábrico tan cerca, disfruta de un clima mediterráneo. Esta es nuestra puerta, una puerta diríase de cuento, a un lugar en el que las montañas hacen de muralla natural. A pesar del aislamiento, Liébana ha estado habitada desde el Paleolítico como así lo atestiguan diversos yacimientos. Más tarde llegaría la cultura megalítica, las tribus cántabras y los romanos, protagonistas de la larga guerra que tantos quebraderos de cabeza dio al emperador Augusto. Pero el momento álgido en la historia de Liébana se da allá por el siglo VIII, cuando la comarca recibe, según las crónicas de la época, a gentes y monjes del sur de la Península que buscan refugio de los sarracenos. Es a partir de este momento cuando Liébana se convertirá en un foco cultural de la cristiandad y cuando el territorio lebaniego se estructurará y nacerán pueblos y aldeas al calor de los eremitorios, cenobios y monasterios. De aquella frenética actividad de la fe quedan algunos recuerdos y lugares que merece la pena visitar y que nos ayudarán a entender esta comarca.
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Sus artículos son siempre una gozada y ya hemos seguido sus consejos más de un fin de semana.
Escriba más a menudo.
Cordiales saludos.
Muchas gracias, Miguel, por tus comentarios. Lo más importante es que os animéis a visitar esos maravillosos lugares.
Hay un error «en 1078, cuando las monjas dejan Piasca para fundar el monasterio de San Pedro de Dueñas, en Palencia.» es en realidad en la provincia de León. El monasterio de San Pedro de las Dueñas se encuentra a escasos 5 km de la localidad de Sahagún.
Mil gracias, Julio. ¿Puede creer que lo repasé una y mil veces y no vi ese error tremendo? Me temo que estoy obligada a volver a hacer el camino de nuevo para purgar el pecado, aunque no sé si tiene perdón. De nuevo, gracias por el aviso.
En la guerra civil el monasterio fue destruido en parte por el bando republicano, así como otros templos cristianos cántabros. También intentaron robarse las reliquias, incluído el Lignum Crucis, cosa que sucedió con el propio de Caravaca de la Cruz. Que ya me dirás tú para qué quieres unas reliquias si no eres creyente. Y si no eres creyente para qué quieres destruirlas si crees que son mentira. Y si son mentira para qué quieres destruirlas si pueden hacer otras igual de falsas cuando quieran.
Llegar a Lebeña por el Camino Lebaniego es tan duro como bello. Exige remontar serpenteando cuestas muy pindias a través un infinito -para lo bueno y para lo malo- bosque húmedo y fresco. Esta debe ser uno de las pocas provincias del mundo donde se le pone nombre de pila a una nube porque de cuando en cuando puedes encontrar una suspendida junto a un macizo de granito, inmutable ella como si estuviera esperando a que Goku la convocara.
(Si bien los salones de Casa Cayo son muy agradables, yo me tomaría el cocido lebaniego de El Oso en Cosgaya y las copas en Potes, junto al estanco de la calle encinas si hay concierto).
Infinito agradecimiento a la Jot Down por estas cosas tan maravillosas de la Sra. Castellanos que nos echa de tiempo en tiempo. Este de hoy de Liébana le ha quedado perfecto, vamos, para entrar a vivir. Cenobios, iglesias mozárabes, cegueras guadianéscas, monstruos de siete cabezas y cocido lebaniego. ¿Quién da más?
Gracias, Parmenio.
Estupendo artículo Silvia, pero nunca jamás se debe de decir La Liébana. Siempre Liébana, sin el artículo. No hacerlo así, además de sonar muy raro, es para los lebaniegos casi una ofensa. Reitero la felicitación.
Gracias por su artículo.
Me gustaría incidir un poco en Santa María de Lebeña. Efectivamente el sitio es espectacular, tiene…aura. Bellísimo el entorno, bellísima la iglesia…Yo conocí el tejo vivo en mi primera visita, y lo encontré muerto en la segunda.
Y en las dos escuché sonrisa en boca las explicaciones de la guía, que en verdad es absolutamente adorable. Una de esas voces que se te clavan en la memoria.
A buen seguro he de volver.