Deportes

La versión deportiva de las treinta monedas de plata

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Luis Figo, Liga 98-99. Fotografía: Cordon.

Las treinta monedas de plata de Judas, junto con las presuntas veintitrés puñaladas a Julio César, son tal vez los mayores ejemplos históricos de uno de los pecados más fotogénicos: la traición, que se presenta como un drama en dos actos para el espectador. En un primer momento, cuando la traición en sí ya se ha producido pero aún no se ha descubierto el pastel, la única víctima parece ser la conciencia del traidor… si es que la tiene: hay abundante bibliografía y hemeroteca tendenciosa que se posiciona de forma clara al respecto. Pero cuando sale a la luz la vil verdad, siempre hay algún afectado que se siente dolorosamente engañado (cuando no crucificado o apuñalado). Si además el facineroso traidor es tu amante o un deportista carismático de tu equipo favorito, el futuro solo te ofrece dos alternativas plausibles: inmolarte a lo bonzo en la puerta de una tienda Apple abrazado a una caja de doce botellas de cerveza con zumo de limón como delirante gesto de repulsa absoluta al statu quo, o aceptar que las cosas son así y seguir adelante con tu vida rumiando bilis como el que mastica almendras amargas. En estos casos, siempre reconforta repetir como un mantra joyas de nuestro refranero: «Hay más peces en el mar. Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. A todo cerdo le llega su San Martín… o su Camp Nou».

Blancos, llorones, pagad los sesenta millones

Dentro de la traición en el ámbito deportivo es posible diferenciar dos vertientes. Empecemos por la primera: cuando ciertos deportistas abandonan su equipo de toda la vida y los aficionados se sienten traicionados. El ejemplo paradigmático tiene, como ya supondrán, al futbolista Luis Figo como protagonista. No es novedad que Fútbol Club Barcelona y Real Madrid intercambien jugadores como si fueran hermanos gemelos que comparten ropa. La mayoría de casos de estas características se produjeron sin pena ni gloria, mientras que solo unos pocos fueron tomados por ciertos sectores de la afición como una afrenta personal. Bernd Schuster tuvo que salir escoltado por la policía tras su primer partido en el Camp Nou por un inocente detalle: dar la vuelta de honor con la Supercopa vistiendo la camiseta blanca. Este podría entenderse como un caso especial puesto que el temperamental alemán acabó su relación con los culés como el rosario de la aurora, brindando duras declaraciones, escupiendo en el té de Núñez cuando este no miraba y cosas así. No obstante, con un carácter menos volcánico y unos modales tan exquisitos como su juego sobre el césped, Michael Laudrup tampoco fue acogido con hospitalidad precisamente en su primer partido del siglo con la camiseta del rival puesto que fue abucheado sin compasión.

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8 comentarios

  1. Zapatones de Hortaleza

    En este artículo falta el traidor superlativo, Hugo Sánchez.

  2. Con respecto al fútbol, estas son nimiedades que no empañarán su alto destino educativo y democrático. Es la única empresa pública con sueldos dignos a la cual, para acceder es prohibido, y además vergonzoso, ser recomendado, o amigo de un amigo: sólo ahí se realiza la utópica meritocracia. No quiero ni puedo desmerecer los demás entretenimientos, también amo el ajedrez, pero con el único espectáculo en el cual rejuvenezco es con un picado de cinco contra cinco. Con el ajedrez, no. Me siento más sabio, pero inevitablemente más viejo al final de cada partida. Gracias por recordármelo.

  3. Félix Lombao

    Que me perdone el autor, pero el artículo es un poco flojo. Ha habido, hay y habrá «traidores» de todo tipo pelaje y condición en todos los deportes de equipo y en todos los países del mundo. Sin ir más lejos, Hugo Sánchez levantó una fenomenal polvareda cuando pasó del Atlético de Madrid al Real Madrid; la contratación de Luis Milla por parte del Real Madrid motivó no pocos cabreos en la Ciudad Condal y el traspaso de Rivaldo del Deportivo de la Coruña al Barcelona el último día para inscribir jugadores en la Champions League es todavía recordado hoy en A Coruña cuando han pasado más de 20 años.
    En el baloncesto patrio se recuerda el famoso «Montero, te pesa el monedero» que cantaban los aficionados verdinegros cuando el jugador emblema de la «Penya» se marchó al Barcelona y ya, para terminar, déjenme recordar a Bill Walton que cuando se fue de Portland a San Diego en 1980, tampocó sentó nada bien en su primer equipo.

  4. A ver para cuándo somos capaces de superar esta concepción latina del fútbol y el deporte general. Confundimos la profesionalidad con la lealtad por unos colores y luego vienen estos chascos… que claro, dan para escribir incluso décadas después.

  5. Julio Amador

    Por què fue tan odiado Mijatovic en Valencia si se fue al Real Madrid a a ganar títulos y dinero?. Es algo que aún no entiendo no sé si algún valencianista puede explicar porqué se enfadaron tanto por aquello, si hubo algún motivo más que no se hizo eco. Lo digo sin acritud.

  6. Resulta muy curioso que se critique a terceros por lo mismo que haríamos todos los mortales en nuestras ocupaciones profesionales: si nos pagan más dinero o si nos ofrecen un proyecto profesional más convincente que en el que estamos, nos largamos sin dudarlo.

    Lanzo esta pregunta a cada aficionado que pueda leer este comentario, analice usted la plantilla del equipo de sus amores y piense cuál de ellos siente de verdad los colores, por cuál de ellos pondría las manos en el fuego… ¿Uno, dos como mucho, es posible que ninguno?

    El fútbol dejo de ser un negocio hace tiempo, y un deporte no digamos. Es una multinacional global donde lo único que importa es la audiencia, la rentabilidad, los balances positivos y que el dinero fluya, hacia arriba por supuesto. ¿Figo, Rivaldo, Luis Enrique, Ronaldo…? Por favor….

  7. Orenga lo que hizo fue volver al Madrid. Era de la cantera madridista.

  8. carlos chavez

    Hola, interesante articulo, como aporte digo que falta el traidor numero 1 del futbol chileno, que se fue de la Universidad de Chile, en tiempos de crisis, a jugar a Colo Colo, este traidor malnacido se llama Patricio Yanez, ahora es un mediocre comentarista de futbol.

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