Arte y Letras Historia

Aquellos turistas

oie dMelDa6RPQnmPO
Torremolinos, Málaga, 1961.  Archivo Fotográfico de la Dirección General de Turismo (1951-1992) / Biblioteca de la Facultad de Empresa y Gestión Pública Universidad de Zaragoza (CC)

En la Smart 21 contábamos en el artículo «Neurosis playeras» sobre la accidentada llegada del biquini a las playas españolas que Adolfo Suárez, para acercarse al Opus Dei a principios de los sesenta, llevaba a gala un encuentro que tuvo con una turista extranjera en Peñíscola, que no fue precisamente sexual. Como relataron Gregorio Morán y César Coca, Suárez paseaba por la playa cuando encontró a la mujer tomando el sol en biquini. El joven político se acercó a ella, tuvo una conversación de unos minutos tras la cual la turista anunció su intención de convertirse al catolicismo. Suárez había dicho en un discurso en Ávila que había que «demostrar a Cristo que aún no se ha extinguido la raza bravía que en otros tiempos conquistó mundos para Dios». Aquí conquistó una señora en su toalla.

Sin embargo, el que luego fuera a ser primer presidente del gobierno de la democracia metió estas historias en un cajoncito y se olvidó de ellas, lo mismo que los turistas extranjeros, lejos de convertirse al catolicismo como supuestamente hizo esta señora, lo que hicieron fue cambiar España. Según Ángel Viñas, la llegada de extranjeros generó entre las nuevas generaciones de españoles «un deseo insaciable de vivir como en Europa». La Guerra Civil había reducido al mínimo la llegada de extranjeros a España reduciéndola a unos quince mil anuales.

Para empezar, los turistas hicieron saltar por los aires las estrictas normas morales. Jugándose la excomunión, Pedro Zaragoza Orts, alcalde de Benidorm, acudió a Madrid a pedirle al caudillo en persona que se hiciera la vista gorda en sus playas. La legislación de 1958 prohibía el bañador dos piezas y el que era legal lo era solo dentro del agua. Fuera había que llevar albornoz. Se permitió el bañador, pero nunca en la calle. El Diario Ya, sin embargo, no picaba: «Aun dentro del amplio margen de tolerancia que se tiene con el turismo extranjero, existen límites que no deben rebasarse, no permitiéndose excesos llevados a cabo por una minoría, reñidos con las sanas costumbres españolas, aunque tolerados muchas veces por dueños y empleados de establecimientos que viven de los que nos visitan».

Pero las autoridades tragaron. Entre la pela y la única religión verdadera eligieron la pela sin dudarlo demasiado. En La vida cotidiana bajo el régimen franquista de Rafael Abella se dan unas cifras que explican la magnitud del negocio: seis millones de visitantes en 1960, diez millones en 1961, dieciséis millones en 1966 y treinta y cuatro y medio en 1974. España aumentaba su población un 50% durante el verano. Ya en 1950, con las primeras llegadas, el obispo de Barcelona, Madrego Casaus, pronunció estas palabras citadas en Los años del NODO (Destino, 2008)

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Un comentario

  1. Y ahora, ya ven, las hijas y nietas de esas mismas españolas cada vez hacen menos topless.

    ¿Será porque son más pudibundas, o porque no les gusta que las miren pero tipo de «turistas»?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*