Música

¿Fue un crítico de rock el mejor escritor estadounidense de su generación?

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Lester Bangs y Brent Alberts. Fotografía: Tom Hill / Getty.

No podría calcular el inmenso efecto que dicha cuestión, enunciada por Greil Marcus en su prólogo a la primera antología de la obra dispersa de Lester Bangs, tuvo en el joven e ilusionado comentarista musical que era yo a finales de los ochenta. Sugería que la vocación por transmitir la pasión que uno sentía por el rock podía ir más allá del simple oficio en nómina de una revista especializada, del trato con promotores de discográficas y organizadores de conciertos, de una labor periodística realizada con mayor o menor libertad ante el chantaje de las campañas publicitarias y el rencor de los fans de un ídolo vapuleado. De hecho, podía ser tarea creativa en sí misma, llevada a cabo con estilo además de eficacia, complementaria de la obra reseñada o el artista entrevistado, una tribuna de expresión que tendiese puentes entre los distintos ámbitos —musicales pero asimismo sociológicos, culturales, psicológicos, políticos, espirituales— afectados y vinculados por la aparición en los años sesenta de los Beatles y Bob Dylan. Esas distintas facetas que ellos habían manejado a su antojo para imaginar y materializar una utopía, quizás irrealizable, dieron paso a un mundo nuevo. Hace ya mucho que aquella centralidad del rock se desvaneció y esta música es otro elemento del orbe virtual, simple mercancía o vergonzante placebo. Un género, que fue actitud ante la vida, sobrevive hoy en la emulación de su etapa de máximo esplendor, sin apenas incidencia en quienes la escuchan más allá del escapismo hedonista o la vana idolatría.

Me pregunto a menudo qué pensaría de todo ello Lester Bangs, fallecido en 1982 por una sobredosis accidental de jarabe para la tos y calmantes mientras padecía una gripe, tras una vida de excesos en sintonía con la de los grupos y artistas con los que convivió de un modo que hoy sería impensable: acceso directo propiciado por una industria que tenía en la entonces influyente prensa musical un potente recurso promocional, centenares de miles de lectores cuyas compras de discos dependían de la opinión de sus críticos favoritos, y el poder que todo ello devengaba a la hora de elevar o destronar a un músico, acosarlo cual feroz fiscal de su disfrazada humanidad por muy famoso que fuese.

Si en vida Bangs había polarizado a la afición con su prosa exultante y disparatada, emocionante y reflexiva, impermeable a los requisitos periodísticos o la corrección política, su muerte le consagró como icono generacional. Ramones y R.E.M. le mencionan en sus canciones, Philip Seymour-Hoffman le interpretó en la película de Cameron Crowe Casi famosos, y David Foster Wallace no solo le admiraba, había adaptado el estilo literario de Bangs a su forma de hablar. Pero ¿quién fue realmente Leslie Conway Bangs? Nacido en Escondido, California, en 1948, su madre era una devota testigo de Jehová, su padre pereció en un incendio cuando Lester era niño. Una infancia extraña, pues, que iría ampliando horizontes en las lecturas de tebeos, ciencia ficción, más tarde Kerouac y Burroughs, y en el jazz de John Coltrane o Miles Davis. Estaba hecho para el rock’n’roll, y presto a pelear por una visión humanista de lo que se estaba convirtiendo en un ridículo mercadeo infestado de farsantes y tiburones.

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6 comentarios

  1. devilinside

    En mi opinión su libro Por favor, mátame, me parece quizás la mejor crónica sobre el origen del punk que he leído.

  2. Viejotrueno

    Pues pena de la literatura estadounidense de esa generación, muy mala debió de ser

  3. Me hubiera gustado saber qué pensaría lester bangs de la industria musical tal y como es ahora.

    No desaparezcáis nunca!!!

  4. David Fdez.

    Acepto que al autor le estremezca leer a Bangs, a mí en cambio me produce sopor esa prosa tan llena de recovecos, tan barroquizante y espesa… Una prosa que hay que leer dos o tres veces para asegurarse de que, si no se entendió a la primera, no fue por culpa de uno, sino del pedantesco escritor

  5. Lester Bangs fue el más famoso de los «fan-critic» de la prensa underground americana (el Creem básicamente) de los 70, y su mayor mérito fue mezclar las técnicas de flujo de conciencia y periodismo gonzo que eran los más en aquel momento, con su honesta y antigua pasión por la poesía decadentista y simbolista francesa. Suma a eso estar (puesto hasta las trancas) en el lugar adecuado en el momento justo y… bum, aparece Lester Bangs. Ni tan mal. Pero si quieres saber si el Metal Machine Music de Lou Reed es la obra de un genio incomprendido o una grandísima pifia que exigía una explicación inmediata, no se la pidas a Bangs porque no podía, no pudo, ni sabía ni supo responder a ese tipo de preguntas.
    Para aprender cosas interesantes sobre música pop leed a Simon Firth, creedme. De Reynolds ya ni hablamos, claro, porque pilla demasiado cerca… y bueno, también un poco por la sombra gélida y fúnebre que proyecta sobre todos los fan-critics de Reeds y Velvets de este país: Julià, Gonzalo, Manrique, Carrillo et al.)

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