Cine y TV

Policías polis

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Canción triste de Hill Street (1981–1987). Imagen: MTM Enterprises.

El crimen y la ficción

Desde que existe el hombre existe el crimen. En el momento en que dos personas se juntaron en el mismo lugar, al menos una de ellas acabó sintiendo el deseo de robar o matar a la otra. Y con el tiempo acabó materializándose. Es normal. No porque el crimen compense, como se encargaban de negar los cómics americanos de los cincuenta, sino porque somos humanos, no ángeles. Y tal vez sea esa —que no somos ángeles— la razón de por qué nos resulta tan fascinante el crimen.

Siempre y cuando le ocurra a otro.

Buena parte de la historia de la ficción es la historia del crimen. Incluso si obviáramos las formas más patentes, el auge de las novelas de detectives en el siglo XIX y la explosión de la novela negra a principios del XX, tendríamos una gran variedad de obras donde poner la bandera de «el primer ejemplo de ficción criminal de la historia». En Las mil y una noches ya tenemos la que podría ser una historia whodunit moderna en el relato de «Las tres manzanas», el true crime lleva existiendo al menos desde que Daniel Defoe escribió Fortunas y adversidades de la famosa Moll Flanders y a nada fino que hilemos podríamos decir que la Odisea no es otra cosa que la historia de un criminal intentando enmendar sus delitos contra los dioses. Pero si consideramos que el delito es, en resumidas cuentas, atentar contra unas normas impuestas por una autoridad superior, incluso la Epopeya de Gilgamesh sería una historia criminal. A fin de cuentas, es la historia de un hombre buscando la clave de la inmortalidad, algo que solo pertenece legítimamente a los dioses, por lo cual podríamos decir, no sin cierta sorna, que Gilgamesh no deja de ser el antiquísimo predecesor de Ocean’s Eleven.

Eso es lo que hace fascinante al crimen. Es alguien enfrentándose a la autoridad, cuestionándola, sea por beneficio propio o colectivo. Y eso nos permite, o bien identificarnos con el criminal, sintiendo la emoción del crimen sin sus riesgos, o bien identificarnos con quienes han de pararlo, sintiéndonos moralmente superiores al alinearnos del lado del bien.

En consecuencia, es lógico que la televisión, el medio popular por excelencia de nuestro tiempo, haya tratado el crimen con cierta regularidad. Incluso si nunca ha estado enamorada de los criminales, porque, como heredera natural de la radio y el folletín, siempre ha estado más interesada en la labor de quienes los perseguían. De los «buenos». Los policías que se juegan la vida para capturar a los «malos». Por eso la historia de la televisión puede leerse como la historia de cómo han evolucionado las series policiacas.

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7 comentarios

  1. Buen artículo, aunque echo de menos la que para mí es la mejor serie de policías que he visto: SouthLand.

  2. Decir que The Wire no hace una critica descarnada del trabajo policial, de la sociedad, ni de la policía como institución, es una simple muestra de que ni siquiera la has visto, si no es inexplicable. Todo lo que pones como ejemplo de buen hacer en Luther esta en The Wire y encima mucho más.

  3. Entiendo que The Wire no es una serie de policías.

    Retrata el funcionamiento del sistema de organización de una comunidad, en este caso, la ciudad de Baltimore. Uno de los aspectos del sistema, es la lucha contra el crimen, focalizado en la lucha contra el tráfico de drogas y su repercusión en la sociedad, pero no es el unico aspecto del que trata la serie. Tambien se habla de la educación, la politica, el periodismo, etc.

  4. Es de agradece la mención a Psycho-Pass, pero en mi opinión es un 1984 narrado por O’Brien. Al final da la impresión de que ése sistema, el sybil system, es el mejor, por muchos fallos que tenga.
    Al fin y al cabo, la justificación de la heroína de la serie es que si la gente desea un sistema en que la libertad de pensamiento se entregue a cambio de la seguridad personal, estará bien. Ideología que, por cierto, se parece demasiado a lo propuesto por nuestros neoconservadurismos recientes.

  5. Hay que tenerlos muy gordos para decir que The Wire no es una crítica descarnada del sistema… de todo el sistema: policías, jueces, abogados, profesores, políticos, sindicatos…

  6. Pedazo de artículo, la verdad es que es muy interesante

  7. Con la Iglesia hemos topado: The Wire.
    Metes cinco líneas casi por obligación y fallas en el diagnóstico. Completamente de acuerdo con mataclanes. Es una crítica del sistema como un todo.

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