Deportes

La demoledora historia del actor y exjugador de baloncesto Charles Maina

Una tribu en la cancha (1994). Imagen: Buena Vista Pictures.

Desde hace décadas, las universidades e institutos de los Estados Unidos peinan África en busca de talentos para sus equipos de baloncesto. Quien dice talento, dice físico y centímetros. Casi cualquier chivatazo puede justificar la inversión de un largo viaje por explotar, un poquito más, el tan exótico continente. Podemos tomar como principal referencia, por aquel 1980, el caso real del ya fallecido Manute Bol. Un cazador de leones que provenía de una tribu del Sudán, la Dinka. Bol acabó siendo jugador de baloncesto profesional, su hijo va de camino. Cuando Bol fue divisado medía 2,31 m, pero pesaba menos de 90 kilos. Dicen sus descubridores que su abuelo andaba por allí y que era más alto pero, claro, el hombre ya no estaba para muchos trotes. Bol jugó durante diez años en la NBA y causó furor por sus dimensiones, valentía y carisma. También por sus triples y tapones. Sobre todo por estos últimos, y es que el sudanés tiene el mejor promedio de tapones por minuto de la historia de la mejor liga del mundo. Entiendo que esa fue la historia que quiso trasladar el escritor y novelista Max Apple en el guion de la noventera producción hollywoodense Una tribu en la cancha (Air up there). Allí, como actor principal, habían conseguido la firma de Kevin Bacon, que venía de secundar a superestrellas en la cinta —¿me dejan decirlo así?— Algunos hombre buenos. Bacon encarnaba a Jimmy Dolan, en el papel de la típica vieja gloria del baloncesto universitario que por prematuras lesiones no probó las mieles del profesionalismo. Para seguir en el mundo de la canasta, intenta adaptarse a las esclavizadas tareas que deben asumir los entrenadores asistentes. Aquellas que poco tienen que ver con la destreza del que ha despertado pasiones encestando canastas. Dolan es un soñador con instinto, que se empeña en convencer a su universidad de que ha encontrado a un nuevo gran fenómeno baloncestístico africano. A partir de aquí, la pelota en el tejado de los productores. La piedra angular del proyecto era el personaje ‘Saleh’. El diamante en bruto a descubrir en el largometraje y en la historia que habían creado. Debían hacerse con algún chaval africano que fuera muy alto, jugara bien al baloncesto, hiciera mates espectaculares, tuviera buena planta y que fuera capaz de coprotagonizar con solvencia la película junto a todo un TOP como Bacon. Una locura.

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5 comentarios

  1. Walter nota

    Bravo. Gracias por el buen rato que he pasado leyendo el artículo. Recuerdo q fui a verla al cine ime gustó (i mira q era
    i es mala con saña).

    Que vueltas da la
    vida….

    El sueño americano golpeando de nuevo…

  2. Que historión! Gracias por la lectura.

  3. La historia bien, pero sinceramente, creo que está muuuuy estirada. No da para tanto texto, sobra un poco de paja.

  4. Lenin Bayas

    Genial, gracias por escribir este interesante artículo. Gracias por permitirnos conocer esta historia

  5. Pingback: Falleció el jugador Bienvenu Letuni, pívot africano de 224 centímetros - Basketmanía

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